Muere a los 89 años Raúl del Pozo, referente del mejor periodismo

Muere a los 89 años Raúl del Pozo, referente del mejor periodismo

Martes, 10 de marzo 2026, 15:52

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Raúl del Pozo, referente del mejor periodismo que fue uno de los principales cronistas políticos a lo largo de las últimas décadas, ha muerto a los 89 años en Madrid, la ciudad donde desarrolló la mayor parte de una carrera tan fértil como aclamada. Nacido durante la noche de Navidad en la aldea conquense de Mariana, ejerció durante más de cuarenta años como reportero, corresponsal y enviado especial en el extranjero, dejando su impronta en un sinfín de artículos que reflejaban su carácter poliédrico y la finura de su pluma.

Del Pozo comenzó su carrera periodística en 1960, en el Diario de Cuenca, desde donde pasó al diario Pueblo, donde formó parte de una redacción legendaria en la que el humo del tabaco convivía con el machacón soniquete de las máquinas de escribir en las que nacían los mejores artículos. En los años setenta también trabajó en Mundo Obrero y en los ochenta lo hizo en la revista Interviú. Fue durante esa década cuando recibió el Premio de Periodismo Pedro Rodríguez y el Premio Francisco Cerecedo de Periodismo.

Periodista de raza, frase tan manida como adecuada resulta a la hora de describir la trayectoria de un profesional de aguda mirada, Del Pozo fue director adjunto del diario El Independiente y corresponsal de Pueblo en Moscú, Londres, Lisboa y Buenos Aires. También fue columnista de Mundo Obrero, La Calle, Interviú y Diario 16, y desde 1991 trabajaba para el diario El Mundo, donde, en 2007, recogió el testigo de Francisco Umbral al frente de la columna ‘El ruido de la calle’.

En 1999 fue distinguido con el Premio de Periodismo Francisco Cerecedo, en 2005 recibió el Premio González-Ruano y tres años después fue agraciado por el conjunto de su trayectoria con el Premio Mariano de Cavia, prestigioso reconocimiento que otorga anualmente el diario ABC. En 2009 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural y en 2017 se le concedió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha, tierra de la que fue hijo pródigo.

A Raúl del Pozo le gustaba remarcar que vino al mundo el mismo día que Cristo y Ava Gardner, una coincidencia que reflejaba, quizás como ninguna otra, la amalgama de bohemia, épica y literatura que pergeñó quien acabaría siendo uno de los gigantes del periodismo español, con presencia en tertulias de radio y televisión en las que aportaba su mirada con la misma lucidez con la que delineaba sus columnas para la prensa escrita.

La defensa de la libertad como bandera

Cronista en los años duros del franquismo, Del Pozo aportó también su aguda visión del poder en la época esperanzadora de la Transición y durante la consolidación de la democracia con un estilo punzante y brillante y un respeto máximo por los códigos del mejor periodismo. «El periodista que soy, el que era Cuco, sigue militando en la búsqueda de la libertad y del estilo. Lo hemos vivido como un verdadero tormento. El estilo, aquel punzón que usaban los antiguos para escribir en tablas enceradas o en papiros hieráticos, sigue en mi pulso, como una herramienta pesada», apuntó el día en el que recogió de manos del entonces príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón, el Premio de Periodismo Francisco Cerecedo, para avisar, a continuación, de que los periodistas debían ser «como una gaviota que sigue las estelas, con capacidad de vuelo, con cartílago de acero, de carne amarga, sin caer en la trivialidad o en cotorreo».

«Sobre todas las cosas me conmueve la libertad, sin la que no puede resollar un periodista», decía por aquel entonces Del Pozo, quien además del periodismo cultivó la literatura con novelas como ‘Noche de tahúres’, ‘No es elegante matar a una mujer descalza’, ‘Los reyes de la ciudad’, ‘La diosa del pubis azul’ o ‘El reclamo’, una obra esta última con la que mereció el Premio Primavera de Novela en 2011.

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