Un documento de 23 páginas incluido entre los archivos sobre el 23-F desclasificados hoy por Moncloa detalla que los conspiradores pasaron a considerar al … rey Juan Carlos I como un objetivo «a batir y anular» tras el fracaso del golpe. Sus autores critican haber dejado al «Borbón libre» e instan a simular respeto a la Constitución solo como apariencia mientras se organiza la «próxima oportunidad». Este texto es un informe detallado de inteligencia técnica en base a un manuscrito sobre la planificación de la intentona golpisa, que recoge varios escenarios alternativos e, incluso, plantea otras operaciones en el futuro.
En el documento, que analiza «qué es lo que habrá que hacerse» tras el 23-F, los autores lamentan haber depositado la confianza en que el Rey, que por su formación militar, reconocen, acabaría aceptando un gobierno de gestión liderado por un general. Sin embargo, estos folios indican un cambio radical de estrategia y una decepción con el Monarca. Los conspiradores critican que el 23 de febrero se cometió el fallo de «dejar al Borbón libre y tratarlo con respeto institucional». Consideran, de hecho, que Juan Carlos I «ha tomado un camino suicida» al vincularse con los socialistas y el sistema parlamentario.
Entre los documentos desclasificados también se incluyen transcripciones de las conversaciones que se produjeron aquella noche. Entre ellas, algunas conocidas por los historiadores, como un fragmento de la llamada que mantuvieron a las 20.20 horas del 23-F el entonces secretario general del Rey, Sabino Fernández Campo, y el teniente coronel Tejero, que se encontraba ya en el Congreso de los Diputados. El primero le pregunta: «¿Qué pretendes? Depón tu actitud inmediatamente». Y Tejero responde que no recibe más órdenes que de Jaime Milans del Bosch, capitán general del Ejército en la Región Militar de Valencia que se sumó al golpe. El secretario insiste y «repite varias veces»: «Pero tú has invocado el nombre de S.M. el Rey, ¿por qué?, ¿por qué?». Tejero cuelga.
Croquis con la planificación del 23-F.
En otra nota del Cesid (Centro Superior de Información de la Defensa), se relatan cronológicamente los acontecimientos que tuvieron lugar aquella jornada y su madrugada posterior. La noticia del asalto al Congreso causó «impacto» en Zarzuela, el Rey y el personal de palacio lo estaban escuchando por la radio. Eran todavía las 18:22 horas del 23 de febrero de 1981.
A las 19:00 horas, el Rey recibe una llamada del general Armada, quien pretende acudir al Palacio de la Zarzuela. El monarca le ordena que continúe en su puesto en el Estado Mayor del Ejército. Minutos más tarde, Sabino Fernández Campo habla con el general Juste (Jefe de la DAC), quien pregunta si Armada está en la Zarzuela. Al confirmarle que no es así, Juste afirma: «Esto cambia totalmente la situación». Un cuarto de hora después, Juan Carlos I logra hablar con el teniente general Milans del Bosch. Este afirma estar «a las órdenes del Rey», pero pregunta si ha hablado con el general Armada.
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Es, posteriormente a estas llamadas, y cuando en Zarzuela ya se tiene constancia de la situación, cuando se decide trasminitir un mensaje televisado del Rey para clarificar su postura, contraria al golpe, ante el país. A las 20:00 horas detectan, en cambio, que la sede TVE en Prado está ocupada por una unidad del Regimiento Villaviciosa al mando del Capitán Merlo.
Veinte minutos más tarde, Fernández Campo logra hablar por teléfono con el teniente coronel Tejero en el Congreso. Este asegura que no recibe más órdenes que las de Milans del Bosch. Paralelamente, se emiten notas de la Junta de Jefes de Estado Mayor y del Consejo de Secretarios de Estado para asegurar la normalidad legal.
Pacto del capó
A medianoche, el Rey inicia la grabación del mensaje en su despacho, vestido con el uniforme de capitán general de Tierra. Una alocución que no se emitirá por TVE y radio hasta las 1:12 de la madrudagada. Inmediatamente después, el monarca ordena telefónicamente a Milans del Bosch retirar todas las unidades y ordenar a Tejero que deponga su actitud. «Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey», se envía por télex a Valencia.
Por la mañana del 24 de febrero, Zarzuela recibe noticias de que Tejero accede a rendirse bajo ciertas condiciones, la principal, que no hubiera represalias ni responsabilidades para los suboficiales, clases y tropa que habían participado en el asalto al Congreso, entre otras. Finalmente, estas condiciones desembocaron en el conocido como ‘pacto del capó’, firmado sobre el capó de un vehículo militar frente al Congreso de los Diputados, donde se formalizaron los términos de la rendición y el desalojo del hemiciclo.

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