El Real Murcia rascó un empate en Villarreal. Necesitaba una victoria el cuadro grana, en busca de repetir un cambio de paradigma con el tercer … entrenador del curso, pero el debut de Curro Torres quedó en un perfecto resumen del año de los murcianos. Un partido condensado en tres actos diferenciados, todos insuficientes, a medio camino entre la apatía y la impotencia. El ímpetu inicial dejó paso a la misma fragilidad defensiva de siempre, con la zaga grana asustando al miedo con una colección de errores no forzados impropios de la categoría de bronce del fútbol nacional. Un destello empató el duelo de forma inmerecida cuando todo apuntaba a un descalabro mayúsculo, y la mejoría tras el intermedio quedó abortada por un nuevo error que alteró completamente el guion de la última media hora.
Apostó Curro Torres por darle la titularidad a Joao Palmberg tras dos partidos inédito, sumido en el hastío del fondo del banquillo, pero a la hora de encuentro vio la roja directa por una imprudencia innecesaria. El Murcia se quedó con diez durante la media hora final, condicionado cuando el partido podía caer para cualquier lado, pero tan solo supone una nota a pie de página en un nuevo capítulo de un curso para el olvido. Porque la expulsión no exime al cuadro grana de acumular su séptimo partido consecutivo sin conocer la victoria, para tres bochornosos puntos de los últimos 21 en disputa.
Villarreal B
Rubén Gómez; Dani Budesca, Sierra (Valou, 70′), Lautaro, Eneko Ortiz (Iván Rodríguez, 85′); Alassane, Carlos Maciá, El Jmili, Gaitán (Facundo Viveros, 77′); Albert García (Hugo López, 77′) y Ayman (Eto’o, 70′).
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Real Murcia
Gazzaniga; Jorge Mier (Joel Jorquera, 86′), Alberto González, Jon García, Cristo Romero; Óscar Gil, Joao Palmberg, Pedro Benito (Álvaro Bustos, 77′), Ekain (Sekou, 63′), Víctor Narro (David Vicente, 77′) y David Flakus (Juanto Ortuño, 86′).
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Goles
1-0, Ayman (min. 5). 1-1, Óscar Gil (min. 45). -
Árbitro
Daniel Miranda, del colegio extremeño. Amonestó a Sierra y Facundo Viveros en los locales, y a Jorge Mier, Álvaro Bustos, Víctor Narro y Óscar Gil, y con tarjeta roja a Joao Palmberg en los visitantes. -
Incidencias
Partido de la vigesimosexta jornada del Grupo II de Primera RFEF. Mini Estadi de la Ciudad Deportiva José Manuel Llaneza, ante unos 1.000 espectadores, alrededor de medio centenar llegados desde Murcia.
La panorámica, a estas alturas de curso, no pinta trazos de un improbable ‘efecto Curro Torres’. Los milagros dejan de serlo cuando se repiten, y todo aquello que este Murcia vivió a final de año parece ahora una lejana ensoñación para esa afición que acompañó a los suyos en la Ciudad Deportiva del Villarreal entre gestos de envidia, y hartos de ver cómo la entidad centenaria visita cinco filiales por año. La realidad del cuadro grana se ha tornado gris en todas las fases del juego, sumido en la desidia de un lenguaje corporal que parece emanar excusas entre líos de enfermería y partidos en los que siempre aparece un árbol que impide mirar al bosque.
El Murcia marcó, pero pareció más anecdótico que otra cosa porque generó el mismo peligro residual que resume todo este nefasto 2026. Al borde del precipicio, en la decimosexta plaza pero empatado a puntos con el Torremolinos, sin tiempo para pensar antes de recibir este miércoles a un Marbella desahuciado. El duelo fue un nuevo capítulo de un equipo que ya no se mide con los fantasmas del pasado ‘playoff’, por mucho que toda la tabla transite por un denso atasco, sino con los demonios del descalabro más absoluto. No importa si dirige el tándem vasco, el advenedizo del Imperial o la tercera opción para el segundo relevo del curso, porque el fútbol pertenece a los futbolistas, y los que vestían de grana parecen abocados a relegar lo que queda de curso a un tedioso epílogo sin nada por lo que luchar.
