Define el dramaturgo argentino Claudio Tolcachir a Helen Martins, el personaje que inspira la obra de teatro ‘Camino a La Meca’, como «un ser que … persigue el deseo, la luz de la inspiración que no corresponde a ninguna edad ni a ninguna generación. Alguien que prefiere las preguntas a las certezas, que valora su libertad y su autonomía enfrentando a su tiempo y al mundo que la rodea». Palabras que podrían estar hablando también de la actriz que ahora da vida a Helen Martins, la vallisoletana Lola Herrera (1935), que continúa celebrando su extenso idilio con los teatros. Un romance que comenzó hace tiempo, una relación a la que han sido invitados diversos personajes, y que cuenta con momentos muy especiales. Como aquel 26 de noviembre de 1979, cuando estrenó en el Teatro Marquina de Madrid el monólogo de Miguel Delibes ‘Cinco horas con Mario’, con el que obtuvo el mayor éxito de su carrera y recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. Así comenzó un estrecho lazo con el personaje de Carmen Sotillo, que continuó interpretando durante cuatro décadas en diferentes periodos, marcando un hito en la escena teatral del país.
De Sotillo se despidió en 2022, pero su romance con las tablas continúa. Este viernes protagonizará ‘Camino a La Meca’ a las 20.30 horas en el Auditorio El Batel de Cartagena. La obra del dramaturgo sudafricano Athol Fugard traslada al escenario la historia real de la escultora sudafricana Helen Martins. En el pequeño pueblo de Nieu-Bethesda, Sudáfrica, la artista ‘outsider’ creó, tras enviudar, un jardín extraordinario lleno de esculturas y objetos de vidrio, que es conocido como ‘The Owl House’ o ‘La Casa del Búho’. En él, sus figuras miran hacia La Meca. Estrenada en 1984, Esta obra explora temas como la creatividad, la libertad personal y la opresión social, especialmente en el contexto de la Sudáfrica del ‘apartheid’. Aunque Martins nunca viajó a La Meca, su obra reflejaba su anhelo espiritual y su búsqueda de significado, un camino hacia un lugar sagrado. El montaje que pone en pie Claudio Tolcachir, y que el verano pasado se pudo disfrutar en el Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier, es una reflexión sobre el aislamiento, la lucha interna y el conflicto entre seguir las expectativas que la sociedad deposita en ti o perseguir los propios sueños y deseos. «Me fascina la historia de esta mujer que tuvo una vida difícil. Viviendo en un pueblo pequeño, se apartó de la Iglesia, realizaba unas esculturas extrañas y nadie la entendía. Ella optó por su libertad, por hacer lo que quería, después de haber estado muy atada a lo largo de su vida», cuenta la actriz, que define a este personaje como «maravilloso».
Algo mágico
Pero Helen no está sola en esta historia, le acompañan en escena otros dos personajes. Por un lado Marius, el clérigo del pueblo, a quien da vida Carlos Olalla y que presiona a Helen para que deje su casa y se mude a una residencia. En la otra cara de la moneda, Elsa Barlow, una maestra y amiga cercana de Helen, más joven que ella, que viaja desde la capital para apoyarla en su lucha por la independencia: «Hay una complicidad entre ellas por ese deseo de libertad», dice sobre el personaje al que da vida su hija, Natalia Dicenta.
«Cuando salimos al escenario a interpretar personajes, la familiaridad queda fuera. Lo que sí es verdad es que tengo enfrente a una actriz a la que conozco mucho. Otras veces ocurre que tienes a gente a la que no conoces tanto, pero conocer a quién tienes delante siempre sirve a la hora de trabajar», cuenta sobre un hecho extraordinario, que madre e hija trabajen juntas, aunque no insólito, pues, como recuerda la actriz, «hacía 20 años que no trabajábamos juntas. Lo último fue ‘Solas’ [adaptación teatral de la película de Benito Zambrano] y ahora hemos vuelto a coincidir», indica, restando importancia a este hecho. «No puedo entender que haya actores que prefieran que sus hijos no se dediquen a la interpretación. Entiendo que alguien que no conoce este mundo tenga dudas por desconocimiento, pero no lo entiendo de quien sabe lo mágico que es ese ejercicio de salir de ti para ser otro», asegura quien sigue enamorada de su profesión: «Para vivir hay que trabajar y, si tienes la posibilidad de elegir lo que te apasiona, el camino es más fácil. Esta es una profesión dura y con muchas dificultades, pero ella lo eligió desde muy pequeña; tenía aptitudes especiales y se ha preparado a lo largo de muchos años. Se ha formado más que yo, que soy autodidacta».
«Yo creo que todos los seres humanos somos un poco actores; es algo que llevamos dentro. Hay mucha gente que se pasa la vida representando no uno, sino varios papeles», considera la vallisoletana, quien, además de poder presumir de una amplia trayectoria teatral, ha realizado decenas de personajes en cine y televisión. Entre sus papeles más destacados y prolongados en la pequeña pantalla, el de Carmen Arranz, directora de la popular academia de baile de ‘Un paso adelante’ (Antena 3), donde compartió reparto con Miguel Ángel Muñoz, Beatriz Luengo y Mónica Cruz. «Hay algo natural en esto: te gusta y encuentras el camino porque también es intuición. Es saber escuchar, estudiar el texto, tener un director que te oriente y compañeros con los que compartir», indica sobre el valor del trabajo colectivo en el teatro.
