Javier Castillo Fernández
Director del Archivo General de la Región de Murcia
Sábado, 21 de marzo 2026, 01:04
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Cuenta la tradición que en la noche del 4 de marzo de 1851, Martes de Carnaval, un grupo de jóvenes murcianos que estudiaban en Madrid y estaban de vacaciones en su ciudad natal se reunieron, como de costumbre, en la rebotica de la farmacia de D. Ignacio Rubio, sita en la calle Vidrieros del castizo barrio de San Antolín. Y allí decidieron emular la parodia del desfile fúnebre del Entierro de la Sardina, que se celebraba a orillas del río Manzanares y que ese año se había prohibido. Para ello se disfrazaron de disciplinantes, con capuchones negros y antorchas, formando una tétrica comitiva acompañada con una música lúgubre. En ella también formaban filas de hombres con trajes y capas de huertanos portando un féretro con una sardina, que recorrió las calles de aquel barrio hasta que fue quemada en una pira formada con los propios hachones.
Carroza Neptuno (1950).
BRMU
Esta mojiganga tuvo tal éxito popular que se repitió en años sucesivos. Las primeras crónicas coetáneas de las novedosas fiestas son de 1854, año en que la humorada inicial ya se había ampliado de forma notable. El primer día de carnaval salió un cortejo de burgueses, a pie y en caballerías, disfrazados de tipos de la huerta en la que uno de ellos leía un humorístico y disparatado pregón de buen gobierno, ridiculizando su supuesta forma de hablar: el antecedente de lo que al poco se conocería como el Bando de la Huerta. Al día siguiente se leyó y desfiló el llamado Bando del Casino (el antecedente del Testamento de la Sardina). Y en la tarde del tercer día, en medio de una ciudad adornada con telas de luto, atravesó una lucidísima cabalgata compuesta por grupos disfrazados, gastadores con enormes utensilios de cocina, comparsas de patos, un grupo de druidas, gigantes, bandas de música tocando marchas fúnebres, cien jinetes con trajes de época, carruajes adornados y doscientos hachoneros vestidos con túnicas blancas, grandes capuces y antorchas. Desfile que incluía cuatro carrozas de temas principalmente marinos, entre la que destacaba un carro mortuorio de la Sardina.
El gran cambio: dioses y héroes del Olimpo
A mi entender fue la edición de la mascarada murciana de 1859 la que sentó las bases temáticas de lo que a partir de entonces sería el desfile del Entierro. Organizado por el Casino, «con el lujo y buen gusto que este establecimiento tiene de costumbre» a decir de un tabloide madrileño, se celebraba el octavo aniversario del desfile. Y como ya notó Luis Valenciano «ahora no se trata como en 1854 de la caricatura de un entierro sino de una compleja cabalgata». Mientras que en los desfiles anteriores dominaban las carrozas y comparsas de tema fúnebre y marinero (góndolas, bergantines…) en alusión a la acuática condición de la difunta, aunque ya aparecían algunas de dioses paganos como Neptuno y Vulcano, es a partir de ahora cuando las carrozas con divinidades del Panteón clásico pasan a ser mayoría, pues además de las indicadas salen las de la diosa Aurora, Baco o el Destino y las tres Parcas. En años sucesivos surgirían las de Venus, Plutón, Mercurio y otras deidades y héroes clásicos, fijándose esta temática de mitología greco-latina que ha perdurado de forma mayoritaria -aunque no exclusiva- en los grupos sardineros hasta nuestros días. Es interesante recordar que justo el año anterior, 1858, el desfile del recién renovado carnaval de Nueva Orleans había tenido como motivo el de los dioses del Olimpo.
‘El Mundo Pintoresco’, la famosa revista ilustrada editada en Madrid, publicó en abril de ese año de 1859 las que son las más antiguas imágenes de las carrozas del Entierro murciano, debidas al por entonces desconocido pintor Domingo Valdivieso y que, ahora y de nuevo, vuelven a salir a la luz.
