Se hizo famoso por su ruidosa y amenazante entrada en el templo de la soberanía nacional hace casi 45 años, pistola en mano, pero ha … dicho adiós de forma silenciosa y acompañado solo de su familia. Antonio Tejero Molina, quien fuera teniente coronel de la Guardia Civil por su papel protagonista en la intentona fallida de golpe de Estado perpetrada el 23 de febrero de 1981, ha muerto este miércoles a los 93 años, el mismo día en que se han expuesto los archivos del 23-F. Precisamente los últimos años los ha pasado en la localidad de Torre del Mar, en plena Costa del Sol, de forma muy discreta y con contadas salidas públicas en lo que llevamos de siglo XXI, pero finalmente ha fallecido en la localidad valenciana de Alcira.
Con él se marcha la última cara visible entre los autores del golpe, tras las muertes del general Alfonso Armada (2013), el teniente general Jaime Milans del Bosch (1997) y el dirigente ultraderechista Juan García Carrés (1986), precisamente amigo de Antonio Tejero y el único civil condenado en los tribunales por el 23-F. Nacido el 30 de abril de 1932 en la localidad malagueña de Alhaurín el Grande, Tejero era hijo de un maestro republicano y agnóstico y de una ama de casa. Ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza en 1951, donde se formó en un ambiente fuertemente nacionalista que promulgaba el anticomunismo y el antiliberalismo, ideas que en su caso fueron particularmente exacerbadas.
Formaba parte de la I Promoción de la Guardia Civil, algo que le marcaría tanto profesional –haciendo que tuviera una carrera militar rápida, empezando como teniente en 1955- como personalmente. Fue destinado a Melilla, donde conoce a la que sería su esposa, Carmen Díez Pereira (hija de guardia civil) y con la que tendría seis hijos -uno de ellos (Antonio) llegaría a ser teniente coronel del cuerpo como su progenitor y otro sacerdote (Ramón)- que les darían 16 nietos. Su primer mando, ya como capitán, fue en 1958 al frente de la comandancia de La Cañiza (Pontevedra). Después pasaría a la de Vélez-Málaga y, ya como comandante, a la de Las Palmas (Gran Canaria), para ir después a la de Badajoz. Fueron los años más tranquilos de su carrera.
Noticias relacionadas
Al frente de las Comandancias de Vitoria y San Sebastián
Conoció de cerca los primeros movimientos de la banda terrorista ETA. Allí tendría también los primeros arrestos por aplicar su ideología a las labores profesionales
En 1974, con solo 41 años, asciende al rango de teniente coronel que mantendría ya hasta su expulsión del cuerpo. Un año más tarde, como muestra de confianza, los altos mandos le sitúan primero como alto cargo de la Guardia Civil en San Sebastián, luego como responsable de la Comandancia de Vitoria (Álava) y más tarde al frente del acuartelamiento del cuerpo en la capital guipúzcoana, por lo que conocería de cerca los primeros movimientos de la banda terrorista ETA. También allí tendría sus primeros arrestos por aplicar sus concepciones ideológicas a las labores profesionales –uno de esas disputas fue con el entonces ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa, por ordenar éste la retirada de los guardias de las localidades con más de 20.000 habitantes-, algo que se repetiría en su siguiente destino como jefe de la Comandancia de Málaga.
La ‘Operación Galaxia’, el precedente
En tierras malagueñas, además de sus diferencias con los superiores, protagonizó el primer incidente destacado de su carrera, al ordenar a sus agentes en octubre de 1977 impedir una manifestación política autorizada, lo que terminó costándole un mes de arresto. Un año más tarde, la cosa iría a mayores porque Tejero se reunía discretamente con otros mandos militares –entre ellos, el capitán de la Policía Armada Ricardo Sáenz de Ynestrillas- para diseñar la ‘Operación Galaxia’, llamada así por el nombre de la cafetería madrileña en la que se vieron. Era un anticipo de lo que llegaría cuatro años después, solo que en aquella ocasión su intención era tomar directamente el Palacio de La Moncloa –que tenía ya como inquilino a Adolfo Suárez- con varias unidades de la Guardia Civil dirigidas por él mismo. Finalmente fue descubierto antes de ejecutar sus planes, procesado y condenado a siete meses de cárcel, tiempo que uso para meditar en lo que había fallado en sus planes y empezar a pensar en un nuevo proyecto golpista que desembocaría en el 23-F-.
El Congreso, rodeado la noche del 23 de febrero de 1981 por militares y policías mientras Tejero retenía dentro a los diputados.
EFE
En la mañana de aquel día de febrero de 1981 -en que se iba a votar la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD) tras la dimisión de Suárez- Antonio Tejero entraba uniformado en el Congreso e irrumpía en el pleno al grito de «quieto todo el mundo», gritando casi acto seguido a diputados, ujieres y periodistas que se echaran «al suelo». Fueron apenas 30 segundos donde se pasó de la sorpresa al miedo sin solución de continuidad, con el propio teniente coronel y sus hombres haciendo varios disparos intimidatorios al techo para imponer la ley del más fuerte. Poco después, uno de sus hombres de confianza hablaría a los diputados con otra frase recordada: «vamos a esperar a que venga la autoridad militar competente para disponer lo que tenga que ser… autoridad militar por supuesto…». A priori, era el general Alfonso Armada, aunque a lo largo de los años se ha generado alguna duda al respecto que tampoco ha ido a más.
