Paul Thomas Anderson recordó al recoger el Oscar a mejor película que en 1975 compitieron por el mismo galardón clásicos como ‘Barry Lyndon’, ‘Tarde de … perros’, ‘Nashville’, ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ y ‘Tiburón’, cuyo autor, Steven Spielberg, le aplaudía desde el patio de butacas. Esa etapa del Nuevo Hollywood es la que mamó y venera el director de ‘Una batalla tras otra’, que a los 55 años se consagra después de 14 nominaciones.
Cine adulto, político, sin concesiones, que en esta crónica de un padre y una hija activistas en una América histérica, donde los emigrantes son encarcelados, merece seis estatuillas de la Academia: mejor película, dirección, guion adaptado, montaje, casting y actor de reparto para Sean Penn. Que la noche iba a ser la de ‘Una batalla tras otra’ se empezó a intuir cuando Anderson logró la estatuilla al mejor guion adaptado. Se lo agradeció a Thomas Pynchon, el novelista que le inspiró una película que, expresó, ha hecho para sus hijos. «Lo siento mucho por el desastre de mundo que les dejamos, pero espero que ellos puedan aportar sentido común y decencia», confió el autor de ‘Magnolia’.
Ryan Coogler, director de ‘Los pecadores’, obtuvo el Oscar al guion original, pero evitó cualquier matiz político en su discurso de agradecimiento. La cinta de vampiros y reivindicación racial a ritmo de blues partía con un récord de nominaciones, 16, y al final se llevó cuatro. Premió, por primera vez, a una directora de fotografía: Autumn Durald Arkapaw. Su protagonista, Michael B. Jordan, visto en la saga ‘Creed’ y ‘Black Panther’, con un doble papel de gemelos, arrebató la gloria a Timotheé Chalamet y Leonardo DiCaprio. La actriz y cantante irlandesa Jessie Buckley era favorita en las quinielas por su papel de sufrida esposa de Shakespeare en ‘Hamnet’ y así fue.
La esperanza española residía en ‘Sirat’, que aspiraba a dos estatuillas. La de mejor sonido fue para ‘F1’, perdiendo la oportunidad histórica de premiar al primer equipo íntegramente femenino nominado en la historia de los Oscar, formado por Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas. El director Oliver Laxe tampoco pudo hacer nada frente a ‘Valor sentimental’, que con nueve nominaciones estaba cantado que se iba a llevar el Oscar internacional.
Jessie Buckley fue la mejor actriz protagonista por ‘Hamnet’.
La noche comenzó de maravilla con Conan O’Brien pletórico de energía y gracia. El presentador, travestido en la Tía Gladys de la cinta de terror ‘Weapons’, se introdujo en las películas nominadas en uno de esos vídeos espectaculares que solo saben hacer en los Oscar. Tras pullas a Timotheé Chalamet a cuenta de sus desafortunadas declaraciones sobre la escasa relevancia del ballet y la ópera, O’Brien la tomó con Ted Sarandos, el capo de Netflix, felicitándole por pisar por primera vez una sala de cine: «Él prefiere que estemos en casa, así puede monetizarlo». Antes de dar paso a los premios, realizó algo así como una advertencia para que los premiados se ciñeran a lo artístico en sus agradecimientos.
Javier Bardem no le hizo caso y apareció en la alfombra roja con la misma pegatina del ‘No a la guerra’ que llevó en 2003 en la gala de los Goya y un pin de Handala, un personaje creado por el caricaturista político Naji al-Ali que se ha convertido en símbolo de la identidad de los palestinos. «No a la guerra y Palestina libre», soltó el actor español antes de leer los nominados a película internacional y que subiera el noruego Joachim Trier. «Los adultos somos responsables de los niños. No votemos a los políticos que no se toman en serie esto», rogó el director de ‘Valor sentimental’.
Javier Bardem lució una pegatina del ‘No a la guerra’.
El presentador Jimmy Kimmel introdujo el segmento más político al entregar los Oscar documentales. Bromeó sobre la falta de libertad de expresión «en Corea del Norte y la CBS», mientras el director de ‘Mr. Nobody contra Putin’ alertó sobre la deriva autoritaria en Estados Unidos. Kimmel ironizó sobre Trump al recordar que el documental sobre su mujer, ‘Melania’, no estaba nominado. El chiste más sangrante corrió a cargo de O’Brien: «Es la primera vez desde 2012 que no hay actores británicos nominados como protagonistas. Un portavoz británico dijo: ‘Bueno, al menos nosotros arrestamos a nuestros pedófilos’».
Amy Madigan fue la mejor actriz de reparto por dar vida, precisamente, a la tía Gladys en ‘Weapons’, un papel de tan solo 11 minutos. Era su segunda nominación tras la que recibió en 1986, hace la friolera de 40 años, por ‘Dos veces en una vida’. Desde la butaca, su eterno esposo, el gran Ed Harris, sonreía feliz. La mejor película de animación estaba cantada y no la hemos disfrutado en salas, sino en Netflix: ‘Las guerreras K-Pop’. Es la cinta más vista en la historia de la plataforma, que incluso la estrenó en cines en EE UU tras programarla ‘on line’ y fue número uno.
Tan sólo el espectacular número musical de ‘Los pecadores’, recreando la secuencia del filme con decenas de artistas en el escenario, demostró el poderío de producción de la gala, que funcionó como un reloj. Ahí es nada sorprender con la mítica Anna Wintour para entregar los Oscar de vestuario y maquillaje, que fueron para el ‘Frankenstein’ de Guillermo del Toro (también de Netflix), que también logró el de diseño de producción. Por primera vez en los 98 años de historia de los Oscar, se recompensó la mejor labor de casting, que recayó en Cassandra Kulukundis por ‘Una batalla tras otra’.
Sean Penn estaba en Ucrania y no apareció para recibir su tercer Oscar (de reparto) por ‘Una batalla tras otra’, en la que roba todas las escenas en las que aparece como el villano de la función, un coronel del Ejército obsesionado con la pureza de Estados Unidos. Un feroz cancerbero en un centro de detención de inmigrantes que el actor encarna musculado y ajado al mismo tiempo.
Hubo bromas sobre el futuro del cine y las segundas pantallas en las que hoy se ven las películas. YouTube, que retransmitirá los Oscar en 2029, también recibió. Y el ‘In Memoriam’, que repasa los fallecidos del año, fue muy especial, porque Billy Crystal se detuvo en recordar a su viejo amigo Rob Reiner y su mujer Michele Singer, asesinados por su hijo. Y más de una veintena de actores de sus películas aparecieron cogidos de la mano en el momento más emocionante de la noche y de las últimas ediciones de los premios. Por supuesto, hubo aplausos con los dioses que se nos han muerto este año: Diane Keaton, Robert Duvall, Gene Hackman, Robert Redford… Se olvidaron de Brigitte Bardot.
Casi 60 años después de su debut en los Oscar, Barbra Streisand recordó al «cowboy intelectual» con el que trabajó en ‘Tal como éramos’. Y cantó, por supuesto, una estrofa de ‘The way we were’ poniendo el vello de punta a los mil millones de espectadores que veían la gala.

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Enlace de origen : Los Oscar saldan su deuda con Paul Thomas Anderson
