Si como príncipe troyano de finales siglo XIII o principios del XII antes de Cristo te vas a enfrentar al temido héroe griego Aquiles, con seguridad que no prescindirás del correspondiente casco de seguridad, por muy Héctor que te llames. Y a la inversa, aun dentro de la piel del cuasi invencible Aquiles no se te ocurre ir al combate contra el mejor guerrero de Troya sin calzarte un buen yelmo. Ahora bien, si tienes a Eric Bana y Brad Pitt para interpretar a uno y otro, como en la película ‘Troya’ de 2004, lo más sensato es que prescindas de cualquier morrión y artificio que impidan sacar buen jugo a tan famosos rostros, por mucho empeño que haya en recrear la mejor pelea posible. Esta es la realidad de la que son conscientes los propios historiadores, así que, en general, no son tan tiquismiquis con el rigor histórico de las producciones audiovisuales como a menudo aparentan. Al menos no lo es el profesor de Arte Antiguo y Medieval de la Universidad de Murcia (UMU) Carlos Espí Forcén, investigador principal de un proyecto cuyo título difícilmente no resulta atractivo: ‘La Antigüedad tras la pantalla: la construcción del relato histórico en el audiovisual del siglo XXI’.
Las claves
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Historia
Los historiadores y arqueólogos llevan siglos desentrañando el mundo de la Antigüedad. -
Cine
Las producciones audiovisuales históricas sobre la antigua Roma, por ejemplo, han gozado desde hace décadas de notable éxito en general. -
Negocio
La imagen que la pintura del siglo XIX creó de la Antigüedad resultó más atractiva para el cine que la que evidencian la historia y la arqueología. De ahí surgieron muchos estereotipos que posteriormente se han ido acentuando.
«Es importante que se les vea la cara», comprende el especialista, al tiempo que califica la cosa de disparate: «Uno nunca iría a una batalla o a la guerra sin casco». Ese es uno de los clásicos fallos históricos de los filmes, ya sean los que recrean el mundo antiguo como los de batallas del siglo XX o XXI, aunque Espín también los llama «licencias históricas o estrategias cinematográficas más bien». Claramente, incide, «entendemos que son películas de ficción, no documentales que intenten una recreación histórica lo más leal posible». Entendiendo este marco, y como historiadores, confiesa, «a veces nos sentimos mal de estar señalando en todo momento qué está bien o mal en una película» desde el punto del rigor histórico. Aun así, para satisfacer la curiosidad del lector, y al hilo de su investigación, Espí Forcén da cuenta de otra licencia común en las producciones sobre el mundo antiguo o medieval: «Las escenas de batalla generalmente no son nada realistas».
Absoluto caos y carnicerías
Frente al habitual abuso de escenas de combate de absoluto caos y grandes carnicerías, con gente dado como loca espadazos a diestro y siniestro, sin tiempo para distinguir si el que se lleva el viaje es amigo o enemigo, en «una confusión absoluta y una matanza brutal en cinco minutos», el experto aclara que una batalla en la Antigüedad «no tiene absolutamente nada que ver».
«En la Antigüedad había una formación muy clara y una estrategia como si fuese una partida de ajedrez», con todos los elementos perfectamente situados: «Normalmente una primera línea de infantería, unas tropas auxiliares, una caballería en los extremos… y ya, en función de cómo fuese la batalla, se potenciaba más un lado u otro para tratar de romper la formación del enemigo». De ahí que fuesen todos unidos como un erizo de lanzas, al modo de la falange del mundo griego.
Mosaico del siglo III dspués de Cristo en la Casa de los Gladiadores de Cirio, en Chipre.
DP
Ni tan siquiera los germanos, «que suelen aparecer como salvajes y bárbaros sin idea de cómo luchar» prescindían de una buena formación. La secuencia inicial de ‘Gladiator’ (estrenada en el año 2000), por ejemplo, donde Russell Crowe luce sin su correspondiente casco, como el propio del cine y sería inverosímil en la realidad, liderando a unas prietas filas romanas, esas sí, ante unos impetuosos y desordenados guerreros bárbaros germánicos «no tiene nada que ver con la realidad, pero sí que es verdad que funciona muy bien desde el punto de vista cinematográfico», concede el doctor en historia, que fue becario, tanto predoctoral como postdoctoral, en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, en Estados Unidos.
Más sobre romanos y gladiadores: el exceso de sangre, acompañado de sudor en planos muy rápidos, tan propio de las filmaciones actuales, tras ‘Gladiator’, tampoco se ajusta a lo que pasaba realmente en las afamadas exhibiciones clásicas. «En realidad, en los anfiteatros romanos el espectáculo más frecuente eran las cacerías, no tanto las escenas de gladiadores, que eran más parecidas a un combate de esgrima actual», con sus reglas («muy estrictas») e incluso un árbitro, «que lo que vemos en ‘Gladiator’». Tampoco morían los gladiadores normalmente, y si lo hacían era tiempo después como consecuencia de alguna herida infectada. «Pero eso del dedo para arriba o para abajo también es algo gratuito de las películas, que hunde sus raídes en la pintura del siglo XIX». Podemos decir, incurriendo de pleno en un anacronismo, que aquellos artistas de hace dos siglos ya resultaban bastante peliculeros.