La ‘Operación Galaxia’
Diseñada por él junto a otros militares en 1977, fue un anticipo de lo que llegaría cuatro años después, solo que en aquella ocasión su intención era tomar el Palacio de La Moncloa
La historia es ya bien conocida, con otras unidades militares tomando esa misma noche los estudios de RTVE y rodeando el Congreso. Lo planificado es que también se fueran movilizando varias Comandancias en distintas regiones, lo que los golpistas consiguieron de forma parcial en un principio con la famosa imagen de los tanques mandados por el teniente general Milans del Bosch recorriendo varias calles de Valencia e incluso la salida frustrada de la División Acorazada Brunete desde su acuartelamiento a las afueras de Madrid. Pero el reloj avanzaba en su contra porque la voz superior que esperaban no se pronunció a su favor y lo que se produjo fue el no menos conocido discurso del entonces rey Juan Carlos I donde, «para evitar cualquier posible confusión», éste confirmaba que había ordenado a las autoridades civiles y militares que tomasen «todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente».
«Con Franco, me fusilarían»
Desde ese momento, la cúpula militar se desentendía de la intentona y Milans del Bosch retiraba los tanques. El general Armada sintió que los planes habían fallado y trató de convencer a Tejero –quien solo respondía a las instrucciones de Milans- para que desistiera a cambio de una especie de gobierno de salvación nacional, a lo que éste respondió indignado echándole del Congreso. El golpe fracasó y el teniente coronel se entregó. Sería juzgado al año siguiente por el Consejo Supremo de Justicia Militar junto a sus socios, asumiendo de antemano lo que le esperaba. «Me van a caer treinta años y, si estuviéramos en tiempos de Franco, me fusilarían», le dijo a su abogado poco antes de la vista oral, donde hablaría, entre otras cosas, del papel de los servicios secretos –entonces llamados CESID- en la intentona, aunque luego no se profundizó en esa vía.
Acertó de lleno. Tanto a él como a Milans del Bosch se les impuso la pena máxima: 30 años de cárcel por un delito de rebelión militar. Armada, sin embargo, se vio favorecido al considerarle solo «conspirador» con seis años de prisión, pero en 1983 el Tribunal Supremo igualó su pena a los otros dos tras revisar la sentencia y atribuirle el mismo grado de culpabilidad. En la práctica, Antonio Tejero sería el reo del 23-F que más tiempo pasó entre rejas. Expulsado de la Guardia Civil, pasó por los centros penitenciarios militares de A Coruña, Figueras (Gerona), Alcalá de Henares (Madrid) y Cartagena (Murcia). Quedaría en libertad condicional el 3 de diciembre de 1996.
Antonio Tejero, en diciembre de 2017 acudiendo a la capilla ardiente de Carmen Franco, hija del dictador, en Madrid.
EFE
Desde entonces, repartiría su tiempo entre Málaga, Madrid y en ocasiones tanto las tierras gallegas como las valencianas, dedicando muchas horas a la pintura, afición que tomó en la cárcel, y a la familia. Sus intervenciones y, sobre todo, sus apariciones públicas fueron más que contadas. En 2006, por ejemplo, diría brevemente a un periodista -antes de declinar ser entrevistado- que «del 23-F no hablo, yo aquello lo he enterrado hace tiempo. Sólo quiero vivir la vida con mi gente y preocuparme mucho por la situación de España».
En enero del año siguiente se dejaría ver tras asistir a la misa funeral en memoria del exdictador chileno Augusto Pinochet. Una década después, en octubre de 2019, aparecería en el cementerio de El Pardo (Madrid) para el segundo entierro de Franco tras su exhumación del Valle de Cuelgamuros (antes de los Caídos). Y en diciembre de ese mismo año iría a la capilla ardiente de Carmen Franco, hija del dictador, en Madrid.
«Del 23-F no hablo, yo aquello lo he enterrado hace tiempo. Solo quiero vivir la vida con mi gente y preocuparme mucho por la situación de España«
Antonio Tejero Molina
Protagonista del golpe de Estado fallido
Aunque evitó ser entrevistado, si mandó cartas a varios periódicos, como una a Melilla Hoy en 2006 contra la aprobación del nuevo Estatuto de Cataluña, curiosamente amparándose en sus «derechos constitucionales». En otra de esas misivas publicadas afirmaba que no era monárquico, aunque «acepto cualquier forma de Estado siempre que conduzca certeramente a mi Patria.» «Me gusta el orden», señalaba tras confirmar que era «católico practicante, sin ser beato». «Políticamente no estoy encuadrado en ninguna ideología. Mi única política es España; su paz, su orden, su trabajo y su grandeza», concluía al hablar de sus principios.
De tal palo…el hijo guardia civil de Tejero destituido por celebrar el 23-F
Antonio Tejero Díez, hijo del golpista del 23-F Antonio Tejero Molina, fue destituido de su cargo como jefe del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) número 1 de la Guardia Civil -con sede en Valdemoro (Madrid)- en marzo de 2014. La orden la dio el entonces ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, y el motivo oficial fue «falta de confianza», en este caso por hacer una especie de homenaje a los golpistas de 1981.
Según reconocía el propio departamento, Tejero Díaz, ascendido curiosamente a teniente coronel otro 23-F (en su caso de 2010), había organizado el mes anterior en ese mismo cuartel una comida que contó con varios condenados en aquella intentona golpista, incluido su propio padre. Entre otros, estuvo el excapitán Jesús Muñecas. El acto consistió en una paella y una exhibición de material y vehículos de la unidad, todo ello por parte de agentes que estaban de servicio.

Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Muere a los 93 años Antonio Tejero, el brazo armado del 23-F