Las fiestas populares absorben y reinterpretan elementos de distinta procedencia. Las cabalgatas con carrozas triunfales y alegóricas, de inspiración clásica, no eran extrañas al gran público.
Influencias de ida y vuelta
En Murcia, como en otras ciudades, existía una larga tradición de suntuosos desfiles cívicos con motivo de proclamaciones de reyes, natalicios de príncipes o victorias militares, y de complejas y exquisitas procesiones religiosas, como las del Corpus Christi (Rafael Sánchez acaba de mostrarlo en su reciente libro sobre teatro, arte y parateatro en la festividad murciana del XVII) o los artísticos y barrocos desfiles pasionales de la Semana Santa. La diferencia, a partir de mediados del XIX, es que por primera vez la fiesta en la calle se organizaba y financiaba por la sociedad civil, no desde los poderes político o religioso.
El fenómeno del Entierro de la Sardina madrileño, en su forma de parodia de un cortejo fúnebre finicarnavalero, no solo se recreó en Murcia, donde triunfó con signo propio y distintivo desde 1851, sino que se extendió por el resto del país, celebrándose en otras ciudades como Sevilla (1857), Logroño (1858), Córdoba (1860) o Ceuta (1865), a pesar de -o precisamente azuzado por- las críticas de los sectores clericales y conservadores. De tal modo que devino en un signo de expresión de libertad y de desenfrenada confrontación de los progresistas con la Iglesia, los sectores conservadores y la prensa neo-católica, que clamaban por su prohibición.
‘El Mundo Pintoresco’ publicó en abril de 1859 las imágenes más antiguas de las carrozas del Entierro murciano, debidas al por entonces desconocido pintor Domingo Valdivieso, que hoy vuelven a ver la luz en LA VERDAD
Si de Madrid se trasladó a Murcia el nombre y el concepto inicial, es muy posible que el añadido de la cabalgata y el desfile de carrozas artísticas se inspirara en el que por entonces era el carnaval más famoso de España: el de Barcelona. Surgido en el popular barrio de El Borne hacia 1840, evolucionó de forma espectacular impulsado por asociaciones y grupos de la élite económico-social. Su principal evento era la mascarada del Entierro del Carnaval, con decenas de comparsas y carrozas decoradas y alegóricas, a la que precedía la proclamación de un humorístico bando dirigido a la población y a la que, desde 1857, se le añadió la farsa de su recepción en el puerto. Como se ve, algunos de los elementos que también estarían presentes en el carnaval de Murcia.
Pero el éxito de la mascarada murciana también generó versiones de su desfile en localidades de su entorno. Así en 1862 fue prohibido en Lorca un denominado ‘Bando del carnaval’ y en 1867 y 1869 se celebraron en Albacete desfiles del Entierro de la Sardina, con un esquema muy similar al de Murcia (que precisamente no salió esos años). Pero también los hubo en Cehegín (1870), Alhama de Murcia (1881) e incluso el barrio Peral de Cartagena celebraba hacia 1901 un Entierro y testamento de la Sardina.
La «época dorada» (1876-1879)
Durante la segunda y gloriosa etapa del carnaval murciano las celebraciones se recargaron y ampliaron temporalmente. Se estableció un extenso ciclo de bailes de disfraces, lujosas cabalgatas y desfiles de artísticas carrozas y variadas comparsas que comenzaban el mismo día de Reyes (como desde 1870 sucedía en Nueva Orleans), se prolongaban durante La Candelaria (2 de febrero) y culminaban con la comitiva de recepción de la Sardina (que llegaba en tren, supuestamente desde Cartagena) y los desfiles del Bando de la Huerta (domingo de Carnaval por la mañana), del Testamento (lunes por la mañana) y del Entierro de la Sardina (martes noche), concluyendo las celebraciones justo antes del Miércoles de Ceniza, cuando comenzaba la Cuaresma. Este primer resurgir de la fiesta se vería cercenado de forma abrupta por las terribles consecuencias económicas y sociales de la Riada de Santa Teresa.
