La semana que acaba viene marcada desde el punto de vista informativo por dos golpes. Uno, fallido: el del 23-F, del que se desclasificaron … 153 unidades documentales secretas por decisión del Gobierno de Pedro Sánchez. Otro, exitoso: el que ha provocado la defenestración de José Ángel Antelo como líder regional de Vox. Un auténtico ‘machetazo’ -término muy empleado por dirigentes de Vox en los últimos tiempos, el cual vinculan a supuestas agresiones cometidas por inmigrantes ilegales- que saca a relucir las miserias de un partido al que todo parecía salirle bien en la Región, pero que escondía unas luchas intestinas que han explotado por todo lo alto.
La caída en desgracia de Antelo en la sede nacional de Bambú no es cosa de los últimos días ni del último mes. Se trata de un proceso bastante más largo cuyo runrún lleva meses instalado en el ambiente, aunque en principio pudiera parecer inverosímil la mera posibilidad de acabar con un líder consolidado como él, que según el último barómetro del Cemop alcanza un grado de conocimiento del 62,6% y es el mejor valorado de la Región entre sus propios votantes, con un 6,6. Y con buenísimas expectativas electorales, como señala el mismo Cemop al que Vox se afana por desprestigiar.
La guardia pretoriana
En Bambú le tomaron la matrícula al exbaloncestista desde prácticamente el inicio de la legislatura, cuando Madrid chequeó más a fondo a los gobiernos autonómicos en los que se había entrado. Así, se observaron un estilo de liderazgo y unas dinámicas internas que no agradaron en absoluto. En concreto, se percibió que Vox en la Región funcionaba como una especie de taifa en la que el mando lo ejercían exclusivamente Antelo y una guardia pretoriana formada por dos asesores,. Algunos dirigentes del partido que han sufrido insultos en redes sociales por parte de perfiles anónimos siempre vieron detrás de los mismos la impronta de estos dos empleados de confianza, despedidos días antes de la operación contra el presidente provincial.
Otro reproche que se le hace se refiere a un presunto abandono de la estructura municipal. Aunque él presume de la buena implementación territorial desarrollada durante su mandato, un cargo local ‘voxero’, que pide mantenerse en el anonimato, sí reconoce que, aunque el exlíder siempre fue correcto en el trato con él, echó en falta una mayor presencia suya sobre el territorio. Mención aparte merece la relación con los grupos municipales de ayuntamientos como Murcia -donde su distanciamiento con Gestoso era, nunca mejor dicho, ‘vox populi’-, Cartagena, Lorca, Molina de Segura, Totana o Yecla. A la cúpula de Vox llegaron quejas de interferencias en asuntos puramente locales como las tasas de basura y los contratos de mantenimiento de jardines o desratización.
De esta forma, la decisión de intervenir la organización en la Región se adoptó hace tiempo. La duda radicaba en cuándo y cómo asestar el ‘machetazo’ para que generara el menor impacto posible. El primer paso fue el desmantelamiento de la guardia pretoriana de Antelo, algo que tuvo que poner a este en guardia. No obstante, él se aferraba a los mensajes que le llegaban de la dirección estatal, en el sentido de que querían que fuera portavoz nacional de Deportes e incluso candidato a la Comunidad. No concebía que esto fuera compatible con una degradación orgánica.
Como a Sánchez en 2016
El miércoles todo estalló. Tras defender la moción para reprobar a Puente en la Asamblea Regional, comenzó la operación. La secretaria general adjunta, Montserrat Lluis, lo sacó del Pleno para una reunión en las oficinas del grupo, donde le comunicó lo que había. Se intentó que fuera por las buenas, a través de una dimisión pactada, pero finalmente fue por las malas. Paradójicamente, este ‘modus operandi’ de la dimisión en bloque de la ejecutiva fue el que utilizaron los críticos del PSOE en 2016 para tratar de acabar Pedro Sánchez.
Así las cosas, a no ser que tenga el mismo manual de resistencia, Antelo ya es historia para Vox en la Región, donde ya no hay duda alguna de que el que manda se llama Santiago Abascal.
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Sus compañeros diputados tienen en su mano expulsarlo al Grupo Mixto
Antelo ha manifestado su intención de mantener su escaño en la Asamblea «para terminar de cumplir los compromisos adquiridos con los ciudadanos». Está en su derecho, pues el acta de diputado es personal e intransferible de la persona elegida, por mucho que el partido por el que se presentara a las elecciones adopte medidas disciplinarias. Lo que no depende ya de Antelo es que, si sigue en la Cámara, vaya a pertenecer al Grupo Parlamentario Vox en lo que resta de legislatura.
Aunque él no solicitase pasar al Grupo Mixto, sus compañeros de bancada tienen la posibilidad de mandarlo ahí, junto a los diputados de Podemos, si lo deciden por mayoría. Así consta en el artículo 29.1.b del Reglamento de la Cámara. El PP ya recurrió a este artículo en 2007, cuando se vio obligado a expulsar del grupo a Juan Morales por su implicación en el ‘caso Tótem’. En la convulsa legislatura pasada, Vox no pudo hacerlo con los expulsados Juan José Liarte, Francisco Carrera y Mabel Campuzano, pero porque estos eran mayoría en el grupo frente a Pascual Salvador. También Cs perdió el control de su grupo parlamentario tras la moción de censura, al sumar mayoría Isabel Franco, Francisco Álvarez, Valle Miguélez y Alberto Castillo frente a Juanjo Molina y Ana Martínez Vidal.

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Enlace de origen : Anatomía de un 'machetazo' de Vox a Antelo