La Garúa, un acogedor cobijo editorial para tres poetas murcianas

La Garúa, un acogedor cobijo editorial para tres poetas murcianas

Viernes, 3 de abril 2026, 22:54

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Garúa, chimiriri u orvallo. Palabras que son poesía en sí mismas y que recrean una imagen muy concreta, la de la llovizna, el calabobos. De todas ellas, se queda con el primer término la editorial catalana fundada hace 22 años por el editor Joan de la Vega. «La Garúa es una lluvia fina, persistente y obstinada, que cala sin llegar a mojar. En ciertas latitudes suena como un tango que bailan dos o quizás tres, cuando se suma –desde el otro lado del charco– algún ojo crítico», define De la Vega este fenómeno meteorológico antes de explicar el alma de su sello editorial.

«Somos un sello dependiente de neblinas, chubasqueros y paraguas, puesto que al final tarde o temprano nos acabamos empapando. Son ya veinte años los llovidos, donde hemos ido sorteando ciclones y borrascas, sobreviviendo a las inclemencias del tiempo, contra la intemperie del mercado como un corredor de fondo. Esta es nuestra manera de ‘garugar’ ante el mundo. Aunque no vendamos pasajes para salvarnos del diluvio que está al caer, aquí disponen de una humilde arca». Esta es la carta de presentación de La Garúa, editorial de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) en la que han encontrado su cobijo perfecto tres poetas de la Región, Mari Carmen Guerrero Ruiz, Cleofé Campuzano Marco y Marta Gómez de la Vega, que han publicado en los últimos meses, respectivamente, los poemarios ‘Palabras sedimentarias’, ‘El cuerpo quemará la medida de las casas’ y ‘Cuerpo de fuga’.

Son los números 112, 113 y 116 de la colección Poesía –también cuentan con las colecciones Haiku, Mayéutica Poesía, Ómnibus Ensayo, Ars Brevis y Poesía catalana– de esta ya veterana editorial, «muy valiente», según Mari Carmen Guerrero (Murcia, 1976). La filóloga y profesora de Lengua Castellana y Literatura colabora desde hace un par de años con la editorial. «Somos un equipo pequeñito, pero La Garúa es una editorial con una trayectoria muy consolidada», cuenta la poeta, que en 2023 publicó ‘Brocal y voraz’ con este mismo sello –antes, en 2019, vio la luz su primer poemario, ‘Solo esto’ (Poesía en des-orden)– y ahora ha encontrado su espacio para las ‘Palabras sedimentarias’.

‘Palabras sedimentarias’

'Palabras sedimentarias'

Divide Ruiz su poemario en tres capítulos, ‘Palabras clásticas’, ‘Palabras químicas’ y ‘Palabras orgánicas’, siguiendo la clasificación de las rocas. «Hay palabras que en el momento en el que las decimos no llegan a donde queremos, no son recibidas como pensamos, parece que se van perdiendo, pero sabemos que quedan en un pozo y ese pozo que sedimenta es al que hace referencia el título del poemario», explica a LA VERDAD.

«Las palabras clásticas son un cúmulo de palabras que se van uniendo sin que exista realmente una ligazón entre ellas. En las químicas, ya hay un proceso de unión más fuerte; y en las palabras orgánicas también, pero estas van mucho más allá porque la materia orgánica es la que se fusiona para formar esa roca. Son palabras que están más cerca de la posibilidad de comunicación, que al final es de lo que trata el poemario: esa necesidad de comunicación y de buscar las vías para que sea posible», define la autora, una de las poetas seleccionadas por Isabelle G. Molina para ‘Poesía en femenino. Antología de autoras murcianas’, publicada por la UMU en 2025.

«Hay épocas de escribir muchísimo, en las que puedo escribir un par de poemas al día, y épocas en las que parece que las palabras necesitan tiempo para reposar», considera sobre su proceso de creación. «Antes de darte cuenta de que hay obsesiones que te van arrastrando es cuando empieza a configurarse el libro, cuando empiezas a darte cuenta de que hay una unidad y de que es posible que el libro nazca», comparte la autora, sabedora de que «hay poemas que tardan, igual, tres años en tener la forma que quieres. Otros no la consiguen nunca. Otros nacen ya tal y como quieres que los demás lo lean o como quieres leerlos tú».

