
El rey Juan Carlos I se convirtió en el objetivo «a batir y anular» por los sectores más reaccionarios tras el fracaso del golpe … de Estado del 23-F. Los sublevados que no fueron detenidos después de la primera intentona planificaron, por lo menos, tres nuevos levantamientos, pero para llevarlos a cabo, no querían dejar al «’Borbón’ libre» e incluso planearon atentar contra él.
Esperados con ansia por los historiadores, los 167 documentos secretos desclasificados este miércoles por el Gobierno, con miles de páginas de datos desconocidos y otros ya publicados, refuerzan el relato oficial establecido en estos últimos 45 años, pero a la vez, proporcionan detalles reveladores sobre el papel de cada uno de los protagonistas de aquel día, de Juan Carlos I a Jaime Milans de Bosch, de Sabino Fernández Campo a Alfonso Armada, en que la incipiente democracia española vivió sus horas más decisivas.
La muerte del teniente coronel la Guardia Civil Antonio Tejero, el símbolo del golpe, apenas unas horas después de la publicación de los informes, aparece como una casualidad del destino que añade un punto de mitología a uno de los acontecimientos más transcendentales de la historia de España.
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Tejero, cuya imagen con la pistola en la tribuna de oradores del Congreso dio la vuelta al mundo, representaba la España nostálgica de la dictadura que no aceptaba los cambios democráticos. Pero no era el único que se movió para propiciar un cambio de régimen, según mostraron ayer los legajos hasta ahora ocultos sobre el golpe de Estado. El fiasco del 23-F no desanimó a los elementos más retrógrados del estamento militar, que se organizaron en diferentes grupos para buscar la «próxima oportunidad» de tumbar, o por lo menos dirigir, el sistema de libertades que acababa de echar a andar en España, con el Rey en su punto de mira. Así, inmediatamente después del fracaso del golpe de Estado, los insubordinados trataron de organizarse en células llamadas ‘velocidad red’ bajo la premisa de que «el golpe sigue siendo necesario».
Más tarde, y con una estructura más compleja, urdieron una trama, bautizada como ‘operación González del Yerro / Cortina’, el nombre de dos de los militares más prominentes de la época, que debía ejecutarse entre el mismo 23 de febrero y el 24 de junio de 1981 con una doble posibilidad: un «golpe institucional» con un gobierno de coalición UCD-PSOE tutelado por militares o un «golpe a la turca» que implicaba medidas drásticas como la supresión de partidos políticos y de las autonomías.
La tercera intentona de cambio de régimen estaba instigada por la Unión Militar Española (UME), que en enero de 1982 propugnaba la formación de un ‘Directorio Militar’ que instaurara una «República Nacional» de carácter autoritario y presidencialista.
Pero para concretar cualquiera de estos planes, los golpistas encontraban su principal obstáculo en el Rey. Y para superarlo, plantearon la posibilidad de atentar contra él, en un ataque bautizado como ‘operación Hermés’, que se produciría el 24 de junio, fecha de la onomástica del Monarca, con el que se sienten decepcionados por no haber aceptado un gobierno de gestión liderado por militares. Consideran, de hecho, que Juan Carlos I «ha tomado un camino suicida» al vincularse con los socialistas y el sistema parlamentario.
Tensión en Zarzuela
En los documentos desclasificados se incluyen transcripciones de las conversaciones que se produjeron en la noche del 23-F. Entre ellas, un fragmento de la llamada que mantuvieron a las 20:20 horas el entonces secretario general del Rey, Sabino Fernández Campo, y el teniente coronel Tejero, que ya había levantado su pistola en el Congreso, en la que el primero le exige al segundo que deponga su actitud.
Otra nota del Cesid (Centro Superior de Información de la Defensa) relata cronológicamente los acontecimientos de aquella jornada y su madrugada posterior. La noticia del asalto al Congreso causó «impacto» en Zarzuela, el Rey y el personal de palacio lo estaban escuchando por la radio. Eran todavía las 18:22 horas del 23 de febrero de 1981.
En esos momentos decisivos, la tensión se desbordó. A las 19:00 horas, el Rey recibe una llamada de Alfonso Armada, general de división del Ejército de Tierra español e ideólogo del golpe, que pretende acudir al Palacio de la Zarzuela. El monarca le ordena que continúe en su puesto en el Estado Mayor del Ejército. Minutos más tarde, Sabino Fernández Campo habla con el general José Juste, jefe de la División Acorazada Brunete (pieza básica en los planes de los golpistas), que pregunta si Armada está en la Zarzuela. Al responderle que no, Juste afirma: «Esto cambia totalmente la situación». Un cuarto de hora después, Juan Carlos I logra hablar con el teniente general Milans del Bosch, que afirma estar «a las órdenes del Rey», pero pregunta si ha hablado con Armada.
Después de estas llamadas, y cuando en Zarzuela ya se tiene constancia de la situación, se decide trasmitir un mensaje televisado del Rey para clarificar su postura, contraria al golpe, ante el país. A las 20:00 horas detectan, en cambio, que la sede TVE en Prado está ocupada por una unidad del Regimiento Villaviciosa al mando del capitán Luis Merlo y 20 minutos después se produce la conversación entre Fernández Campo y Tejero.
En ese instante, como se narra en otro documento de la Dirección General de la Policía desclasificado, mandos policiales y responsables del gabinete de crisis (el llamado ‘Gobierno provisional de subsecretarios’) empiezan a estudiar en Zarzuela un posible asalto frontal al Palacio de las Cortes. Algo que descartan tras augurar una «carnicería» que podría saldarse con entre 80 y 100 víctimas.
Entre las 20 y las 21 horas, el Rey envía de un télex a la Junta de Jefes de Estado Mayor, capitanes generales y mandos militares con el siguiente mensaje: «He ordenado autoridades civiles y junta de jefes de Estado Mayor tomen medidas necesarias para mantener orden constitucional dentro legalidad vigente». En ese momento, el golpe comenzaba a cambiar de rumbo.
A medianoche, el Rey inicia la grabación del mensaje en su despacho, vestido con el uniforme de capitán general de Tierra. Una alocución que no se emitirá por TVE y radio hasta las 1:12 de la madrugada. Justo después, el monarca ordena telefónicamente a Milans del Bosch retirar todas las unidades y ordenar a Tejero que deponga su actitud. «Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey», se envía por télex a Valencia.
Paralelamente, las transcripciones interceptadas a Carmen Díez Pereira, esposa de Tejero, durante el asalto al Congreso muestran la profunda decepción de esta mujer hacia los militares, que han comenzado a abandonar a su marido. «Me lo han dejado tirado como una colilla ¡Qué asco de Ejército! ¡Qué canallas!».
En la mañana del 24 de febrero, Zarzuela recibe noticias de que Tejero accede a rendirse bajo ciertas condiciones, la principal, que no hubiera represalias ni responsabilidades para los suboficiales, clases y tropa que habían participado en el asalto al Congreso, entre otras. Finalmente, estas condiciones desembocaron en el conocido como ‘pacto del capó’, firmado sobre el capó de un vehículo militar frente al Congreso, donde se formalizaron los términos de la rendición y el desalojo del hemiciclo.

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Enlace de origen : Los documentos del 23-F revelan que los golpistas planearon tres levantamientos más y un atentado contra el Rey