
Faldas de raso o de terciopelo, bordadas con lentejuelas o con pedrería. Chalecos, chaquetas, pantalones a media pierna y fajines. La moda cartagenera tuvo este … Viernes de Dolores su particular pasarela de todos los años. Al sol de media tarde, los cartageneros sacaron a relucir brillantes sus trajes. Lo mejor de cada armario siempre se queda corto para visitar a la madre común en su día grande. De barrios o de diputaciones, entre los atavíos, ramos y cestillos, el pueblo entero dibujó en florales colores el camino que lleva hasta la Caridad.
Desde media tarde, la plaza del Ayuntamiento se llenó de gente. Algunos con bandurrias y acordeones. Los otros con sus tambores y uniformes. Enarbolando cada cual sus enseña y pendones, la sociedad entera estuvo representada entre las 59 asociaciones de vecinos, cofradías o grupos de folklore. Hasta grupos de modernista atuendo y las tunas más veteranas se unieron para engrandecer Cartagena en el día en el que luce si cabe más auténtica y vibrante.
Pasadas las cinco de la tarde, abrió el cortejo la comitiva municipal encabezada por la alcaldesa, Noelia Arroyo. Desprendida de la banda, la medalla y el bastón de mando del municipio, se enfundó también en la tradición de la mano de los ediles Diego Ortega y Nacho Jáudenes. Les abrió paso el retumbar de los tambores de Fuente Cubas.
La puerta del templo de la Serreta era un hervidero. Solo con las flores que se recibieron por la mañana se había cubierto la mitad de una de las dos estructuras ubicadas a ambos lados de la puerta principal de la Basílica. La Patrona recibía así, uno a uno y con mucho gusto, la visita de sus queridos hijos. Incluidos algunos adoptivos, como los de la Federación de Peñas Huertanas de Murcia. Invitados de excepción que estuvieron representados por la Reina de la Huerta y sus damas.
El canto del concejal
Vástagos de fe que, en algunos casos, no se limitaron a cuadrarse respetuosos frente al altar. Con la música en las venas, los primeros en brindar a la Virgen algo de cante y baile secular fueron los vecinos de Los Dolores, a los que se sumó Ortega, quien aprovechó para mostrar ante todos su calidad vocal.
A las cuatro grandes cofradías les siguieron los partidos políticos. Acostumbrada la Patrona a recibir ramilletes a pares, las dos formaciones de la órbita cartagenerista encargaron llamativos cestos. MC volvió a llevar un escudo floral de la ciudad, mientras que el Partido Cantonal entregó el mismo logotipo de la formación con sede en la plaza del Rey.
El portavoz socialista, Manuel Torres, no faltó a la cita con atuendo blanco y azul pesquero junto a sus vecinos de Santa Lucía. Misma gama de tonalidades llevaron los de El Portús, que no renunciaron a hacer alarde de su tradición más genuina: la jábega. Canteras y los Molinos Marfagones también se sumó a este tercio de diputaciones con identidad propia, marcando el paso con trajes de labranza, listos para la siega.
Entre los grupos más numerosos estuvieron una vez más los romeros de San Ginés de la Jara. Un centenar de ellos no se perdieron la ofrenda. Con mismo número de participantes se plantó en la Serreta el Grupo Folclórico de La Palma, quienes alegres danzaron animando las calles antes de la procesión de la noche.
Las farolas se encendieron cuando todavía no terminaba de pasar el último de los grupos y a la basílica ya no le cabía un pétalo más. El templo cerraba sus puertas y la Caridad descansó segura porque la devoción, cartageneros, sigue viva.

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Enlace de origen : Una pasarela de tradición y devoción a la cartagenera que nunca pasa de moda