
El reloj se adelantará este fin de semana una hora, durante la madrugada del sábado al domingo. Muchos esperan este momento para poder disfrutar de … tardes más largas, pero lo cierto es que el horario de verano altera nuestros ritmos biológicos y puede afectar al sueño. Lo advierte Pura Ballester, investigadora de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la UCAM, y especialista en cronobiología.
– Los científicos nos advierten de que este cambio de hora no es saludable. ¿Por qué?
– Los cambios de hora, independientemente de si hablamos del de verano o del de invierno, generan un desajuste horario de todas las funciones de nuestro organismo. Es por ello que estos cambios de hora se hacen siempre en fin de semana. El cambio de verano es especialmente pernicioso, porque lo que estamos haciendo es adelantar una hora el horario, y eso nos genera un mayor ‘jet lag’ social. El ‘jet lag’ social es la diferencia que hay entre el centro de sueño de las noches laborales frente al centro de sueño de las noches no laborales o días libres. Los fines de semana nos vamos a dormir más tarde o nos levantamos más tarde, o ambas cosas, y ese desfase es mayor con el horario de verano. La gente que trabaja durante los meses del horario de verano sufre un desajuste muy grande. En verano cenamos a partir de las diez de la noche porque es el momento en que la luz solar ha caído, mientras en el resto de Europa están cenando a las nueve de la noche, o a las ocho y media. Es decir, el horario de verano empuja la vida social hacia horas más tardías, mientras que el horario laboral se mantiene. Ese desajuste tiene consecuencias en la salud: problemas de tensión arterial, o a nivel del metabolismo.
– El horario en España no se corresponde con el propio de su ubicación geográfica, sino con el de Europa central. Este cambio de verano nos aleja todavía más del horario solar. ¿Qué implica esto? Hablamos de un desfase de dos horas.
– Sí, estamos en un uso horario diferente al que nos tocaría. Por nuestra localización geográfica, nuestro meridiano, a España le correspondería estar en el horario de Inglaterra o Portugal. Así que esto nos sitúa, en verano, en una horario inapropiado que se suma a una hora más de adelanto: nos colocamos en un GTM+2. Eso genera que en muchas zonas de España se ponga el sol a las diez y pico de la noche, y también que mucha gente acuda a trabajar por las mañanas cuando todavía es de noche, sin haber recibido todavía luz natural, un estímulo clave para sincronizar el reloj biológico. Esta luz de la mañana es fundamental para regular nuestros ritmos circadianos. Si la perdemos, el organismo tiende a retrasar todo el ciclo del sueño. En definitiva, con el horario de verano se reduce la cantidad de horas de luz natural a las cuales podemos exponernos.
– La percepción social, sin embargo, es distinta. Muchas personas celebran el horario de verano porque entienden que les permite disfrutar más del sol, al alargarse la tarde.
– En realidad tenemos menos horas de luz practicables, por decirlo así. En verano la gente sale a las terrazas a partir de las ocho o las nueve por las altas temperaturas. Si no cambiáramos el horario, saldríamos a partir de las siete. Las horas útiles del día se desplazan en verano hasta la tarde-noche o la noche. Al final se retrasan todos los ritmos de sueño y perdemos tiempo total de sueño. El ocio se va retrasando, pero a la mañana siguiente vamos a entrar a la misma hora a trabajar.
«Quedan muchos hábitos laborales residuales de otras épocas que influyen en que durmamos poco»
– ¿Influye la edad o el sexo en el impacto de este cambio de hora?
– Sí. Sabemos que las mujeres acusan más el cambio de hora, con la manifestación de más problemas psicológicos. Por otro lado, las personas trabajadoras son las que más pueden notar el cambio horario, ya que puede interferir en sus ritmos vitales: cenan a las diez o diez y media de la noche y se acuestan a las doce o a la una, pero se siguen levantando a la misma hora por las mañanas. Además, el horario de verano se cruza también con factores climáticos y sociales. Hay una desigualdad poco visible: no todas las personas pueden climatizar sus viviendas durante el verano, con lo que suelen dormir peor y llegar más cansadas al trabajo.
– ¿Cuánto tiempo tardaremos en adaptarnos al cambio de este fin de semana?
– El organismo tarda al menos cinco días en recuperarse del jet lag social. Durante ese periodo, es frecuente experimentar cansancio, irritabilidad, dificultades de concentración o cambios en el apetito. El hecho de realizarlo en domingo busca mitigar sus efectos, ya que diversos análisis han detectado un aumento temporal de problemas de salud y accidentes en los días posteriores al cambio, asociados a la pérdida de horas de sueño.
– ¿Hay un problema de base, más allá del cambio horario, en los hábitos de sueño de los españoles? Siempre se dice que dormimos poco.
– Sí. Quedan muchos hábitos laborales residuales de otras épocas, por ejemplo, de cuando la gente simultaneaba dos trabajos para sumar un sueldo suficiente. La herencia de eso son los horarios partidos: entrar a las nueve de la mañana, tener un parón de dos horas y volver a las cinco de la tarde para terminar a las ocho. Claro, dile a una persona con ese horario que concilie su vida familiar, que atienda a sus hijos, que haga deporte y que cene saludable. En que durmamos poco también influye la climatología, que favorece una vida social tardía.
«El ocio se retrasa a horas más tardías, pero la jornada laboral se mantiene; es una desajuste con consecuencias para la salud»
– ¿Se deberían adoptar medidas como país? Tenemos a las televisiones programando su ‘prime time’ a partir de las diez o diez y media de la noche.
– Eso es terrorífico, hablamos incluso de programas que tienen un público infantil. ¿Cómo puede un programa infantil terminar a la una de la mañana, cuando los niños empiezan el colegio a las nueve?
– En las redes hay una tendencia creciente a mitificar el hecho de dormir poco y madrugar mucho. Hay muchos ‘influencers’ compartiendo rutinas que empiezan a las cinco de la mañana.
– Hay que lanzar una serie de mensajes muy claros al respecto. El sueño es una capacidad que evolutivamente hemos conservado, y no hay ninguna capacidad evolutiva que se haya mantenido sin un sentido. El sueño debería ocupar un tercio de nuestro día. Es decir, los adultos deberíamos dormir ocho horas. Las funciones del sueño son mejorar el sistema inmunitario, la salud cardiovascular y los ciclos hormonales, así como desintoxicar el cerebro de toxinas que se van generando a lo largo del día. Cualquier costumbre o cualquier hábito o tendencia que merme las horas que necesitamos de sueño es completamente perniciosa para la salud.

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Enlace de origen : Pura Ballester, especialista en Cronobiología: «El cambio al horario de verano nos genera un 'jet lag' social»