El Real Murcia ha vuelto a ganar un partido de fútbol. Más de dos meses, 77 días y una decena de duelos grises después, el … cuadro grana venció al Tarazona y, de paso, a todos sus demonios. Por el camino quedaron cualquier esperanza de ascenso, un técnico con máscara de mesías y varios miles de aficionados. Los que siguen, esos 7.009 que no entienden de travesías por el infierno, horarios de días laborales ni derbis madrileños disfrutaron en casa tres meses después. Nada de fútbol champán. El Tarazona sirvió doble ración de aguardiente, pero la grada por fin se sintió representada por su Real Murcia, que salió de puestos de descenso con una victoria por la mínima con el sello grana grabado a fuego.
‘Prohibido suicidarse en primavera’, dejó escrito hace más de 80 años Alejandro Casona. Las flores coloreaban los aledaños del feudo grana en un domingo que amaneció colorido para cambiar de estación, pero el Murcia es un sujeto abonado al fatalismo, y no existen noches tranquilas en el Enrique Roca. Si había que salir de la crisis debía ser con una dosis extra de sufrimiento. Con un jugador menos durante la última media hora, colgados del larguero, apretando los dientes tras 60 minutos de cabezazos contra el muro turiasonense. Con un gol en contra anulado en un descuento eterno, dilatado hasta unos eternos 106 minutos de apretar los dientes que terminaron en una explosión de rabia colectiva.
Real Murcia
Gazzaniga, Jorge Mier, Jorge Sánchez, Jon García, David Vicente; Alonso Yoldi (Cristo Romero, 67′), Óscar Gil, Joao Palmberg (Moyita, 90′), Joel Jorquera (Sekou, 73′), Víctor Narro (Isi Gómez, 73′) y David Flakus (Pedro Benito, 73′).
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Tarazona
Josele Martínez; Carlos Nieto, Chechu Martínez, Marc Trilles (Traoré, 73), Andrés Borge, Julián Delmás; Busi, Óscar Carrasco, Alberto Vaquero (Sergi Armero, 73′), Álvaro Jiménez y Agüero (David Cubillas, 57′).
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Goles:
1-0, Óscar Gil (min. 32). -
Árbitro:
Sergio Escriche, del colegio valenciano. Amonestó a los locales Jorge Sánchez, Gazzaniga, y a los visitantes Marc Trilles, Carrasco y Agüero. Amonestó con tarjeta roja directa a Jorge Mier. -
Incidencias:
Estadio Enrique Roca de Murcia, ante 7.009 espectadores.
Sabía Curro Torres que el duelo sería una absoluta batalla en el barro, y eligió a los mismos guerreros que en el Rico Pérez de Alicante. Parece que con esos hombres irá a la guerra en lo que queda de lucha por la permanencia, y con el pitido inicial el guion de partido que se podía anticipar desde el día en que se sorteó el calendario se puso a rodar. El Murcia salió dominador, circulando la bola de uno a otro lado en un balcón del área saturado de piernas turiasonenses. Mientras, los de Juanma Barrero testeaban la contundencia de Jon García y Jorge Sánchez con envíos directos a la carrera de Agüero y Álvaro Jiménez, pero sin conseguir generar ninguna clase de peligro en una colección de transiciones abortadas.
Un boquete en el muro
El Tarazona, ordenado en un bloque bajo con cinco atrás, regaló todo el peso de la bola al Murcia. Explotó el cuadro grana la amplitud de David Vicente en los compases iniciales, con dos buenos servicios desde la derecha que primero Jorquera y después Narro remataron con inocencia. No le ha funcionado el recurso del balón a la olla en todo el curso al Murcia, que quería pero no podía evitarlo, condenado al centro lateral como plan alternativo a una conexión interior sin espacios, donde Joao Palmberg seguía inédito media hora después del inicio.
A la media hora el duelo se enquistó. La posesión parecía una mochila pesada para los de Curro Torres, pero entonces el brasileño se activó. Hiperactivo, cansado de kilómetros de servicio, Joao Palmberg empezó a aparecer en cada perfil, a la ruptura o en apoyo, y cuando en el 32 de juego encontró un resquicio de espacio en los estrechos pasillos de la zaga turiasonense, el Murcia abrió un boquete en el muro del Tarazona. La dejó el brasileño y Óscar Gil, el pichichi del cuadro grana en esta segunda vuelta con tres zapatazos, la reventó con la rabia de un competidor feroz que aún no conocía la victoria de grana para terminar con la resistencia visitante.
Poco más para terminar un primer tiempo donde la zaga grana se mostró sobria, solvente. La defensa a campo abierto ha sido un registro de pura criptonita para el Murcia este curso, pero fue solventado durante todo el primer tiempo por una gran labor de vigilancias y ayudas que frenó cualquier transición. Y mucho menos tras un intermedio donde las pulsaciones se fueron a pique. El Tarazona intentó adelantar la línea de la presión tras el tanto, pero continuaban demasiado lejos de la portería de Gazzaniga, con demasiados kilómetros que recorrer. Los de Curro Torres seguían poniendo balones sin filo a una olla saturada de casacas negras. Ningún equipo generaba peligro real, pero no existen noches tranquilas en el Enrique Roca.
Un guion de infarto
Pasaba la hora de duelo cuando Jorge Sánchez no atinó a despejar uno de tantos envíos directos. Agustín Jiménez, con más kilómetros que un taxi, recogió el fallo y encaró la meta de Gazzaniga, pero Jorge Mier le derribó antes de definir. Roja directa, incapacidad técnica del FVS y el Murcia con diez durante la última media hora. Estrelló la falta contra la barrera el propio ariete, pero fue el pistoletazo de salida a un absoluto cambio de guion. Entró Cristo Romero y se marchó ovacionado Alonso Yoldi en su tercera titularidad seguida con el primer equipo, y el equipo se reordenó.
Tocaba sufrir, y el Murcia se remangó para bajar al barro más absoluto. Envíos a la olla, despejes de los que descosen la bola y amagos de infarto en cada sector del Enrique Roca. La tuvo Agustín Jiménez, pero Gazzaniga atinó a quitársela de encima, solvente en cada salida, pero en la siguiente empató el Tarazona. Durante un instante todo se heló y, aunque el linier levantó el brazo, el monitor dilató la arritmia durante demasiados minutos. Traoré parecía adelantado, bala esquivada.
Siete de añadido, pero el electrónico mostraba el 105 y los aragoneses colgaron la última al área. El árbitro pitó, cansado de jugar con los corazones de los murcianos, y la primera plantilla se desplomó sobre el verde, exhausta tras un guion de infarto, con una losa del tamaño de tres meses grises, que ahora pesa menos. Los tres puntos no podían llegar de otra manera, y no pudieron saber mejor para los 7.009 fieles que vieron al Murcia superar al Tarazona y el Nàstic en la tabla, y tomar aire con los puestos de descenso.

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Enlace de origen : El Real Murcia derriba el muro del Tarazona y vence a todos sus demonios