Del carnaval a las Fiestas de Primavera
Tras veinte años desaparecido, y varios intentos infructuosos de revitalizarlo, fue en 1899 cuando se recuperó el Entierro de la Sardina. Pero al demorarse los preparativos no estuvo a punto para el carnaval, por lo que se decidió realizarlo después de la Semana Santa. Esta circunstancia coyuntural tuvo fortuna, sin duda impulsada por las fuerzas conservadoras que conseguían desligarlo del pagano carnaval, alegando además que tenía más sentido enterrar la sardina tras la Cuaresma. Junto a las procesiones religiosas y al renacido Bando de la Huerta, y con el añadido de la Batalla de las Flores (inspirada en la del famoso carnaval de Niza), tomaban carta de naturaleza las nuevas «Fiestas cívico-religiosas de Primavera», que han perdurado hasta hoy; quedando circunscrito el Entierro a un único día, despojado ya de la serie de desfiles y bailes de carnaval que comenzaban el día de Reyes.
La originalidad del Entierro de Murcia
El éxito del desfile del carnaval murciano radicó, además de en la calidad artística y variedad de sus carrozas, comparsas y disfraces, en varios signos distintivos. El primero, ser un desfile nocturno y fantasmagórico, iluminado por «hachas de viento» (gruesas antorchas de esparto con alquitrán, resinas y cera que resistían al viento sin apagarse) y por «luces de Bengala» (un novedoso fuego artificial de origen hindú que ardía lentamente y emitía chispas de colores). Hachoneros y chisperos que inevitablemente nos recuerdan a los flambeaux de Nueva Orleans. Otro elemento singular es que la efigie de la sardina no se enterraba, como en Madrid, sino que era quemada en un lujoso catafalco, concluyendo la fiesta con vistosos fuegos artificiales. Una «apoteosis» (como se le denominaba a finales del s. XIX) de fuego con ecos de las vecinas fallas de Valencia y fogueres de Alicante.
Por último, destaca el reparto de regalos entre el público, ya presente desde sus inicios en forma de «versos, dulces y flores [lanzados] a las bellezas que en los balcones contemplan en delicioso éxtasis el brillante cuadro». La distribución gratuita de todo tipo de objetos y juguetes (antiguamente de metal, cartón, barro y madera; luego de plástico) fue ganando en importancia y actualmente es una de las mayores peculiaridades, casi catárticas, del Entierro. En todo caso es interesante notar que en la mayoría de las celebraciones populares del ciclo festivo murciano, que se desarrollan en forma de desfile, existe una parte activa (los que marchan) que reparte regalos de distinto tipo según la ocasión (caramelos, comida, juguetes, flores…) a la otra parte pasiva (los espectadores): cabalgata de Reyes, procesiones de Semana Santa, Bando de la Huerta, la extinta Batalla de las Flores y Entierro de la Sardina.
Historia y evolución irregular
El desarrollo de la fiesta más original de Murcia no ha sido siempre lineal y ascendente. A periodos de gran esplendor y fervor popular sucedieron otros, más o menos prolongados, en los que la celebración desapareció del calendario festivo. Téngase en cuenta que era un espectáculo caro que se organizaba y financiaba mayoritariamente de forma privada. Durante estos últimos 175 años al menos en 54 ocasiones no ha salido la comitiva fúnebre de la Sardina, por distintos motivos: crisis económicas, periodos de inestabilidad política, cansancio o indiferencia de la población, campañas conservadoras en su contra, riadas, epidemias y pandemias (Covid-19), conflictos como las guerras de Marruecos o la Guerra Civil y las penurias de los primeros años de la posguerra. Así que casi uno de cada tres años el Entierro no recorrió las calles del centro de Murcia.
Carrozas de la Aurora y Bergantín de la Sardina, dibujos de Domingo Valdivieso. ‘El Mundo Pintoresco’ (1859).
