
Francia se asoma a un nuevo abismo de perversión a gran escala. Después del ‘caso Pelicot’, el presunto depredador sexual Jacques Leveugle o el conocido ‘ … cirujano de las 299 violaciones’, la Justicia gala afronta la recta final de la investigación sobre Christian N., un alto funcionario del Ministerio de Cultura que supuestamente drogó con un potente diurético a 248 mujeres con el fin de observar a continuación cómo realizaban ímprobos esfuerzos para retener la orina hasta que no aguantaban más.
La estremecedora filia del acusado, que ejerció hasta su despido hace tres años en el departamento de recursos humanos del ministerio, ha dejado atónitos a investigadores y psiquiatras. Sus víctimas eran aspirantes a un trabajo, a quienes convocaba con falsas ofertas de empleo para la Administración. Durante la entrevista laboral, les servía un café o un té con el diurético diluido sin que ellas se dieran cuenta. Luego, las invitaba a continuar la conversación mientras paseaban por París. Elegía lugares como el Jardín de las Tullerías o senderos junto al Sena. Zonas donde no hubiera baños públicos demasiado próximos. A veces, las caminatas se prolongaban tres horas.
A medida que el diurético hacía efecto, Christian G. supuestamente contemplaba cómo las mujeres disimulaban, hacían esfuerzos por aguantar la orina o se les escapaban gestos de dolor cuando llegaban al límite. Algunas víctimas testificaron que no pudieron reprimir las lágrimas ante la presión en el vientre. Al final, claudicaban y él se ofrecía a buscar un rincón apartado y a taparlas con su chaqueta mientras orinaban.
Las aspirantes se marchaban posteriormente avergonzadas y la mayoría admitió que se sintió culpable de perder un empleo por sus inoportunas necesidades fisiológicas. Una declarante pensó que todo se había debido a su reciente parto. Otra sintió extrañeza, prefirió cortar la entrevista y correr hacia una cafetería, aunque no llegó a tiempo. Ninguna supo que había sido drogada con el medicamento hasta que la Policía contactó con ellas. «Primero crees que es tu culpa y luego descubres que te envenenaron», ha relatado una joven. Tampoco sospecharon que las ofertas de trabajo eran falsas. Simplemente, creyeron que el reclutador no las seleccionó tras el apurado trance. Decenas de afectadas padecieron depresión o estrés postraumático.
Las escenas de humillación son recurrentes en sus declaraciones. El funcionario las miraba fijamente a los ojos o paseaba la vista sobre ellas durante la micción. En ocasiones se las arregló para fotografiarlas a hurtadillas. La Policía descubrió numerosas evidencias en su teléfono y su ordenador. Al parecer, había confeccionado una hoja de cálculo bajo el título ‘Experimentos’. Anotaba detalles como la hora en que los efectos del diurético comenzaban a «manifestarse» y el momento del «alivio». O reseñaba que su víctima «gime», «todavía tiene que aguantar» o «el chorro era potente». Los agentes encontraron fotos de zapatos y pies femeninos salpicados en charcos de orín. Un auténtico descenso a un infierno turbador.
Años de procedimiento
La investigación no está exenta de polémica. La Policía descubrió al delirante personaje en 2018 después de ser sorprendido cuando forografiaba secretamente a compañeras del trabajo. La Justicia trata de acelerar ahora el procedimiento. Algunos especialistas consideran que el ‘caso Pelicot’, la mujer a la que su marido drogó para que otros hombres abusaran de ella, ha generado una especial sensibilidad sobre este tipo de pervertidos en el país vecino, que se ha visto sacudido en los últimos años por espeluznantes episodios de depravación sexual y violaciones en serie.
Muchas de las afectadas han criticado el escaso eco que tuvieron sus denuncias entre los policías al principio de la investigación y la tardanza del procedimiento, que podría atribuirse en parte al amplio número de víctimas que ha ido surgiendo en este tiempo. La Fiscalía ha dado treinta días de plazo para que las denunciantes puedan añadir más testimonios o se produzcan nuevas querellas de otras perjudicadas antes de cerrar la fase de investigación.
El malestar es grande, especialmente porque Christian N. sigue en libertad, según informaba este domingo ‘The Telegraph’. Tras ser expulsado del ministerio, ejerció como docente en una escuela de negocios bajo una identidad falsa. Sin embargo, fue despedido a raíz de destaparse su verdadero nombre. El periódico británico asegura que Chistian N. se jubiló recientemente. Los medios han escrutado el papel del ministerio, ya que antiguos compañeros de departamento creen que desde tiempo antes circulaban sospechas sobre las sobrecogedoras ‘aficiones’ del funcionario en su entorno.
El asunto tiene un interés jurídico más allá de indagar en una profunda perturbación que incluso tiene nombre: urolagnia, o el placer sexual ante el acto de la micción. Según las víctimas, el exfuncionario «no las tocó» ni trató de abusar físicamente de ellas, por lo que el cargo principal se fundamenta en el suministro de sustancias nocivas sin su conocimiento. Los abogados de la acusación, sin embargo, trabajan para que el tribunal le impute por violación y agresión sexual. Su objetivo consiste en demostrar que los depredadores pueden actuar de diferentes modos y que «no son excepciones», sino «personas integradas en todos los niveles». «Hay que avanzar hacia la protección integral de las mujeres» frente a «estos perfiles». Si se les puede llamar así.

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Enlace de origen : El terrorífico caso del funcionario francés que drogó con diuréticos a 248 mujeres para verlas orinar