Despega la primera misión tripulada a la Luna en los últimos 53 años

Despega la primera misión tripulada a la Luna en los últimos 53 años

Jueves, 2 de abril 2026, 00:39

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Encajados en un espacio similar al de un microbús en el que pasarán los próximos diez días, los astronautas Reid Wiseman, Jeremy Hansen, Christina Koch y Victor Glover han iniciado esta madrugada un viaje que puede ser calificado de histórico sin el menor género de duda. Por varias razones. La primera, que han pasado 53 años desde que el Apolo 17 abandonara la superficie lunar para volver a la Tierra. Desde aquel mes de diciembre de 1972, ningún ser humano se ha acercado siquiera al satélite terrestre. La segunda, porque será el viaje más largo de la historia. La misión Artemis 2 se alejará 400.000 kilómetros de nuestro planeta, más que ninguna de sus lejanas predecesoras. Un viaje homérico. Y la tercera, porque será la primera vez que una mujer y un hombre negro lleguen a la Luna.

«Vamos a ir a la Luna. El mundo ha estado esperando mucho tiempo para volver a hacer esto. Estamos realmente entusiasmados«, había dicho Wiseman, el comandante de la misión, en la última rueda de prensa antes de confinarse con sus tres compañeros, una medida habitual para evitar que cualquier contratiempo en forma de infección o enfermedad lleve al traste unos planes diseñados al milímetro. «Estamos ganando, en el espacio, en la Tierra y en todas partes», ha asegurado un eufórico Donald Trump.

El colosal Space Launch System (SLS) elevó su mole a las 00.35 horas en nuestro país tras resolverse un problema con el sistema de emergencias. Primero se impulsó gracias a dos cohetes con combustible sólido que lleva adherido a su enorme corpachón naranja. Estos le dieron el primer impulso, el que más energía requiere. Después entraron en juego el hidrógeno y oxígeno líquidos guardados en esa etapa central anaranjada. En estado gaseoso, ambos ocupan demasiado espacio. Por eso los tienen que enfriar hasta los 200 grados bajo cero. Estos dos empellones son los que permiten a los cuatro motores RS-25 heredados de los viejos transbordadores espaciales levantar las 2.000 toneladas del cohete y alcanzar los 40.000 kilómetros por hora necesarios para vencer la atracción gravitatoria. «Es como poner una fragata en vertical y esperar que vuele», explicó a este periódico Guillermo González Gómez, de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Sistema de aborto del lanzamiento

Nave Orión

Módulo de la tripulación

Módulo de servicio

Paneles de protección del módulo de servicio

Adaptador de la aeronave

Adaptador de fase Orión

Sistema de propulsión criogénica

Adaptador de la fase vehicular

Fase central

Cohetes de propulsión sólida

Motores RS-25

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El SLS es un gigante que alcanza los 108 metros de altura y tiene una capacidad de empuje de cuatro millones de kilos que le permiten elevar una carga de hasta 40 toneladas. Estas cifras lo convierten en el más grande y potente jamás construido por la Nasa, solo superado por la Starship de Elon Musk. Heredero directo del legendario Saturno V de las misiones Apolo -diseñado por Werner von Braun, el ingeniero que ideara las letales V-2 nazis- , cada uno de sus vuelos cuesta en torno a 4.000 millones de dólares, una cifra mastodóntica que no han impedido que se haya convertido en uno de los talones de Aquiles del programa para el regreso a la Luna. Su principal tara, las continuas fugas de hidrógeno, responsables de que el lanzamiento de esta noche no fuera posible ni en febrero ni en marzo, cuando estaba previsto.

La cuenta atrás para el despegue de la histórica misión había empezado este pasado lunes, unas 50 horas antes del lanzamiento. La previsión meteorológica apuntaba a ser lo suficientemente buena, con un 90% de posibilidades de que ni el viento ni tormenta alguna se interpusiera en el camino del coloso espacial. La presión era grande ya que los siguientes días se anunciaban unas condiciones mucho menos favorables. Tras cumplirse uno tras otro los diferentes pasos -especialmente crítico fue la carga del combustible-, todo quedó listo para el esperado momento del despegue, pasada la medianoche en España.

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Esta misión a la Luna durará diez días. En el primero, la cápsula Orion, en la que viajan los cuatro tripulantes, y el módulo de servicio que lleva adosado – fabricado por la ESA, lleva el agua, los alimentos, el oxígeno y la propulsión de la nave- darán dos vueltas a la Tierra para comprobar que todos los sistemas vitales de la nave funcionan como deben. A partir de aquí, tardarán cuatro días en llegar a su destino.

Se calcula que pasarán a una distancia de 7.400 kilómetros del satélite terrestre, alejándose 400.000 kilómetros de la Tierra, una distancia nunca antes alcanzada por una misión tripulada. Podrán contemplar la cara oculta de la Luna durante unas tres horas, algo que apenas han podido hacer un puñado de astronautas a lo largo de la historia. No alunizarán, una maniobra prevista para las misiones 4 y 5 -la tercera, establecida para el año que viene, servirá para un nuevo ensayo de vuelo del delicado cohete-, calendadas para 2028 tras el último cambio introducido por Isaacman en un plan que ha sufrido un sinfín de alteraciones. La última y más destacada, el abandono del proyecto de construir una estación espacial en la órbita lunar para apostar por construir una base permanente en el satélite. La Nasa ha elegido para dirigir este nuevo plan al ingeniero español Carlos García Galán. Sea como sea, el objetivo es adelantarse a los planes lunares de China, que tiene previsto alcanzar el satélite antes de 2030. A partir de aquí el siguiente objetivo será Marte.

VISTA LATERAL

Módulo de la tripulación

Módulo europeo de servicio

VISTA SUPERIOR

Paneles solares

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VISTA SUPERIOR

Paneles solares

VISTA SUPERIOR

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Módulo de la tripulación

VISTA INFERIOR

Módulo europeo de servicio

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Módulo europeo de servicio

VISTA INFERIOR

Paneles solares

El viaje de regreso será «gratis». De acuerdo a los planes de la Nasa, la Orión se aprovechará de la atracción gravitatoria de nuestro planeta para su camino de vuelta, de otros cuatro días. Amerizará frente a las costas de San Diego, en California.

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