El yeclano Jorge Ibáñez Puche (1996) acaba de publicar en el sello Erasmus de Almuzara ‘El legado olvidado de Gaudí’, un interesante volumen que descubre a los lectores las facetas más desconocidas del icónico arquitecto, geómetra, diseñador y genial visionario catalán Antoni Gaudí (Reus, 1852-Barcelona, 1926). Este año, en el que se conmemora el centenario de su muerte [el 10 de junio de 1926, tres días después de ser atropellado por un tranvía], se sucederán los homenajes al autor de la Sagrada Familia, de la Casa Batlló y de la Casa Milà, en la Ciudad Condal, pero Ibáñez Puche, egresado de la Universidad Politécnica de Cartagena y estudioso de la obra de Gaudí, se propone en este volumen, en el que también firma las ilustraciones, que conozcamos al arquitecto que hay detrás del mito y su método de trabajo. «Fue un arquitecto –expone Ibáñez– que supo tomar la tradición imperante para innovar y transformar la arquitectura de su momento». Y sin dejar nada al azar: «Detrás de formas sinuosas y un cromatismo desbordante, se esconde el artista más delicado y meticuloso».
La vida de Gaudí y, sobre todo, su obra, aparece en este compendio de historias curiosas que sirven para acercarnos al Gaudí más funcional y más arquitecto, un profesional concienzudo al que no escapaba ningún detalle. Ibáñez Puche se ha especializado en Gaudí, el arquitecto que más interés le despertó de entre los que estudió en sus estudios de Arquitectura en la UPCT. «Lo que conjuga Gaudí, la forma de trabajar que tiene, cómo desarrolló unas superficies y unas técnicas que antes no se habían visto, y después prácticamente tampoco, es lo que más me llama la atención», cuenta Ibáñez Puche, autor de otro libro, ‘Proyectos perdidos’ (Cartem, 2025), y de artículos de investigación en revistas de referencia como ‘Coup de Fouet’ y ‘Dragón’, editada por la Casa Botines de León. En ‘Proyectos perdidos’ reunió obras de Gaudí que han desaparecido o proyectos que no llegaron a ver la luz, mientras que en ‘El legado olvidado de Gaudí’ hay algunos de esos proyectos, y otros muy conocidos como La Pedrera, el Parque Güell, la Sagrada Familia o la Casa Batlló, pero buscando en este caso los detalles que nos hacen acercarnos a un Gaudí que todavía puede sorprender al gran público.
2026
Este libro
acabó de imprimirse en febrero de 2026, según el editor de Almuzara, Manuel Pimentel, «cuando se cumplen 120 años de la presentación de los planos de La Pedrera al Ayuntamiento de Barcelona». Este año se celebra el centenario del fallecimiento de Gaudí.
Podríamos pensar que Gaudí es un arquitecto de sobra conocido, por ser fuente de atracción del turismo de masas, «y, en efecto, las obras conocidas ya son un producto que vende, son el fondo de una foto de Instagram, y lo cierto es que hay más fondo y trasfondo detrás del mito». La forma de trabajar de Gaudí, en constante proceso de experimentación, es de lo más sobresaliente. «Yo fui estudiante de Arquitectura en la Politécnica de Cartagena, y Gaudí es uno más entre todos los arquitectos que se estudian, no se profundiza tanto en su faceta más arquitectónica, más estructural, casi de ingeniería. Y en mi caso, a mí ya me interesaba la obra de Gaudí antes incluso de entrar en la Escuela de Arquitectura».
‘El legado olvidado de Gaudí’

Gaudí trabajaba codo a codo con artesanos catalanes, pasaba horas y horas en los talleres donde se debían materializar sus ingeniosas ideas en madera, forja o cerámica. Según Ibáñez, en muchos de sus trabajos las artes aplicadas son parte fundamental del conjunto. Hizo buenas migas con el reputado ebanista Eudald Puntí i Gorchs y con el escultor Llorenç Matamala. «Tendemos a pensar en Gaudí como alguien que crea aislado, cuando lo cierto es que tenía un grupo de arquitectos y colaboradores amigos, y había una gran relación con artesanos de mobiliario y artes decorativas que tienen gran protagonismo en sus obras. Sin ellos quizás no tendríamos obras tan icónicas». El quiosco que hizo para Comillas en 1881, o la vitrina para la Guantería Esteban Comella (1878), son solo dos ejemplos. Pero hay muchos más.
