Es una tragedia «pero te tienes que reír». Este mantra, que más de uno aplica en su vida cotidiana para sobrevivir a situaciones indecibles, sirvió hace ya unos años a la compañía teatral Las Niñas de Cádiz para armar los cimientos de ‘El viento es salvaje’, que este miércoles llega al Festival de Teatro de Invierno de San Javier (Parque Almansa, 21 horas, con descuento del 20% en Oferplan). Reconocida en 2020 con el Premio Max al Mejor Espectáculo Revelación, ‘El viento es salvaje’ «nace de la investigación teórica sobre la tragedia griega y de una búsqueda de historias en nuestras vidas, presenciadas o escuchadas. Así surgió una fábula en la que el viento gaditano de Levante es un personaje más. Un viento salvaje que arrastra y enloquece, que aniquila a los seres humanos y los convierte en marionetas arrastradas por la locura». Así lo explica la actriz y directora de la obra, Ana López Segovia, que recuerda que el título es «un homenaje a la bellísima canción ‘Wild is the Wind’, versionada por autores como David Bowie y Nina Simone».
Las Niñas de Cádiz reinterpretan aquí la tragedia clásica de Eurípides, y desempolvan las figuras de Fedra y Medea con una carcajada sanadora, necesaria y cada vez más acorralada. «Vivimos en una época durísima, con tragedias reales. Creo que también hay un empeño en asustarnos y en ponernos mal cuerpo», asegura López Segovia, que dirige la obra con la colaboración de José Troncoso y también pisa las tablas en compañía de Alejandra López, Teresa Quintero, Alicia Rodríguez y Rocío Segovia. «Enciendes la televisión, ves el telediario y hasta los anuncios te hablan de alarmas para protegerte en casa. ¡Alarma, alarma! Parece que la risa está un poco proscrita. Nosotras reivindicamos la risa como un acto de rebelión, de insumisión, de transgresión».
Tal y como explica López Segovia, ‘El viento es salvaje’ es también «la herencia de la tierra de la que venimos, y a la que siempre volvemos: Cádiz, donde aprendimos que en toda historia terrible hay una paradoja que puede llevar a la comedia; y, al contrario, en todo arranque de humor hay siempre un fondo trágico».
«En toda historia terrible hay una paradoja que puede llevar a la comedia, y al contrario», asegura la actriz y directora Ana López Segovia
Además, la obra encierra «una reflexión, lúdica y ‘jonda’ a la vez, sobre la suerte. Sobre los celos y la culpa, las pasiones y los amores prohibidos. Muchos de los grandes temas de la tragedia están presentes en nuestra obra: el enfrentamiento del ser humano con la divinidad, en un pulso que sólo puede conducir a la destrucción de los seres más queridos por haber osado cuestionar a los dioses; el destino inevitable de las heroínas, arrastradas por pasiones que siempre vencen a cualquier razonamiento; el mensajero que trae consigo solo noticias aciagas; la voz del pueblo, que observa expectante, y que comenta en voz alta la debacle de las dos amigas, la destrucción de dos vidas que parecían sólo una».
No es la primera vez que Las Niñas de Cádiz le dan una vuelta de tuerca humorística al mundo griego. «Nosotras tenemos la experiencia anterior de haber trabajado con Lisístrata, que es una comedia grecolatina, una comedia de Aristófanes. Pero claro, las comedias sí sabemos cómo acometerlas. Pero dijimos: ‘¿y cómo haríamos una tragedia?’ Porque todos sabemos que el humor y el llanto van siempre unidos de la mano, no son cosas que estén separadas en el fondo, ¿no? Aquí nos dejamos asesorar por el director y dramaturgo José Troncoso, e hicimos un taller con él sobre tragedia. De ese taller nació un texto que escribí y nació una propuesta escénica. Aquí también aparecen los dioses que se rebelan contra la humanidad. Pero, en ‘El viento es salvaje’, aparecen otros dioses, incluso ‘telúricos’ como, por ejemplo esa especie de divinidad que en Cádiz y en otras zonas de España representa el viento. Cuando el viento de Levante se despierta y sopla fuerte en Cádiz, por ejemplo, parece que influye en las cabezas de las personas y algunas se trastornan. Pero el público lo lee todo esto en clave de comedia. Por eso, un público neófito que no haya visto nunca tragedia griega se harta de reír; y un público a lo mejor más versado en estos temas también sabe reconocer cuánto hay de tragedia griega, de cultura, de referentes literarios…».
–¿Como cuáles?
–Calderón de la Barca, San Juan de la Cruz, Lorca… La tragedia lorquiana también está presente en este texto. Pero todo ello, insisto, a través del humor. Es un espectáculo que tiene muchas capas y yo creo que por eso funciona tan bien. En las funciones vemos un público muy heterogéneo.
Sonrisas y lágrimas
La obra ha recorrido en estos años media España y parte de la otra. Incluso ha saltado el ‘charco’ y se ha disfrutado «hasta en Latinoamérica», anota orgullosa López Segovia, que sigue disfrutando de las risas y las sonrisas mezcladas con las lágrimas que provoca este viento tan salvaje como duradero, que ya ha superado el lustro de vida. No es solo una ráfaga pasajera. «El principio de la trayectoria de este espectáculo fue a finales de 2020 y principios de 2021, nos pilló en plena pandemia. Y era muy emocionante ver al público que se acercaba después de la función con lágrimas en los ojos. Como diciendo: ‘Dios mío, cómo necesitábamos reírnos’. Había gente que también había vivido experiencias muy duras y se acercaba con la sonrisa en la boca y las lágrimas en los ojos para darnos las gracias».
Con un texto íntegramente en verso y una escenografía mínima dentro de una austeridad buscada de manera «consciente», Las Niñas de Cádiz se muestran al público con la única defensa de su interpretación y su empeño por fusionar lo culto con lo popular. Y recordando siempre que, igual que la vida no se entiende sin la muerte y viceversa, la tragedia y la comedia forman parte del mismo viento, de la misma vida salvaje que nos ha tocado vivir.
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Enlace de origen : «Reivindicamos la risa como acto de insumisión»