Los Salzillos tuvieron este viernes unos espectadores de lujo en la plaza cardenal Belluga. La asistencia de la Reina doña Sofía y sus hijas, las … Infantas Cristina y Elena, atrajo todas las miradas de los murcianos congregados en torno al recorrido de la procesión de La Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno a su paso por la catedral.
Pasadas las nueve de la mañana accedían al Palacio Episcopal para ver el gran desfile religioso en la mañana del Viernes Santo en Murcia. Fueron saludadas por las autoridades y acompañadas por el alcalde, José Ballesta, mientras en la calle crecía la expectación y los móviles al cielo para sacar una instantánea de la emérita. La Reina venía de disfrutar anoche de la procesión del Silencio en Cartagena, de la Cofradía California, y antes de asistir a un pase privado en Murcia de los preparativos para la procesión morada en el Museo Salzillo.
1. La Reina y las Infantas disfrutan de la mañana de los Salzillos. 2. Doña Sofía agradece los obsequios de un nazareno.
Ros Caval / AGM | Marcial Guillén / EFE
Sentada ya en la tribuna de honor junto al obispo José Manuel Lorca Planes, este le regaló un programa en papel para no perder detalle de la Semana Santa de Murcia y de los pasos que iba a ver a continuación. Durante unos minutos, doña Sofía le fue lanzando preguntas al prelado mientras seguía saludando a los espectadores junto a las Infantas. Tanto Cristina como Elena sacaron también sus teléfonos para grabar o fotografiar algún detalle del cortejo. Los primeros en llegar hasta ella fueron los niños de la cofradía, que se agruparon en torno a ella para darle caramelos, habas y monas, hasta llenarle las manos con los obsequios. Ante tanto regalo, sus escoltas le pasaron varias bolsas para que fuera guardando los recuerdos y los dulces.
No faltaron rosarios y estampas de las tallas de Nicolás Salzillo, también pulseras. Los directivos de la cofradía también se fueron acercando hasta el palco para saludar. «Nunca la había visto», comentaba Ana Belén, que buscaba un rescoldo entre el público para ver a doña Sofía. «Yo la vi en Málaga y es muy amable, un encanto de mujer», detallaba Lucía, vecina de la capital y que esta mañana se había levantado temprano, como muchos, para intentar comprobar las reacciones de la reina. El despliegue de seguridad cubrió todo el graderío instalado en Belluga, que sorprendió a vecinos y visitantes. «Es un honor que haya venido, me alegro de haberla visto», añadía Samuel.
Al paso de la Santa Cena, con una mesa engalanada con fruta, la Reina y sus hijas se pusieron de pie y se persignaron. La Infanta Elena continuó grabando el esfuerzo de los 28 estantes para portar uno de los pasos más pesados del desfile. Estos giraron el trono para presentarlo a las ilustres visitantes, que agradecieron el gesto. Más adelante, hicieron lo propio frente a la fachada de la Catedral. Doña Sofía siguió respondiendo con la cabeza y una sonrisa a todos los integrantes de la procesión que pasaban a su lado para saludar. Ballesta también sirvió de guía para aportar detalles de este Viernes Santo morado que vive Murcia.
Tras el paseo por la plaza de La oración en el huerto y El Prendimiento, los cofrades ya habían conseguido que las Infantas y la Reina llenaran varias bolsas, sobre todo con monas con huevo, que no cesaron de llegar hasta sus manos en toda la mañana. Doña Sofía dedicaba unos segundos a mirar con detenimiento cada cuartilla o estampa que le daban envuelta en una bolsa morada traslúcida. Pocos pequeños perdieron la ocasión de acercarse a la grada para regalarles más detalles, una acción que fue acompañando la emérita con una sonrisa.
El cortejo frenó unos minutos cuando las bocinas dedicaron una marcha procesional a los apostados frente al Palacio Episcopal; todo mientras los tambores no dejaban de tronar. La anécdota de la procesión llegó cuando un padre nazareno se aproximó con su hijo de pocos meses de vida a la Reina, ataviado este con la indumentaria de los Salzillos a pequeña escala. Ella le pidió que se acercara para tomarlo unos segundos en su rodilla, un momento fotografiado por la infanta Cristina para el recuerdo familiar de su paso por Murcia. Al tiempo que Sofía atendía a los jóvenes cofrades, sus hijas charlaban con la presidenta de la Asamblea Regional, Visitación Martínez, sobre el espectáculo que circulaba frente a ellas.
El olor a incienso atrajo las miradas hacia la calle Arenal con la llegada del titular de la cofradía, Nuestro Padre Jesús Nazareno, única imagen del desfile que no fue hecha por el escultor murciano. Los 22 estantes que lo portaban lo presentaron a la tribuna para, más tarde, acceder con él a la Catedral por la puerta principal, seguidos de los miembros de la realeza, que se incorporaron a la procesión mientras sonó de fondo el himno de España. Los murcianos congregados frente al templo le dedicaron un último «¡Viva la Reina!» a doña Sofía.

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