Poesía contra la violencia de género. Poesía -y algún que otro relato- por el feminismo. Así de claro. Palabras para hacer llegar un mensaje que … todavía se resiste. Todo ello es ‘146 voces para que nunca nadie’, un libro publicado por la Universidad de Murcia que se puede adquirir en la librería murciana Diego Marín que ha sido posible gracias a la coordinación y edición de Rosario Guarino. Una publicación que reúne textos de 146 poetas y escritores, mujeres y hombres, de la Región. Un recopilatorio que contiene, como se define en su cubierta, «doscientas creaciones literarias, en muchos casos inéditas, de personas comprometidas con la igualdad de los seres humanos cuyas palabras son testimonio de su denuncia a la violencia ejercida contra la mujer en todo el planeta en cualquiera de sus múltiples variantes, sea de forma manifiesta o encubierta».
La idea, cuenta la escritora, profesora de Filología Clásica en la UMU y presidenta de la Sociedad Española de Estudios Clásicos en la Región de Murcia, surgió a raíz de un recital celebrado el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia la Mujer. El acto se enmarcó dentro del ciclo Femenino Plural que organiza la autora. Una actividad del Aula de Palabra y Pensamiento en colaboración con el Aula de Poesía del Servicio de Cultura de la Universidad de Murcia: «Fue un maratón en el Museo de la Ciudad [‘En nombre de Lesbia. Lecturas contra la violencia y la difamación hacia la mujer’] y tuvo muy buena acogida, por ello, le propuse a Longinos Marín, vicerrector de Responsabilidad Social y Cultura, realizar esta obra colectiva que cuenta, en realidad, con 148 voces si sumamos al prologuista, Esteban Bérchez Castaño, y el texto del maquetador, José Luis Montero».
Casa sin barricadas
Álvaro Bellido
Asómate al balcón,
baja a la calle, únete
a la muchedumbre
y grita, maúlla, salta,
desgañítate, chilla, busca
los brazos correctos,
los hombros, los afectos, el apoyo
con el que mover tu mundo.
Pero sal. Sal porque un inmueble
no es hogar si necesitas
lugares donde esconderte,
rincones que protejan.
Una, habitualmente, construye
su casa sin barricadas.
Para saberme
Paz Hinojosa
Para saberme
tendrá el pájaro que auscultarme
células de corteza
y palabras ocultas.
Pero el ave no escucha
el latir de mi savia
ni la sangre que bulle
ni el balbuceo de brotes
ni el rumor de raíces
en lo hondo
ni el murmullo de versos
que escondo en la tierra
porque vivo en voz baja
y escribo con susurros.
Vuela siempre con prisa
y poemas no quiere.
Busca sólo la carne
detrás de la corteza.
No te necesito
Isabel Cuadrado
No te necesito, pero tú vienes,
y la vida se me hace
un poco más difícil cada día.
La playa es un desierto
de arenas estriadas
y mientras paseamos
me robas el aliento
y el amor por el mar.
Sólo quedan tu yo
y tu voz y tu paso
inundándolo todo, robándome
hasta el silencio más lejano.
“No me escuchas”,
No, ya no te escucho.
He dejado de hacerlo,
o no podría vivir.
Escrito para
algún hombre
confuso
Fernando Sarriá
Una mujer es a la tierra la luz que inunda el mundo.
Lo quebrado de todas las palabras.
La humedad del llanto y de la risa.
Nunca somos nosotros más fuertes
que el instante en que sus manos nos acarician,
ni más humanos, que cuando en silencio nos contemplan
y hacen que todo se detenga…
porque detrás de una mujer,
cualquier mujer, siempre ha de estar la vida.
Piensa en estas sencillas palabras
antes de maltratar, por serlo, a una mujer
y piensa que nunca es tuya sino sólo suya.
Retrovisores
Leticia Bravo
Para Yolanda Álamo
No miraré atrás.
(Adiós, dolor pasado).
No quiero ser estatua de sal como la mujer de Lot.