Biblioteca Nacional de España
Carroza ‘El Infierno’ dibujo de Miralles. El Liberal de Murcia (1905).
Archivo Municipal de Murcia (AMM)
Carroza del Centro Brujo (1902).
Archivo Municipal de Murcia (1902)
Carrozas, gigantes y comparsas del Entierro. Fotos San-Chito, Camacho y Mateo Flores y Naranjos (1929).
Archivo Municipal de Murcia (1902)
‘El Entierro de la Sardina a su paso por la Trapería’. Foto San-Chito. Flores y Naranjos (1929).
Archivo Municipal de Murcia (1902)
Programa de las Fiestas de Primavera (1943).
Archivo Municipal de Murcia (1902)
Revista anunciadora de la Semana Santa y Fiestas de Primavera (1947).
Archivo Municipal de Murcia (1902)
A comienzos del siglo XX, tras reubicarse en el calendario festivo dentro de las nuevas Fiestas de Primavera, se vivió una tercera época dorada de la fiesta, aunque pronto comenzó a tener problemas, sucediéndose interrupciones y reapariciones durante las décadas de 1910 a 1940 (durante este periodo en 22 ocasiones no hubo desfile). A partir de 1947 se ha asistido al periodo más prolongado y continuado de celebración, a excepción de la obligada suspensión pandémica de 2020-2021, aunque existieron tiempos de crisis que hicieron temer su desaparición, especialmente a comienzos de los Sesenta y durante parte de la Transición (1978-1981). A partir de 1982, con la aparición de nuevos grupo sardineros que se fueron incrementando hasta los 23 actuales, el crecimiento global de la fiesta ha sido exponencial. El Entierro siempre ha sabido renacer de sus cenizas, reinventándose, ampliando su base social y gracias al apoyo oficial y a las aportaciones económicas privadas.
En 2025 desfilaron unos quinientos sardineros en 23 carrozas, acompañados por otros 2.000 artistas, bailarines, músicos y figurantes de grupos de animación en la cabeza del desfile. Se supone que 1.100.000 personas llenaron las calles para contemplarlo. El impacto económico generado por el Entierro alcanzó los diez millones de euros (de los treinta que generaron las Fiestas de Primavera): un 20% más que el año anterior. Y en la noche más mágica de Murcia se repartió 2,5 millones de juguetes.
Próximo número: sábado 28 de marzo. Entre el Segura y el Misisipi: los Marín-Baldo y la (posible) conexión del Entierro de la Sardina con el Mardi Gras.
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Princuipales hitos de la celebración murciana
1851. Primera procesión improvisada del Entierro, con motivos fúnebres, el Martes de Carnaval.
1854. Primeras crónicas sobre el desfile.
1859. Consolidación de la temática mitológica clásica. Primeros grabados con las carrozas en la prensa nacional.
1862. Se repite el Entierro para que Isabel II y su familia lo contemplen.
1863-1875. Primer periodo de desaparición del Entierro.
1876. Se recupera el desfile. Surge el Testamento de la Sardina y la Apoteosis final.
1877. Alfonso XII contempla un reducido Entierro en su honor.
1880-1898. Tras la riada de Santa Teresa (octubre de 1879) comienza el segundo y más largo parón del Entierro (20 años).
1899. El Bando y el Entierro se recuperan, desplazándolos tras la Semana Santa. Surgen las «Fiestas de Primavera».
1902. Se documenta el término ‘Gran Pez’, aplicado por entonces al presidente de la Junta Sardinera.
1905. Muere la «diosa» María Gilabert Solano (de 24 años, natural de La Unión) a causa del incendio de la carroza Baco. Desde entonces grupos de bomberos se integraron en el desfile.
1907. Se celebra un primer Entierro de la Sardina infantil.
1910. Martínez Tornel, antiguo defensor del desfile: «Ni aun renovado y transformándose se debe sostener como necesario ni imprescindible el Entierro de la Sardina, que no trae ya a nadie a Murcia y es lo más costoso».
