A escasos metros del Mar Menor, donde la brisa templa el ambiente y suaviza las temperaturas para hacer del entorno un lugar idílico, se esconde un pequeño mundo que este jueves vio la luz y que sirve como refugio para algunos de los mejores atletas del planeta. Como si de un universo paralelo se tratase, en el corazón del CAR de la Región de Murcia, ubicado en Los Alcázares, se levantó hace pocos meses un pequeño edificio que podría compararse perfectamente con una cueva y que se ha convertido en la guarida donde se forjan las estrellas del deporte regional y nacional. Se trata de una sala de hipoxia cuyo interior puede alcanzar los 6.000 metros de altura y que está repartida en dos áreas: un hogar con sala de estar y tres habitaciones, y una pequeña estancia en forma de gimnasio preparado para sudar a temperaturas desérticas y a miles de metros de altitud que ponen a prueba los pulmones y preparan el cuerpo de los futuros campeones.
Ya no se tienen que ir a Sierra Nevada. Tampoco a Font Romeu. En casa, a pocos kilómetros de sus familias, han encontrado el lugar idóneo para llevar a cabo una preparación que siguen, como si de una religión se tratase, todas las estrellas de cualquier deporte desde hace años. También aquí, y no en Granada o en el sur de Francia, cuentan con una ventaja que no se ve en ningún punto de España y que difícilmente se puede experimentar fuera: puedes pasar de entrenar a 4.000 metros de altura a hacerlo a nivel del mar cruzando solo una puerta.
La infraestructura está dividida en dos áreas: un hogar con tres dormitorios y una sala con un gimnasio
Eso es lo que ha cautivado al atleta Mariano García, recién proclamado campeón de España de 1.500 metros, el nadador cartagenero Álex Puebla, el marchador Miguel Ángel López, el triatleta caravaqueño Abel Torreblanca y el alicantino Ander Martín, una de las mayores promesas del remo español. Los cinco ya echan raíces en la nueva sala de hipoxia del CAR, donde pronto también se podrá ver a la tenista de mesa María Xiao.
Mariano García y Abel Torreblanca sudan a casi 3.000 metros de altura y 45 grados; María Xiao y Álex Puebla descansan en la sala de estar, y los cinco atletas posan en el interior de la nueva sala de hipoxia del CAR.
Javier Carrión / AGM
Un minúsculo pasillo separa la vida personal de la deportiva, el habitáculo donde unos descansan y estudian y la habitación donde se sufre vestido de corto. En ambas, el ambiente cambia nada más poner un pie en la sala. El oxígeno se reduce, el pulso se acelera y los pulmones trabajan sin descanso.
«Sudar y pasarlo mal»
En el gimnasio, a casi 3.000 metros de altitud, cada mañana Ander Martín hace kilómetros y kilómetros de remo, Mariano García pone a punto su moto encima de la cinta y el joven Abel Torreblanca pedalea sin descanso metido en una tienda de campaña en la que hacen casi 50 grados. «Tienes que sudar y pasarlo mal», le piden desde fuera. Su cara confirma que es un chico aplicado. Los entrenadores viven con el dedo pegado al termostato para empinar la cuesta a base de metros de altura y exigir a sus chicos. «A veces la victoria es cuestión de milésimas y con estas sesiones buscamos superarnos a nosotros mismos, arañar cualquier segundo que nos permita cruzar la meta primeros», reconocen todos.
Por la tarde, la vida se activa en el ala oeste de esta guarida. De una de las habitaciones, donde una pequeña pantalla muestra que se vive a casi 3.000 metros de altura, sale, acompañado de su portátil para echar un rato de estudio, Mariano García, el atleta de Cuevas de Reyllo. Él fue quien estrenó, allá por el mes de noviembre, una infraestructura que abrió sus puertas de forma oficial ayer pero en cuyo interior ya se están curtiendo los deportistas desde hace cuatro meses.