Prefiero el mármol de Paros coronando la escalera.
A la de Samotracia elijo sin dudarlo un segundo.
Sin brazos, sin cabeza, me entrego a la corriente.
Despliego ya las alas.
Es aquí y ahora siempre.
Zaida Sánchez
(Para las que mueren)
No te espero con las manos abiertas,
hasta que llegues, me decidas o me supongas.
Aguardo casi ciega, sin ser tuya,
sin ser mía, de nadie ni de nada.
Respiro quieta, sigilosa, vencida,
con un cansancio hueco,
lacerado de inviernos y de frío,
sola como nací, aterida y desnuda.
No sé qué hago sentada en esta grieta
donde mis pies se pierden.
No acierto a recordar si he muerto
y lo he olvidado, o tal vez siga viva
y ya soy yo la grieta,
abierta, desmembrada, mineral, infinita.
Hay que irse
Carmen Gallego
Hay que irse
aunque la intemperie espere fuera;
los niños lloren, al sacarlos de casa,
o conozcan los gélidos amaneceres
del implacable cielo.
Hay que irse
antes de que la mirada del agresor,
disfrazada de paternidad,
ponga sus ojos en ti o en los hijos que tuvísteis.
Hay que irse
antes de la segunda palabra malsonante. Él no lo hará.
Ha elegido a sus presas. Las tiene cerca.
Conoce sus movimientos. No dudará. No vacilará
ni con la pistola ni con el cuchillo
Hay que irse
antes de la primera amenaza.
Antes, mucho antes
de que tu sumisión
empuñe el arma del asesino.
A una mujer afgana
Aurora Saura
A solas con tu cuerpo,
mírate.
Si puedes, busca un espejo
y di: “soy yo,
soy yo, soy hermosa”.
En tu casa, a los que te quieren,
a tus hijos —y sobre todo
a las niñas—,
diles: “soy yo, miradme,
soy hermosa,
soy yo”.
Por las calles
(el mundo desde el resquicio
de tu rejilla),
asienta los pies en el suelo
y di para ti misma:
“soy yo, saldré de aquí.
Por fin me veréis todos.
Soy yo”.
Ese día vendrá.
Vendrá la mañana de luz.
Y dirás en voz alta
a quienes querrán oírte:
“soy yo. Soy hermosa
porque soy yo”.
Casa sin barricadas
Álvaro Bellido
Asómate al balcón,
baja a la calle, únete
a la muchedumbre
y grita, maúlla, salta,
desgañítate, chilla, busca
los brazos correctos,
los hombros, los afectos, el apoyo
con el que mover tu mundo.
Pero sal. Sal porque un inmueble
no es hogar si necesitas
lugares donde esconderte,
rincones que protejan.
Una, habitualmente, construye
su casa sin barricadas.
Para saberme
Paz Hinojosa
Para saberme
tendrá el pájaro que auscultarme
células de corteza
y palabras ocultas.
Pero el ave no escucha
el latir de mi savia
ni la sangre que bulle
ni el balbuceo de brotes
ni el rumor de raíces
en lo hondo
ni el murmullo de versos
que escondo en la tierra
porque vivo en voz baja
y escribo con susurros.
Vuela siempre con prisa
y poemas no quiere.
Busca sólo la carne
detrás de la corteza.
No te necesito
Isabel Cuadrado
No te necesito, pero tú vienes,
y la vida se me hace
un poco más difícil cada día.
La playa es un desierto
de arenas estriadas
y mientras paseamos
me robas el aliento
y el amor por el mar.
Sólo quedan tu yo
y tu voz y tu paso
inundándolo todo, robándome
hasta el silencio más lejano.
“No me escuchas”,
No, ya no te escucho.
He dejado de hacerlo,
o no podría vivir.
Escrito para
algún hombre
confuso
Fernando Sarriá
Una mujer es a la tierra la luz que inunda el mundo.
Lo quebrado de todas las palabras.