Arriba, Carlos Olalla y Lola Herrera en una escena de ‘Camino a La Meca’, obra dirigida por Claudio Tolcachir; abajo, Natalia Dicenta y Lola Herrera, que son madre e hija fuera del escenario y amigas en la ficción teatral.
Pentación
Aprendizaje
«Indudablemente, cuanto más preparado estés para cualquier profesión, mejor, pero yo pertenezco a una época determinada en una capital de provincias donde no tenía acceso a esa formación», recuerda la artista, ganadora del Premio Max de Honor en 2016 y el Premio Talía de Honor otorgado por la Academia de las Artes Escénicas en 2023, que se estrenó en el oficio en 1953 con la película ‘El pórtico de la gloria’ (Rafael J. Salvia). «Después, fui aprendiendo con los grandes maestros y directores con los que he trabajado. Todos te aportan algo», continúa y aprovecha para elogiar la labor de Claudio Tolcachir en este montaje: «Es absolutamente maravilloso. Yo quería trabajar con él desde hace muchos años, porque lo vi en Buenos Aires dirigiendo ‘Agosto’ y otras cosas que hacía en su propia academia y me quedé prendada de ese talento. Tengo la suerte de trabajar con él». Por su parte, el argentino no se queda corto en halagos hacia la protagonista de esta propuesta. «Me enamoré de Lola Herrera encuentro tras encuentro. Fascinado con su carisma, conmovido por su lucidez, alucinado por su curiosidad y su deseo», dice en el texto del programa de mano de esta obra de teatro producida por Pentación.
«Cuando salimos al escenario a interpretar personajes, la familiaridad queda fuera»
«Hay una fiebre mundial con la juventud. Y todo el mundo ha sido joven antes de ser viejo. Es una etapa que, como siempre digo, dura solo un ratito; cuando quieres darte cuenta, ya ha pasado. Sin embargo, la verdadera juventud está en el carácter, en la manera de entender la vida y en cómo te desenvuelves en ella. Ahí es donde puedes no ser nunca viejo ni vieja: manteniendo la curiosidad, las ansias de luchar por algo y la vitalidad. Hay gente muy joven que está muerta en vida, pero también hay gente mayor que siempre tiene sueños. Yo me incluyo. Soy una mujer con la cabeza bastante rejuvenecida porque siento curiosidad por todo», alega la artista, que denuncia el edadismo. «En el teatro está más aceptado que estés; pero la vejez, en general, no está bien vista en la sociedad en la que vivimos. No está valorada, ni se le ayuda. A mí me parece horrible, y no porque yo sea mayor, sino porque siempre he adorado a mis mayores y a los que no son míos. Tengo amigos que encuentro tan valiosos y con una cabeza tan joven, que realmente me parece una estupidez. Es una frivolidad la sociedad en la que vivimos. Ahora hay muchísima clasificación. Te clasifican por muchas cosas, pero una de ellas, sin duda, es por la edad», considera.
«Esta sociedad va hacia unos derroteros que ignoramos todos, pero a unas velocidades vertiginosas. No me preocupa el mañana, porque mi mañana está ahí cerca», dice Herrera, aterrada por «la injusticia de este mundo». «Lo que está pasando, por ejemplo, en Gaza, no tiene nombre, es una vergüenza. Y lo que está pasando ahora con la guerra. A este señor se le ha ocurrido montar una guerra porque un amigo suyo quería una guerra. Que quien preside Estados Unidos, como él dice, el país más importante del mundo, juegue a las canicas con la guerra es un despropósito», opina sobre la situación política internacional.
«Que quien preside Estados Unidos, como él dice, el país más importante del mundo, juegue a las canicas con la guerra es un despropósito»
La actriz, que nunca ha dudado en posicionarse políticamente y ha participado en luchas como la primera huelga de actores en España de 1975, un gran paro del sector teatral contra el franquismo, considera que «los actores, como cualquier ser humano, pueden hacer lo que les dé la gana; pero uno, por ser actor, no tiene por qué actuar de una forma determinada. Yo, antes que actriz, soy persona. Como ciudadana que vive en una democracia tengo el derecho a manifestar lo que me apetezca. Es cierto que los actores han roto filas en muchas cosas y, en el ‘No a la guerra’ anterior [protestas contra la invasión de Irak en 2003], la profesión jugó un papel importante pero, en general, somos un grupo más. Yo creo que el ‘No a la guerra’ tendría que estar en la cabeza de todos los que no quieran la violencia y opten por el diálogo», concluye.

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Enlace de origen : Lola Herrera: «Hay una fiebre mundial con la juventud, cuando solo dura un ratito»