
Ni la Virgen del Primer Dolor, ni la del Amor Hermoso. La virgen más piropeada de Cartagena es la Soledad del Monte Calvario. «Guapa, guapa … y guapa» a rabiar, los vecinos de Santa Lucía, Los Mateos y Lo Campano no fallaron a la cita con la madre que a todos les une. Este domingo, lució radiante el sol para iluminar el rostro pálido de esta talla. Compungida, herida y de negro luto, sus más fervorosos seguidores convirtieron su regreso al Calvario en un camino sembrado de flores.
Mientras algunos acompañaron a la Cofradía e hicieron acto de fe desde buena mañana en la misa de las nueve, los alrededores de la carretera de acceso a la terminal de contenedores del puerto se llenaron de coches. Y es que hubo también los que, siendo más senderistas que devotos, adelantaron el trabajo y se llevaron las manos a las rodillas para salvar las empinadas laderas y aguardar a la virgen ya desde la cima.
Abriendo paso estuvieron los incondicionales percusionistas de La Buena Unión de Los Mateos. Bajo andas, 24 sufridas portapasos guiaron con la ayuda de dos cabos el trono de la reina y señora de la barriada. Todas ellas bajo la atenta mirada del hermano mayor, José Antonio García. Pendiente hasta el último detalle, este año estuvo acompañado por la concejal Beatriz Sánchez del Álamo (Vox) y el portavoz del PSOE, Manuel Torres. Este último habitual de todas las romerías como buen vecino de Santa Lucía.
Los romeros culminaron todo el camino hasta la falda del monte en un recorrido no exento de emotivos momentos. La primera estación que hizo el trono antes de iniciar el Vía Crucis fue frente a la casa de Juan Quirós. El escultor cartagenero abrió, como suele hacer, las puertas de su domicilio, cuyo balcón engalanó con el pendón celeste de la Cofradía. Desde allí, arrojaron sobre la virgen una petalada de flores blancas, rojas y amarillas. Instante que aprovechó el hermano mayor para pedir por los difuntos de la Cofradía, los enfermos que guardan cama en el hospital y por la paz en un mundo convulsionado por la guerra en Oriente Próximo. Tras rezar un Ave María y un Padrenuestro, un cofrade colocó entre las manos de la madre un pequeño ramillete.
No serían los únicos exornos que recibiría la imagen. Al paso por la barriada Santiago y por Lo Campano, las familias salían a las puertas de sus casas y abrían sus ventanas de par en par para observar el lento deambular del cortejo. Mamás y abuelas, algunas incluso con los ojos llorosos de la emoción, no pudieron resistirse a pedir a las romeras que detuvieran el paso para entregar más flores con las que adornar la trasera del trono y también para que los más ‘peques’ pudieran acercarse a la virgen y fueran bendecidos con el roce de su manto.
La romería no se olvidó tampoco este año de los más mayores. El microbús les aguardó a todos ellos junto a la entrada al cementerio de Los Remedios, y allí, pasado Lo Campano, subieron cómodos y sentados las empinadas cuestas. En este punto, los tamborreros de Los Mateos rompieron filas tras interpretar el himno de España como última nota de su repertorio.
Todo transcurrió así sin percances de relevancia. Apenas hubo un pequeño susto en la carretera de acceso al puerto. Cortada por la Policía Local, una ambulancia que se dirigía de urgencia al Santa Lucía estuvo a escasos minutos de coincidir con el paso del cortejo. Asimismo, el viento, que sopló del noroeste, obligó en algunos momentos a detener el trono para recolocar el manto a la virgen y que la talla siguiera luciendo especial en su día grande.
Culminado el primer repecho, los hombres tomaron el relevo a las féminas bajo andas para afrontar cuesta arriba las diez estaciones de penitencia hasta la blanca y recién remozada ermita. Con la madre de vuelta en casa y un tiempo la mar de apetecible, hubo tarde por delante para comer y festejar. También espacio de sobra gracias a la nueva zona de pícnic recién habilitada en las últimas semanas por la Cofradía.
Tropiezos por los baches en la carretera de Lo Campano
No pocos habituales de la cita echaron en falta un refuerzo de la limpieza y arreglos en el recorrido de la romería. A la basura y escombro que se acumula en zanjas y ramblizos, se sumó el mal estado de la carretera de Lo Campano. Si bien la acera está casi nueva a la altura de la barriada Santiago, su estado deja mucho desear metros adelante. El asfalto tampoco está mejor. Tanto a la entrada por la gasolinera como en el tramo final junto al cementerio, el firme está cuarteado, con sinuosas grietas, y presenta no pocos baches, alguno de ellos profundo. Uno de estos fue el disgusto del día para una señora mayor que acudió a acompañar a la virgen. El traspiés le fastidió la mañana y terminó la romería en compañía de un policía que no se separó de ella y de su condolida rodilla hasta que sus familiares pudieron recogerla.

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Enlace de origen : Un baño de flores y piropos para la señora del Calvario en Cartagena