Dimona es el lugar más secreto de la historia reciente de Israel. Cuando el pasado 21 de marzo los misiles iraníes cayeron sobre la ciudad que lleva ese nombre, los fantasmas del pasado se despertaron. Porque Dimona es uno de los espacios más protegidos del país hebreo, sede de la más antigua planta nuclear de Israel y el punto en el que se han fabricado las bombas atómicas de las que dispone Tel Aviv. Dado que Dimona está en el centro del programa de armamento atómico, todo lo que rodea a este enclave es un misterio desde los años 60 y muchas de las noticias que se han conocido sobre el área proceden del mundo de los servicios secretos globales. No es casual que se halle en el desierto del Néguev, en medio de una nada de arena.
Desierto del Néguev
Área ampliada
Zona de Dimona
Área ampliada
Gran industria química
Ciudad de Dimona
Sitio de desarrollo atómico
Área ampliada
Fábrica de plutonio
Comparación con una imagen de 1968 obtenida por un satélite espía norteamericano
Planta de plutonio
Desierto del Néguev
Área ampliada
Zona de Dimona
Área ampliada
Gran industria química
Ciudad de Dimona
Sitio de desarrollo atómico
Área ampliada
Fábrica de plutonio
Comparación con una imagen de 1968 obtenida por un satélite espía norteamericano
Planta de plutonio
Desierto del Néguev
Área ampliada
Zona de Dimona
Área ampliada
Ciudad de Dimona
Gran industria química
Sitio de desarrollo atómico
Área ampliada
Hacia la ciudad
Fábrica de plutonio
Comparación con una imagen de 1968 obtenida por un satélite espía norteamericano
Planta de plutonio
Desierto del Néguev
Área ampliada
Zona de Dimona
Área ampliada
Ciudad de Dimona
Gran industria química
Sitio de desarrollo atómico
Área ampliada
Hacia la ciudad
Fábrica de plutonio
Comparación con una imagen de 1968 obtenida por un satélite espía norteamericano
Planta de plutonio
Porque Dimona marca la diferencia para un Israel rodeado de enemigos. De todos los países de la región, es el único que ha conseguido desarrollar su arma nuclear, un hecho que supone un evidente factor de disuasión. Ello ha sido posible gracias a una política de engaños, acuerdos secretos y geopolítica en la sombra. El hecho de que Irán bombardee ese punto también manda un mensaje contundente. El país persa está siendo atacado, según el discurso oficial de Estados Unidos e Israel, por su intento de desarrollar un arsenal nuclear propio. Teherán recuerda lo que está en juego y desafía tanto a Washington como a Tel Aviv.
El programa atómico israelí nació de la mano de Francia. En 1956, el país galo, los británicos y las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) habían invadido Egipto y ocupado el canal de Suez, una acción llevada a cabo sin el amparo de la ONU y en respuesta a la nacionalización dictada por el Goibierno de El Cairo. En ese contexto, los gobiernos socialistas de Francia ayudaron a Israel —con un ejecutivo que también era del partido laborista— a construir su primer reactor nuclear. Fue un acuerdo mantenido en secreto que se quebró en 1958, tras la llegada del general Charles de Gaulle al poder. El militar comenzó un alejamiento progresivo de Israel, una alianza que no le favorecía mientras negociaba la independencia de Argelia
La actitud francesa llevó a Israel a acercarse a Estados Unidos, aunque todavía mantenía en secreto su programa nuclear. Aun así, el espionaje norteamerciano descubrió los suficientes indicios de que el país hebreo contaba con la posibilidad de desarrollar su bomba atómica. Pero en Washington decidieron mantenerlos en silencio y no divulgaron la información que estaban obteniendo. La clave volvía a ser Dimona, donde se trabajaba con el uranio que podría servir para construir ojivas nucleares.
Portada del Times y fotografías de Dimona de entonces reescaladas digitalmente.
El gran descubrimiento se produjo veinte años más tarde y esta revelación es un tópico de las historias de espías. En el centro de estudios nucleares de Dimona trabajaba Mordejai Vanunu, un judío de origen marroquí. Vanunu, que al parecer sufrió varias crisis religiosas en las que pasó de hacerse budista en Nepal a convertirse al cristianismo, consiguió información sobre las armas nucleares que se fabricaban en la planta. Vanunu, militante del pacifismo ochentero motivado por la Guerra Fría y el miedo a una conflagración nuclear, decidió pasar toda su información al periódico británico ‘Sunday Times’. Se publicó en 1986 en primera página.
Por primera vez se confirmó que Israel disponía de más de un centenar de ojivas nucleares. En un mundo que intentaba negociar los acuerdos de no proliferación nuclear, claves en una contenida Guerra Fría, la noticia fue un terremoto. Israel, entre otras cuestiones, no había firmado los acuerdos internacionales de limitación de armamento de destrucción masiva. De esa manera, las instalaciones de Dimona quedaban fuera de la posibilidad de una inspección de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. India y Pakistán, países que han desarrollado su propia bomba, tampoco sellaron esos pactos.
La traición de Vanunu no fue perdonada. En septiembre de 1986, una bella turista norteamericana llamada Cindy lo sedujo y le propuso irse a pasar unos días a Roma, al apartamento de su hermana. En la Ciudad Eterna, los agentes del Mossad secuestraron al técnico nuclear, lo llevaron a Israel y allí fue condenado a cadena perpetua. Cindy resultó ser la agente del Mossad Cheryl Bentov.
La importancia de Dimona está vinculada también a uno de los incidentes más oscuros de la carrera nuclear. Se trata del bautizado como ‘Incidente Vela’, registrado el 22 de septiembre de 1979. La clave fueron los satélites norteamericanos Vela —nombre que procede del verbo español velar— . Su misión era comprobar que la Unión Soviética no realizaba pruebas nucleares clandestinas, ya que los ensayos estaban limitados por los acuerdos de no proliferación nuclear. Estos dispositivos detectaron algo parecido a una explosión atómica en el Océano Índico, al sur de Sudáfrica.
Los datos correspondían a la detonación de una bomba nuclear de media potencia, pero ningún país reivindicó esa explosión y todos los gobiernos que podían estar implicados negaron cualquier vinculación con el evento. Entre las muchas especulaciones que han rodeado al ‘incidente Vela’, una de las tesis que ha flotado siempre es que Sudáfrica vendió uranio a Israel para la central de Dimona a cambio de tecnología para fabricar la bomba atómica. La explosión de 1979 se vinculaba así a un acuerdo entre los dos países, aunque esa explicación siempre fue negada. Sudáfrica llegó a desarrollar varias cabezas nucleares, pero las desmanteló antes de que el fin del apartheid supusiera la llegada al poder del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela.
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Enlace de origen : Irán bombardea el gran secreto de Israel