La humedad del llanto y de la risa.
Nunca somos nosotros más fuertes
que el instante en que sus manos nos acarician,
ni más humanos, que cuando en silencio nos contemplan
y hacen que todo se detenga…
porque detrás de una mujer,
cualquier mujer, siempre ha de estar la vida.
Piensa en estas sencillas palabras
antes de maltratar, por serlo, a una mujer
y piensa que nunca es tuya sino sólo suya.
Retrovisores
Leticia Bravo
Para Yolanda Álamo
No miraré atrás.
(Adiós, dolor pasado).
No quiero ser estatua de sal como la mujer de Lot.
Prefiero el mármol de Paros coronando la escalera.
A la de Samotracia elijo sin dudarlo un segundo.
Sin brazos, sin cabeza, me entrego a la corriente.
Despliego ya las alas.
Es aquí y ahora siempre.
Zaida Sánchez Terrer
(Para las que mueren)
No te espero con las manos abiertas,
hasta que llegues, me decidas o me supongas.
Aguardo casi ciega, sin ser tuya,
sin ser mía, de nadie ni de nada.
Respiro quieta, sigilosa, vencida,
con un cansancio hueco,
lacerado de inviernos y de frío,
sola como nací, aterida y desnuda.
No sé qué hago sentada en esta grieta
donde mis pies se pierden.
No acierto a recordar si he muerto
y lo he olvidado, o tal vez siga viva
y ya soy yo la grieta,
abierta, desmembrada, mineral, infinita.
Hay que irse
Carmen Gallego
Hay que irse
aunque la intemperie espere fuera;
los niños lloren, al sacarlos de casa,
o conozcan los gélidos amaneceres
del implacable cielo.
Hay que irse
antes de que la mirada del agresor,
disfrazada de paternidad,
ponga sus ojos en ti o en los hijos que tuvísteis.
Hay que irse
antes de la segunda palabra malsonante. Él no lo hará.
Ha elegido a sus presas. Las tiene cerca.
Conoce sus movimientos. No dudará. No vacilará
ni con la pistola ni con el cuchillo
Hay que irse
antes de la primera amenaza.
Antes, mucho antes
de que tu sumisión
empuñe el arma del asesino.
A una mujer afgana
Aurora Sanz
A solas con tu cuerpo,
mírate.
Si puedes, busca un espejo
y di: “soy yo,
soy yo, soy hermosa”.
En tu casa, a los que te quieren,
a tus hijos —y sobre todo
a las niñas—,
diles: “soy yo, miradme,
soy hermosa,
soy yo”.
Por las calles
(el mundo desde el resquicio
de tu rejilla),
asienta los pies en el suelo
y di para ti misma:
“soy yo, saldré de aquí.
Por fin me veréis todos.
Soy yo”.
Ese día vendrá.
Vendrá la mañana de luz.
Y dirás en voz alta
a quienes querrán oírte:
“soy yo. Soy hermosa
porque soy yo”.
Casa sin barricadas
Retrovisores
Leticia Bravo
Álvaro Bellido
Para Yolanda Álamo
No miraré atrás.
(Adiós, dolor pasado).
No quiero ser estatua de sal como la mujer de Lot.
Prefiero el mármol de Paros coronando la escalera.
A la de Samotracia elijo sin dudarlo un segundo.
Sin brazos, sin cabeza, me entrego a la corriente.
Despliego ya las alas.
Es aquí y ahora siempre.
Asómate al balcón,
baja a la calle, únete
a la muchedumbre
y grita, maúlla, salta,
desgañítate, chilla, busca
los brazos correctos,
los hombros, los afectos, el apoyo
con el que mover tu mundo.
Pero sal. Sal porque un inmueble
no es hogar si necesitas
lugares donde esconderte,
rincones que protejan.
Una, habitualmente, construye
su casa sin barricadas.
Para saberme
Paz Hinojosa Mellado
Zaida Sánchez
Para saberme
tendrá el pájaro que auscultarme
células de corteza
y palabras ocultas.