1912-1913. No hay desfile por la sequía en la huerta y la Guerra de Marruecos.
1915-1918. Suspensión del Entierro.
1919. Se introduce la luz eléctrica por baterías para iluminar las carrozas.
1921. «Una ofensa a la moral pública»: artículo del diario católico LA VERDAD, que comienza la enésima campaña en contra del Entierro y las «diosas».
1924-1927. Cuatro años sin Entierro.
1928. El marqués de Ordoño, alcalde de Murcia, recupera el desfile. El cineasta amateur Mariano Bo rueda por primera vez el Entierro.
1929. La Junta Central de la Unión Mercantil e Industrial, organizadora del Entierro de la Sardina.
1931. Se estrena el ‘Himno sardinero’, con letra de Andrés Bolarín y música de Manuel Massotti Escuder.
1932. El presidente de la República, Alcalá-Zamora, asiste al desfile. El Entierro pasa por primera vez por el barrio de El Carmen. Unamuno, mantenedor de los juegos florales de las Fiestas de Primavera.
1934 y 1936. No sale el Entierro por falta de fondos económicos.
1937-1941. Parón motivado por la Guerra Civil.
1942. La Delegación Provincial de Prensa y Propaganda de Falange y los sindicatos verticales retoman y organizan el Entierro.
1944. El desfile del Entierro, en el NODO (noticiero-documental cinematográfico).
1945-1946. No hubo desfile.
1951. Se constituye una Comisión de sardineros en coordinación con la concejalía de fiestas
1955. Primeras referencias al reparto de «pitos» durante el Entierro.
1963. ‘Fuego sardinero’, corto documental de Medina Bardón.
1966. Las carrozas son costeadas por los distintos barrios de Murcia, que eligen sus «reinas sardineras». Primer Gran Pez honorífico: Manuel Augusto García Viñolas.
1968. El Entierro deja de discurrir por la histórica calle Trapería debido al aumento del tamaño de las carrozas
1973. El desfile pasa a celebrarse en sábado (tras salir en miércoles, después del Bando, desde 1942). Desaparece la Junta Central Sardinera y el Ayuntamiento dirige la fiesta.
1976. Los grupos Baco y Centro Chino adaptan autobuses como carrozas del desfile.
1981. Se constituye la Agrupación Sardinera, con diez grupos asociados. Los sardineros y sus charangas comienzan a animar el centro de Murcia al mediodía antes del desfile. Primera mujer en una carroza: Carmen Lorente, concejal socialista, se «cuela» como tripulante en la del Ayuntamiento.
1982. Se recupera la lectura y desfile del Testamento de la Sardina (jueves), con la participación de las «viudas» (mujeres e hijas de los sardineros)
1985. «Actos de salvajismo», que incluyeron mordiscos, de algunos espectadores a las bailarinas de Brasil.
1986. Surge el ‘Velatorio de la Sardina’ (viernes). «El Entierro de la Sardina», canción de José María Galiana, banda sonora del corto ‘Locos por un pito’, de García Martínez y Tino González
1988. Primera ‘Doña Sardina’: la locutora de radio Ana Romero, encargada de leer el Testamento
1992. Una versión del Entierro desfila en la Expo’92 de Sevilla
1993. La Agrupación Sardinera levanta la prohibición de mujeres en las carrozas. Se celebra el I Congreso Sardinero.
1996. El crecimiento del desfile obliga a cambiar su itinerario, que abandona definitivamente el casco histórico de la ciudad
1999. Reaparece el ‘Entierro infantil’ y surgen los «chirretes» (jóvenes aprendices de sardineros)
2005. Primera carroza autopropulsada (grupo Marte)
2020-2021. Se suspende el Entierro por la pandemia de Covid-19.
2026. La Agrupación Sardinera celebra con numerosos actos el 175 aniversario de la fiesta.
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Enlace de origen : La reinvención de una fiesta carnavalesca