En ‘Gladiator II’ (2024) la apuesta del anti rigor histórico se incrementa. Ahí, explica el historiador, «les ha dado totalmente igual cualquier relación con la realidad». Lo mismo aparece un mono tití, originario de la, entonces sin conexión, futura América; que una recreación en el Coliseo de islas caribeñas con sus tiburones y todo, cuando ni tan siquiera era posible llevar esa cantidad de agua salada hasta allí, o pululan personajes de orígenes inverosímiles para la época y el lugar.
Frente a producciones en las que aparece incluso la silueta de la cúpula de San Pedro o el emperador Cómodo en un entorno más propio de la propaganda hitleriana que de la antigua Roma, existen otras «que sí tienen un compromiso» con el rigor histórico y arqueológico, en palabras de Espí Forcén, cuyo proyecto financia la Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor, a través de la Fundación Séneca.
Espícita la serie italiana ‘Romulus’ (2020), de la plataforma audiovisual HBO, en la que se reconstruye la Roma del siglo VIII antes de Cristo, la época de la fundación de la ciudad. En ella se reproduce incluso el latín arcaico que se hablaba entonces, y «que conocemos muy bien»; se cuida el armamento; aparece el fuego vestal; se recrean cabañas fielmente… «Pero, claro, es una producción italiana», destaca Espí. «El problema es que la serie ha sido un fracaso», lamenta: «A la gente le da igual la diferencia entre el latín arcaico del latín clásico o la construcción de las cabañas laciales del siglo VIII antes de Cristo». Todo esto, apostilla, «está bien hecho, pero la gente quiere ver sangre, sudor y sexo», sintetiza el historiador del Arte.
«A veces nos sentimos mal de estar señalando en todo momento qué está bien o mal en una película», revela el historiador del Arte Carlos Espí Forcén
«Eso del dedo para arriba o para abajo» de los gladiadores es algo gratuito de las películas que viene de la pintura del siglo XIX, avisa el especialista
«En los anfiteatros romanos el espectáculo más frecuente eran las cacerías, no tanto las escenas de gladiadores, que eran más parecidas a un combate de esgrima»
Más que un compromiso con la realidad, «la gente quiere ver sangre, sudor y sexo», sintetiza el investigador principal
La vía intermedia, entre el exquisito rigor histórico y los necesarios elementos de entretenimiento, la ensayó en 2005 la serie británica ‘Roma’, también de HBO. Es lo que el historiador califica de «compromiso intermedio». Este título se suele citar entre las mejores reconstrucciones de la Roma tardorrepublicana. «Aunque tiene muchos aspectos de teatralidad está bien». En ella, precisa el historiador, «se incorpora sexo y violencia, pero quizá sí sea de lo mejor que se ha hecho en cuanto al compromiso de intentar respetar la arqueología y la historia y hacer una serie entretenida». El balance: «Se realizaron dos temporadas y se arruinó, no pudo continuar. Así que no sé muy bien dónde está el equilibrio entre el éxito comercial con licencias históricas y el respeto por la historia y por la arqueología».
Lo que parece claro es que los directores y productores se preocupan ante todo de adaptar la Antigüedad a los gustos del consumidor actual. «Una película que se proponga reconstruir la sociedad con rigurosidad histórica no suele ser un éxito de pantalla, ya que el espectador espera poder contemplar ciertos hitos cinematográficos que generalmente corresponden a falsos históricos o estereotipos», concluye el profesor. Así que, si tienes a Eric Bana y a Brad Pitt en una escena de combate clásico, la preocupación tiene que ser que la lucha sea lo más entretenida posible y, eso sí, sin casco.
‘Gladiator’ lo cambió todo
En el proyecto de investigación sobre la representación de la Antigüedad en las producciones audiovisuales, que encabeza el profesor de la UMU Carlos Espí Forcén, «analizamos exclusivamente el cine del siglo XXI porque existe un cambio radical de este género desde la producción de ‘Gladiator’», del director Ridley Scott. Coincide que se trata de un título que se estrenó en 2000, «el primer año de este nuevo siglo XXI», pero sobre todo destaca porque «supuso un absoluto resurgir del género en el primer cuarto del siglo XXI». Espí le reconoce ciertos esfuerzos en reconstruir algunos aspectos de la antigua Roma de forma fidedigna, pero «se toma muchísimas licencias históricas y arqueológicas con el fin de crear una película de ciencia ficción que funcione e impacte en el público» del momento de su estreno. Con este título se abrió una estela «seguida y continuada por la mayor parte de las producciones del primer cuarto de este siglo».
El propósito que los investigadores se han marcado en el proyecto encabezado por el profesor Espí es «analizar de forma crítica cómo las producciones audiovisuales del siglo XXI representan y reinterpretan la Antigüedad, y cómo estas imágenes condicionan la memoria cultural e histórica de la sociedad actual».
«Conforme conocía mejor la Antigüedad, me daba cuenta de que la mayor parte de la idea que la mayoría de la gente tiene sobre el mundo antiguo (fundamentalmente los romanos) procede más de lo que han visto en las películas que de lo que han aprendido en los libros y en las aulas», explica el especialista. Se trata de un conocimiento «plagado de errores históricos o, mejor dicho, de convenciones cinematográficas que no se ajusta a la realidad», lamenta.
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Enlace de origen : Y por esto es por lo que el cine histórico nos miente