Pero el ave no escucha
el latir de mi savia
ni la sangre que bulle
ni el balbuceo de brotes
ni el rumor de raíces
en lo hondo
ni el murmullo de versos
que escondo en la tierra
porque vivo en voz baja
y escribo con susurros.
Vuela siempre con prisa
y poemas no quiere.
Busca sólo la carne
detrás de la corteza.
(Para las que mueren)
No te espero con las manos abiertas,
hasta que llegues, me decidas o me supongas.
Aguardo casi ciega, sin ser tuya,
sin ser mía, de nadie ni de nada.
Respiro quieta, sigilosa, vencida,
con un cansancio hueco,
lacerado de inviernos y de frío,
sola como nací, aterida y desnuda.
No sé qué hago sentada en esta grieta
donde mis pies se pierden.
No acierto a recordar si he muerto
y lo he olvidado, o tal vez siga viva
y ya soy yo la grieta,
abierta, desmembrada, mineral, infinita.
Hay que irse
No te necesito
Carmen Gallego
Hay que irse
aunque la intemperie espere fuera;
los niños lloren, al sacarlos de casa,
o conozcan los gélidos amaneceres
del implacable cielo.
Hay que irse
antes de que la mirada del agresor,
disfrazada de paternidad,
ponga sus ojos en ti o en los hijos que tuvísteis.
Hay que irse
antes de la segunda palabra malsonante. Él no lo hará.
Ha elegido a sus presas. Las tiene cerca.
Conoce sus movimientos. No dudará. No vacilará
ni con la pistola ni con el cuchillo
Hay que irse
antes de la primera amenaza.
Antes, mucho antes
de que tu sumisión
empuñe el arma del asesino.
Isabel Cuadrado
No te necesito, pero tú vienes,
y la vida se me hace
un poco más difícil cada día.
La playa es un desierto
de arenas estriadas
y mientras paseamos
me robas el aliento
y el amor por el mar.
Sólo quedan tu yo
y tu voz y tu paso
inundándolo todo, robándome
hasta el silencio más lejano.
“No me escuchas”,
No, ya no te escucho.
He dejado de hacerlo,
o no podría vivir.
Escrito para
algún hombre confuso
A una mujer afgana
Aurora Sanz
Fernando Sarriá
A solas con tu cuerpo,
mírate.
Si puedes, busca un espejo
y di: “soy yo,
soy yo, soy hermosa”.
En tu casa, a los que te quieren,
a tus hijos —y sobre todo
a las niñas—,
diles: “soy yo, miradme,
soy hermosa,
soy yo”.
Por las calles
(el mundo desde el resquicio
de tu rejilla),
asienta los pies en el suelo
y di para ti misma:
“soy yo, saldré de aquí.
Por fin me veréis todos.
Soy yo”.
Ese día vendrá.
Vendrá la mañana de luz.
Y dirás en voz alta
a quienes querrán oírte:
“soy yo. Soy hermosa
porque soy yo”.
Una mujer es a la tierra la luz que inunda el mundo.
Lo quebrado de todas las palabras.
La humedad del llanto y de la risa.
Nunca somos nosotros más fuertes
que el instante en que sus manos nos acarician,
ni más humanos, que cuando en silencio nos contemplan
y hacen que todo se detenga…
porque detrás de una mujer,
cualquier mujer, siempre ha de estar la vida.
Piensa en estas sencillas palabras
antes de maltratar, por serlo, a una mujer
y piensa que nunca es tuya sino sólo suya.
Guarino se siente abrumada tras el lanzamiento de este libro, que se presentó este martes en un acto celebrado en el Aula de Cultura de Fundación Cajamurcia que contó con el acompañamiento de Pilar Valero al piano, que siguió a varias de estas voces que recitaron sus poesías. «Algo que me ha parecido muy bonito es que hay prácticamente paridad entre el número de mujeres y hombres que han participado. Me alegro de que se hayan animado ellos, aunque es lógico, porque es un tema que nos atañe a todos».