Para la filóloga, «la poesía y el uso de las palabras son mi forma de entender el mundo y de llegar, incluso, a la realidad del día a día. Es una forma de hacer que las cosas sucedan».

Cleofé Campuzano Marco (Archena, 1986) le dedica ‘El cuerpo quemará la medida de las casas’ «a mi madre, ‘in eternum’; a mi abuela Dolores, de quien tanto he aprendido; a las mujeres de mi vida». La poeta, educadora social y gestora cultural considera que con este poemario rompe, de alguna manera, con los anteriores. «No desdeño la importancia de los libros anteriores, pero, por ejemplo, igual en mi primer libro –’El ocho de las abejas’ (Devenir, 2021)– no me veo reflejada ahora, pero sé que este libro existe gracias a aquel entonces. En el sentido de herencia, creo que son importantes todos mis libros, pero este es el más iluminador».

«La casa siempre me ha parecido que era refugio y también podía ser prisión. Y quería darle a la casa un lugar con más preponderancia, porque muchas de las cosas que vivimos las vivimos ahí, entendiendo ‘casa’ como la física y la emocional», explica la autora, que se refiere también a la «estructura mental de la casa» de forma simbólica: «Cómo construimos los constructos culturales, la familia, los vínculos».

‘El cuerpo quemará la medida de las cosas’

'El cuerpo quemará la medida de las cosas'

Este poemario, en el que continúa transitando el duelo por la muerte de su madre, y que finalizó justo cuando falleció su abuela, consta para su autora de dos partes: «Una ‘in situ’ de 2020 y otra que contiene ese duelo primigenio pero ya trabajado. Por eso es más iluminador, porque hay un tránsito por el duelo que no tenía ni mi último libro ni los primeros, que bebían de la muerte entendida según lo que se nos ha enseñado, sin la experiencia cruenta y transformadora que contiene este».

«A mí me ha cambiado la concepción de la muerte, pero sobre todo la de la vida. Soy una persona entusiasta, pero siento muy intensamente las cosas; la idea de la finitud siempre la tengo presente, pero ahora veo que en las cosas hay un espíritu que trasciende. No podemos entender la muerte si no entendemos lo matérico: la naturaleza, las plantas, la tierra», comparte Campuzano.

Para la poeta, que actualmente vive en Lérida, publicar en La Garúa «ha sido bonito porque es la primera editorial de Cataluña que me edita y, como resido aquí desde hace muchos años, me ha parecido simbólico. Tiene que ver con esa casa que es para mí Cataluña. La Garúa cuida mucho las ediciones como objeto. Son libros muy bellos».

«Un viaje maravilloso»

La psicóloga, psicoterapeuta y creadora plástica Marta Gómez de la Vega (Madrid, 1975), instalada en Murcia desde hace décadas, busca «la sorpresa» cuando se acerca a la poesía. En su poemario ‘Cuerpo de fuga’ escribe «sobre incomodidades que habitan mi cuerpo, sobre mi historia, otras historias que observo, por ejemplo, en mis pacientes, y el mundo que me rodea, que a veces parece desbordado y atravesado por los dramas. Pero realmente lo que a mí me interesa es que lo que escribo quede abierto, que tampoco sea realmente explícito».

Disfruta la poeta, que define su forma de escribir como «muy corporal», de conocer las impresiones de sus lectores: «Hay tantos poemas como lectoras».

‘Cuerpo en fuga’

'Cuerpo en fuga'

Autora e ilustradora de ‘Pinceladas de inspiración. Poemas ilustrados’ (Mora-Mora, 2021) y de ‘Pinceladas de sentimientos. Relatos de duelo’ (Niño Libre, 2016) y creadora de talleres y cursos de escritura terapéutica, publicar en La Garúa «es todo un privilegio, un regalo» para ella. «Es una editorial pequeña en cuanto al equipo pero muy respetada, con un catálogo de poesía muy potente y diverso. Estoy agradecida de que acogieran este poemario con tanta ilusión. Tener a Mari Carmen al lado, que además es amiga, es muy bonito. Y a Cleofé la he conocido hace poco, pero se ha generado con ella una resonancia».

«Existe la idea de que la escritura es solitaria pero para mí es todo lo contrario: la poesía está siendo el vehículo principal para generar lazos, amistades, leernos y alegrarnos unas por otras. Está siendo un viaje maravilloso con un grupo de mujeres bellísimo», concluye, gratificada.

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