Sueños y pesadillas animales
Sobre el gusto de Gaudí por los animales e insectos en las decoraciones, recuerda el autor de ‘El legado olvidado de Gaudí’ que existe un análisis pormenorizado del arquitecto catalán sobre la naturaleza que contemplaba en el Camp de Tarragona en su infancia, poblando sus sueños y pesadillas de libélulas, pájaros, salamandras, ranas, leones, caracoles, serpientes, dragones, camaleones o tortugas. El arquitecto yeclano anota que antes de la construcción de la Casa Vicens o de El Capricho de Comillas hizo trabajos para profesores de la primera Escuela de Arquitectura de Barcelona, y, cita, entre otros, el delineado del camarín para la Virgen de Montserrat del arquitecto murciano Francisco de Paula del Villar, «con el que volvería a encontrarse al sucederle al frente de las obras de la Sagrada Familia», y también ayudó a Josep Fontserè con las obras del Parque de la Ciudadela, «participando en obras como las grutas artificiales bajo la fuente monumental, el diseño de la balaustrada para la Placeta Aribau, o las rejas que circundan dicho parque». En el Parque de la Ciudadela, apunta Ibáñez, se advierten en los plafones que decoran la entrada al acuario el gusto por lo exótico y los motivos japonistas. Otro detalle curioso es que en 1878 diseña su mesa de trabajo, «con placas que representaban libélulas y pájaros intentando escapar de dos culebras».
Chaise longue de Gaudí para el Palacio Güell. | Dibujos de los sepulcros de Gaudí para la Capilla Real de los reyes de Mallorca en la Catedral de Palma. | Uno de los sitiales que diseñó para el primer marqués de Comillas
Jorge Ibáñez
Gaudí echó suertes en multitud de concursos, pero muchos de ellos no salieron adelante. Uno de ellos fue presentado para un Gran Casino en San Sebastián, aunque no fue seleccionado. Eusebi Güell también pensó en Gaudí para un pabellón de caza en la costa del Garraf; fue la primera obra que le encargó, aunque no llegó a construirse: «El edificio –detalla Ibáñez– estaría dominado por una inmensa torre octogonal de ladrillo coronada por una cornisa a modo de matacanes medievales y rematada por un mástil desde el que ondearía un pendón sostenido por un gran águila».
También se propuso Gaudí restaurar el santuario de la Virgen de Misericordia de Reus, su ciudad natal, aunque no fraguó la idea. En Tarragona, en cambio sí que encontramos hoy, por ejemplo, un altar con esculturas de ángeles en la capilla del colegio de la congregación Jesús-María, lo único que pudo salvarse de la quema durante la guerra civil –el tabernáculo, una verdadera joya, quedó destruido–.
Gaudí dibuja hasta su última etapa. «Tenemos conocimiento de que trabajaba con maquetas para ver esos volúmenes y esas superficies que imaginaba en 3D. Desgraciadamente se ha perdido muchísimo material gráfico. En el incendio de su obrador en 1936 se perdió todo el contenido que tenía en su taller, pero tenemos una parte de sus primeros trabajos salvados en la Escuela de Arquitectura, y otras obras que enviaron clientes suyos, como una postal de las Misiones de Tánger, un edificio increíble, que hubiera sido un hito de la arquitectura de ese momento, plasmado en una foto de un libro que se hizo en 1929. Es un proyecto muy misterioso y sugerente, y lo que vemos es un edificio marcado por cuatro lóbulos, cuatro pétalos en planta, que forman una gran muralla, y todo perforado de pequeñas ventanas, y luego un mar de torres, 16 o 17 torres parabólicas, que nos recuerdan mucho a la Sagrada Familia. Con lo que se ha conservado vemos que se enfrentaba al dibujo, al final de una forma más abstracta y conceptual».
El proyecto más próximo a la Región de Murcia fue una iglesia para Villaricos, en Almería, en 1882, que no llegó a ejecutarse
Sobre el avance de las eternas obras de la Sagrada Familia, reconoce Ibáñez que no ha podido ver en vivo los trabajos, aunque le encantaría: «Es interesante ver cómo va creciendo y cómo se va materializando la idea de Gaudí más o menos cercana a su pensamiento, pero en conjunto está bastante marcado cómo debía ser».
Aspecto que hubiera tenido la iglesia de la Colonia Güell si se hubiera finalizado. | Quiosco para la visita real a Comillas en 1881.
Jorge Ibáñez
La iglesia de la Colonia Güell es otro edificio que impresiona solo en maqueta: «Es de mis favoritas, ahí tenemos algo más de testimonio gráfico y constructivo, y ahí apuesta todo con una forma de trabajar muy técnica, muy científica y muy eficiente, y solo quedó la cripta, pero hubiera sido espectacular ver esas torres parabólicas y esos muros inclinados. Luego usó todo ese conocimiento para la Sagrada Familia».
Gaudí, arquitecto bien conocido por la burguesía catalana, diseñó sillas, retablos, mesas, lámparas de gas, púlpitos platerescos –como los de la Catedral de Palma–, verjas, tocadores… De haberse llevado a cabo, el proyecto más cercano a la Región de Murcia hubiera sido el de una iglesia en Villaricos en 1882. Pero no fraguó. Queda patente que el arquitecto total, «un visionario que desbordó los límites del modernismo», soñaba con los ojos abiertos.
Este libro acabó de imprimirse en febrero de 2026, según el editor de Almuzara, Manuel Pimentel, «cuando se cumplen 120 años de la presentación de los planos de La Pedrera al Ayuntamiento de Barcelona». Este año se celebra el centenario del fallecimiento de Gaudí.
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Enlace de origen : El arquitecto yeclano que lo sabe (casi) todo de Gaudí