‘146 voces para que nunca nadie’, con ilustraciones de Antonio Gómez Ribelles, es ese «grito desde la literatura para demostrar lo poderosa que es la palabra y la creación». El libro «toca tantos temas que es difícil que la lectora o el lector no se vea concernido durante la lectura». Un compendio que podrá ayudar a las mujeres «para que no se sientan solas y para que sepan que no hay que callar ni por miedo, ni por imposición».
«Los autores han quedado muy satisfechos y ha sido una oportunidad para muchos de implicarse incluso con sus propias experiencias. La literatura es catártica, demuestra aquí una función importante», afirma.
En esta colección se pueden encontrar «sobre todo textos poéticos, pero también hay relatos, algunos muy crudos, y monólogos trágicos». Algunos de los textos hacen referencia a mitos griegos como Medea y Ariadna. Aparecen también referentes reales como la víctima de malos tratos durante cuarenta años Ana Orantes, que fue asesinada por su marido en 1997, tras exponer en televisión su caso. Al igual que personajes históricos como Clodia, Anna Ajmátova, María Schneider, Marina Menegazzo y María José Coni.
«Las aportaciones aquí recogidas dan lugar a un crisol de perspectivas entre las que brillan la fortaleza y la resiliencia y que hacen de su conjunto un canto de esperanza por un mundo más justo en el que no tenga cabida la brutalidad»
«Las aportaciones aquí recogidas dan lugar a un crisol de perspectivas entre las que brillan la fortaleza y la resiliencia y que hacen de su conjunto un canto de esperanza por un mundo más justo en el que no tenga cabida la brutalidad, desde el convencimiento de que la sociedad ha de comprometerse de forma activa y eficaz para intentar prevenir y evitar cualquier tipo de comportamiento vejatorio», resume Rosario Guarino en el texto que introduce este compendio cuyo principal espíritu es «el compromiso con la igualdad y el afán de visibilizar una lacra social que es posible erradicar de forma pacífica combatiendo con un arma infalible: la educación, que abre la mente y permite tomar conciencia de las situaciones de injusticia y marginación, pues la ignorancia es terreno abonado para la manipulación por parte de personas sin escrúpulos que se aprovechan de aquellos que consideran más débiles y vulnerables», continúa.
En sus líneas, la editora se acuerda también de la pakistaní Malala Yusufzai, «que reclamaba el derecho a la educación de las niñas en todo el mundo en un discurso pronunciado con solo 11 años, y que casi le cuesta la vida cuando el 9 de octubre de 2012 recibió un disparo en la cabeza por parte de un pistolero talibán, como reacción a su campaña contra la destrucción de los colegios para niñas en su país. La valentía y el arrojo de Malala, superviviente del feroz ataque, le valieron la concesión del Premio Nobel de la Paz en 2014».
Valía y dignidad
No ha querido olvidar tampoco su autora a algunas de las «innumerables escritoras y escritores (ensayistas, narradores, poetas o dramaturgos) que desde la literatura han defendido la igualdad de todos los seres humanos con independencia de su sexo y condición, reivindicando la valía y dignidad de la mujer, que asombrosamente aún hoy sigue siendo discutida y puesta en tela de juicio con harta frecuencia en tantos lugares». Y cita a «Safo, Eurípides, Ovidio, Christine de Pizan, Louise Labé, Sor Juana Inés de la Cruz, Alfonsina Storni, Ángela Figuera Aymerich, Simone de Beauvoir, Gloria Fuertes, Clarice Lispector, Rosario Castellanos, Sylvia Plath, Circe Maia, Elvira Daudet, Juana Castro, Gioconda Belli o Chimamanda Ngozi Adichie».
No tanto ha cambiado desde Safo hasta nuestros días. Esto nos recuerda que cualquier paso hacia el feminismo sigue siendo necesario, como lo es ‘146 voces para que nunca nadie’.

Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Ecos contra la violencia de género