Las vidas y obras de dos cartageneros, Carmen Conde (1907-1996) y Antonio Oliver (1903-1968), protagonizan el curso que convoca cada miércoles a 170 miembros de la Asociación de Alumnos y Antiguos Alumnos de la Universidad de Mayores de la UPCT (UMAY) de Cartagena, impartido por María Victoria Martín González, doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia, académica correspondiente por Cartagena en la Real Academia Alfonso X El Sabio y vocal de la Junta Rectora del Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver. Bajo el paraguas del convenio entre la UPCT y la Asociación UMAY, Martín González impartirá altruistamente este segundo cuatrimestre 26 sesiones en total, 13 para cada uno de los dos grupos de matriculados, una expectación inusitada que la académica agradece y cuyo fin es que el alumnado sénior conozca mejor sus trayectorias y valore «la importancia del extraordinario legado de ambos autores ubicado en Cartagena, imprescindible para la documentación de la literatura internacional». Efectivamente, las relaciones que ambos tejieron a lo largo de sus vidas están inscritas con nombres de oro de la literatura universal, incluidos tres premios Nobel (Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre), pasando por Gabriel Miró, Maruja Mallo, María Cegarra, la Generación del 27, Miguel Hernández e incluso Gloria Fuertes.
Los cartageneros se encargaron de la gestión de los derechos literarios del autor nicaragüense Rubén Darío «gracias a la lealtad inquebrantable a su última pareja sentimental, figura clave para la recuperación y pervivencia de la obra del poeta modernista», recordó Fran Garcerá, director de la Fundación Carmen Conde-Antonio Oliver en ‘Ababol’.
En la clase que impartió este miércoles María Victoria Martín González la UMAY, a la que fue invitada LA VERDAD, los alumnos conocieron de manos de la investigadora, autora de la primera tesis doctoral sobre la escritora cartagenera, defendida en 1995 en la Universidad de Murcia, que este mes de febrero de 2026 ha hecho 99 años que Conde y Oliver se conocieron. Fue en febrero de 1927, pero tardarían en intimar, pues se sabe que el primer beso se lo dieron en lo alto de la torre de la Catedral de Murcia el 11 de junio a las 11 de la noche.
María José Puerto, María Victoria Martín González y José Martínez García, presidente de la Asociación UMAY, este miércoles en la UPCT.
Antonio Gil / AGM
En 1926, Carmen Conde había recibido una segunda ayuda del Ayuntamiento de Cartagena para ampliar sus estudios, «todo el mundo le favorecía por sus ganas de publicar», recordó Martín González. Estaba en contacto con el poeta unionense Andrés Cegarra Salcedo, y ya tenía correspondencia con autores españoles e internacionales. Por su parte, Oliver venía publicando desde 1923 en el Suplemento Literario de LA VERDAD, era muy fiel al grupo de murcianos liderado por Juan Guerrero Ruiz; trabajaba en Correos y Telégrafos.
1927, el año en que van a conocerse, es el de ‘Verso y Prosa’, la revista murciana que crean Jorge Guillén y Juan Guerrero en Murcia y en la que publican magníficas firmas de la Generación del 27 y relevantes pintores del momento. Ese año Oliver se incorpora a la universidad, compagina estudios, trabajo y poesía; Carmen Conde trabaja en la Sociedad Española de Construcción Naval, ya aparece su nombre en el diario ‘Cartagena Nueva’ y sigue estudiando. Ambos se habían visto en Cartagena en el Carnaval a finales de febrero de 1927; entre Oliver y el escultor José Moya-Ketterer, Carmen Conde fija su corazón en el poeta. En marzo de 1927 avanzan en su acercamiento. Comparten lecturas y admiración por Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Cartagena está bajo el gobierno de Alfonso Torres y la dictadura de Primo de Rivera.
Oliver, autor de ‘Mástil’ (1925), recomienda a Conde leer ‘El obispo leproso’, de Gabriel Miró; ‘Platero y yo’, de Juan Ramón Jiménez, así como ‘Campos de Castilla’, de Antonio Machado. Tras leer a Platero, según Martín González, Conde escribe una carta a Juan Ramón Jiménez el 25 de abril de 1927 y le cuenta que había llorado con su libro: «Era una atrevida, un poco osada, pues le pide que le envié el libro más bello, dulce y educador que conoce; el ejemplar que tenía era un préstamo de Oliver», recuerda la investigadora. También envía prosas a Juan Guerrero para ‘Verso y Prosa’, aunque Guerrero responde a Oliver que son muchos los versos que han surgido sobre Platero; le pregunta si se ha enamorado de la joven Conde, y le insiste en que la publicación no está abierta a cualquiera: «Hoy es un referente y no se entiende la literatura sin esa revista en la que escribieron los mejores autores de la Generación del 27».
Miedo a su «poder magnético»
El 4 de julio Conde recibió carta de Juan Ramón Jiménez. «Tengo un poco de miedo de su poder magnético, romántica amiga lejana», le dice el onubense, «una llave que abría todas las puertas», cuenta Martín González. Esta época de vanguardia es de tertulias, revistas y prensa, surgen grandísimas revistas como ‘Sudeste’. A Juan Ramón le gusta publicar a gente joven. Guerrero le abrirá finalmente las puertas de ‘Verso y Prosa’, también escribirá en la revista ‘Ley’, por la que la acaba contactando Ernestina de Champourcin, invitándola al Lyceum Femenino. Los versos que da a ‘Verso y Prosa’ saldrán en ‘Brocal’ (1929). Dice Jorge Guillén que son «agua ideal para todo Estío». Agua fresca y transparente… «Guillén la adora».
«Nada más conocer a Oliver empieza a escribir sobre el verdadero amor puro», insiste Martín González. Sus vidas darán muchas vueltas y la suerte de estos alumnos de Cartagena es que tienen por delante varios capítulos apasionantes. Quedan ‘Tiempo cenital’ (1932), ‘Júbilos’ (1934), ‘Sudeste’, la Universidad Popular, la guerra civil, la censura, el exilio interior, Rubén Darío, la Real Academia…
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Enlace de origen : Casi un siglo del primer beso de Carmen Conde y Antonio Oliver