Una colección de errores
El Murcia entró mejor al duelo. Mordía en la presión adelantada, recuperó un par de balones y generó un córner, pero tanto subió la manta que se destapó los pies. Arrancada de caballo y parada de burro, porque el primer susto quedó abortado por fuera de juego de El Jmili, pero el segundo despertó todos los fantasmas. A los cinco minutos, un envío frontal en una falta sin peligro desnudó a Alberto González, superado en un error grosero donde no midió bien. Tampoco llegó Jon García, incapaz de corregir, y Ayman solo tuvo que practicar un disparo de entrenamiento ante un Gazzaniga vendido (1-0).
Los de Albelda dieron un paso atrás, pero a la media hora de juego el portero local era un mero espectador. El Murcia plano, previsible, sin encontrar pasillos interiores en una posesión de balonmano imprecisa. El mini submarino cedió el balón para desnudar todas las vergüenzas del cuadro grana, empeñado en correr hacia atrás en una sucesión de regalos absurdos desde la zaga, donde Jon García se vio completamente superado por el ritmo del partido. La defensa grana destellada por las luces de bohemia, rozando el esperpento en demasiadas ocasiones. El Murcia mostraba ímpetu, pero confundía la necesidad con el deseo, interpretando un papel para el que no parecía preparado.
La creatividad de Víctor Narro como verso libre, erigido en sistema en sí mismo cada vez que podía encarar. Mientras, el linier con el hombro cargado de tanto señalar la precipitación de los atacantes locales, con una autopista que no supieron correr a la espalda de Cristo Romero. El peligro rondaba a Gazzaniga, pero el Murcia tenía el dominio territorial, con el doble pivote creciendo en el duelo, y por ahí se salvaron los de Curro Torres. El primer tiempo agonizaba cuando Joao Palmberg encontró espacio en el sector izquierdo para mimar la bola, recitarle una tonadilla de samba y poner un centro que Óscar Gil mandó a guardar desde la frontal. Derechazo tenso, raso, pegado al palo para impartir injusticia en un primer tiempo de suspenso (1-1).
El cambio de guion
Lo maquilló el Murcia antes del descanso, y salió con mejor cara que el Villarreal al segundo tiempo, bailando al ritmo que mandaba la calidad diferencial de Víctor Narro. Un remate en escorzo de Ekain y una internada por dentro de Jorge Mier tras la reanudación, pero el empate había cambiado el guion, y los chicos de David Albelda, con un once de 20,8 años de media, se pusieron mandones en el Mini Estadi. Se aproximaba la hora de encuentro cuando Palmberg, en un balón dividido, puso la bota donde tocaba entrar de cabeza. Pateó sin querer el pómulo de Gaitán, pero Albelda llamó al colegiado, y cambió la amarilla por la roja directa tras revisar la acción en el monitor.
Media hora por delante y un guion completamente nuevo en el Mini Estadi de Villarreal. Curro Torres cambió a Ekain por Sekou, un obrero del fútbol para un panorama que pintaba a asedio, pero el cuadro grana reaccionó con coraje ante un mini submarino impreciso que no inquietaba a Gazzaniga. Carrusel de cambios en ambas casetas, dos pasos atrás del Murcia, parapetado en dos líneas de cuatro, y el Villarreal a vueltas en busca del gol. Albelda dio refresco a toda la línea ofensiva, con el alcantarillero Hugo López y Etienne Eto’o en punta de ataque. Tuvo hasta tres opciones de remate el hijo del mítico ariete camerunés, pero no acertó.
El oficio grana se impuso a la urgencia de los de David Albelda, que lo buscaron sin demasiados argumentos tras la expulsión de Joao Palmberg. Contagiados por su rival, conformistas, sin el ímpetu de asestar el golpe definitivo a un rival maniatado. El árbitro añadió siete minutos de tiempo extra, y todo el murcianismo respiró aliviado cuando Hugo López, completamente solo en el borde del área pequeña, mandó fuera del estadio un remate franco. El tiempo estaba cumplido, pero el árbitro decidió alargar un minuto más el sufrimiento del cuadro grana con un córner botado fuera de tiempo. Gazzaniga embolsó el rechace, y el Murcia continúa una semana más sin ganar.

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