Aquí dio Mariano el primer paso para colgarse la medalla de oro que ganó el domingo en Valencia. El de Fuente Álamo se encerró cinco largas semanas en una sala que convirtió en su humilde -y caliente- morada donde pasaba unas 16 horas al día mientras un aparato le robaba oxígeno. «Se vive fabuloso, estoy encantado. Lo que más notas aquí dentro es la saturación y el pulso porque normalmente empiezo a una altitud baja, unos 2.000 metros, pero intento subir a 3.500 de forma progresiva para ir exigiéndome más», cuenta el mediofondista.
El espacio de entrenamiento
Llega a los 6.000 metros de altitud y cuenta con un habitáculo para ejercitarse a temperaturas extremas
Los deportistas que hacen vida en estas instalaciones van regulando la temperatura y la exigencia que le imprimen a sus pulmones. Siempre poco a poco, jamás se debe dar a la rueda más de la cuenta y convertir la habitación en un lugar inhóspito. Algo que ya probó el propio Mariano García y que le sirvió como aviso, aunque hoy lo cuente como una anécdota que le saca una carcajada cada vez que la recuerda: «Una tarde me propuse ver a qué altura llegaba en la habitación y lo puse a 5.500 metros; después de media hora sentado sentía que me estaba mareando, pero dije: ‘voy a intentar aguantar un poco más’. Imposible, me tuve que salir fuera porque llegaba a ser desagradable», relata el de Cuevas de Reyllo.
Mariano García, Miguel Ángel López, Ander Martín, Abel Torreblanca y María Xiao, entre los ‘inquilinos’
De las alturas a la playa
Cuenta con un ‘compañero de piso’ de excepción, el nadador cartagenero Álex Puebla. Aunque ha centrado en los últimos años su preparación en Barcelona, ha regresado a casa, al centro de alto rendimiento al que acudía a nadar con 13 años, para sumergirse en el entrenamiento de hipoxia y poner otra piedra más en su camino a Los Ángeles 2028. «Intercalar altura aquí en la habitación y poder entrenar a nivel del mar en las piscinas que han climatizado es algo inmejorable para mis entrenamientos. Suelo pasar dos semanas antes de cada gran campeonato, como el Nacional de la próxima semana, o 21 días cuando no hay competiciones, que es lo que aconseja la ciencia para meter mucha más carga de trabajo y exigirle al cuerpo condiciones extremas, lo que me permite después adaptar mejor mi capacidad física», confiesa el nadador mientras se prepara un café en un salón a casi 3.000 metros de altura.
Era la piedra filosofal que le faltaba al Centro de Alto Rendimiento de la Región de Murcia y llegó tras la victoria en un concurso que permitió sacar los fondos europeos necesarios para edificar este refugio. «Es un valor añadido que permite elevar el rendimiento de nuestros deportistas a través del calor y la altitud. Solo aquí tienen la oportunidad de vivir en altura y entrenar en bajo, por eso la situación que se ha recreado aquí es extraordinariamente novedosa y óptima para conseguir todas esas adaptaciones que sabemos que se producen sobre todo a nivel hematológico y a metabólico», explica Jesús García, responsable de la unidad de entrenamiento de hipoxia.
«Se vive muy bien. Lo que más notas es la saturación y el pulso porque empiezas auna altitud baja y vas subiendo para exigirte»
Mariano García
Atleta
El último baile
Aquí se construyen las estrellas del futuro, se forjan a fuego las medallas del presente y leyendas como el marchador Miguel Ángel López buscan su estado óptimo «para colgar las zapatillas por todo lo alto en los Juegos de Los Ángeles 2028». No podía faltar aquí, en una tierra que ve nacer talentos deportivos a un ritmo vertiginoso y que ya cuenta con unas infraestructuras de primer nivel mundial. De las alturas al nivel del mar. En solo unos pasos. Solo en el CAR de la Región de Murcia.
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Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Un refugio en las alturas con vistas al mar: así es la nueva sala de hipoxia del CAR de la Región de Murcia