
La situación de Carlos Mazón resulta inédita y rocambolesca. Se trata de un aforado sobre el que el TSJ ha dictaminado que no existen indicios … delictivos, pero, sin embargo, él pretende personarse como investigado pese a que ha sido citado como testigo. En la breve descripción anterior se antojan ya algunas contradicciones del enorme embrollo judicial que ha propiciado la ofensiva judicial de Mazón. Todo queda ahora en manos de la Audiencia.
La estrategia del expresidente cambió hace unas semanas tras comprobar –con el correspondiente alivio– que la Sala de lo Civil y Penal del TSJ no apreciaba indicios delictivos contra él por la gestión de la emergencia. El auto era incluso más favorable que el informe del fiscal superior. Aquello se convirtió en una especie de pasaporte, un aval con el que impulsar, ahora sí, una nueva maniobra: la del ataque. Y esta arrancó, para sorpresa de todos, el pasado lunes.
Fue entonces cuando el expresidente cambió el rumbo. Según recuerda Las Provincias, siempre, desde el minuto uno de la dana, ha ido a rebufo de los acontecimientos. Le ocurrió durante aquella incomprensible tarde en el restaurante El Ventorro, que hizo imposible su continuidad como president y, por extensión, en cualquier responsabilidad política. Pero la actualidad siguió arrollándolo durante meses. Faltaron explicaciones y las que se ofrecieron no fueron suficientemente firmes. Los cambios de versión, los matices e incluso las mentiras –un juzgado investiga la manipulación de un audio de Aemet– se iban introduciendo en un relato agujerado como un queso emmental. Fue un periodo, sin duda, convulso. Su núcleo duro de Presidencia se atrincheró y la tensión se disparó con prácticamente todos los medios. La atmósfera se hizo irrespirable.
Faltó estrategia a medio plazo y la que se destinó a corto resultó más que fallida. Un ejemplo de aquello se ha visto con la instrucción de la dana. Su jefa de prensa llegó a declarar que calculó la hora a la que Mazón regresó al Palau aquella tarde –en principio se dijo a las 18 horas– por simple lógica. En realidad, apareció a las 20 horas.
El expresidente siempre se ha visto rezagado tras esta tragedia. Una forma de actuar que, en realidad, se considera ajena a su conducta en política. Temeroso de dar un paso en falso, también se mantuvo ese planteamiento cuando la jueza comenzó a poner el foco en el reservado de El Ventorro. Optó por aguantar. Desoyó las invitaciones de la magistrada para que acudiera a declarar –nunca le contestó, de hecho– y evitó personarse en la pieza ni tan siquiera cuando la Audiencia abrió la puerta a una investigación, digamos indirecta, sobre su actuación. No es tarea fácil establecer cuál es el límite de una investigación a un aforado en un juzgado unipersonal.
Mazón siempre fue a rebufo. En el plano mediático le salió mal. En el judicial, en cambio, ha obtenido oxígeno
No obstante, fue con aquella citación de Maribel Vilaplana, la periodista que comió con Mazón, cuando comenzó un cerco judicial que se prolongó durante cuatro meses. Aparte de los interrogatorios, la magistrada no escatimaba comentarios como el siguiente: «Si Mazón supiera la defensa que tiene aquí», en referencia a la actuación de algunos letrados que parecían casi de una defensa encubierta del diputado más polémico con el que ahora cuenta el PP. La contundencia de los autos de la instructora, incluso en un momento embrionario de la instrucción, ha irritado enormemente a los dos investigados en la trama. De igual modo que la ironía, un recurso literario e incluso válido en algunos géneros periodísticos, no casa bien con resoluciones de carácter técnico y pese a todo la instructora ha recurrido a ella. Lo anterior puso en alerta a Mazón. ¿Habría cambiado su idea con otro tipo de instructora? Eso forma parte del terreno de la especulación.
La resolución del TSJ no debió sentar bien a la magistrada. Se trata de una reacción habitual y humana. A nadie le gusta ser corregido. Menos todavía en un sector, el de la judicatura, donde el ego suele cotizar al alza. El alto tribunal, aparte de elogiar el trabajo y esfuerzo de la jueza, despachaba toda una serie de reproches acerca de sus conclusiones y el momento de esa exposición motivada sin que hubiera terminado la instrucción. Así calificaba de especulaciones la tesis de que él influyó en el ES-Alert y le reprochaba que no hubiera abordado la posición de garante del expresidente, clave en toda esta historia, entre otras anotaciones a su trabajo.
¿Qué prefiere el diputado: declarar como testigo o ser investigado? Por extraño que parezca, apuesta por la segunda opción
La reacción de la instructora fue inmediata. Si no se le investiga, al menos, que venga como testigo. El relato de Mazón, obligado a decir la verdad, sería interesante para conocer el flujo de información que le llegaba desde el Cecopi. Su testimonio, no obstante, no diferiría de las comparecencias que hasta ahora ha hecho en Les Corts o el Senado. En cualquier caso, eso no evitaría el mal trago de someterse a un interrogatorio, aunque pueda declarar desde su despacho.
¿Fue precipitada la decisión de la jueza? La realidad es que esa convocatoria abrió una brecha al aforado. La jueza lo cita como testigo, pero su voluntad era que compareciera como investigado. De hecho, la situación de Mazón es anómala, sería algo así como un testigo bajo sospecha. Es decir, el aforado entiende que se le está investigando. De hecho, en este sentido, existe una diligencia que indubitadamente se orienta hacia una eventual imputación de Mazón, la de conseguir los WhatsApp que aquella tarde cruzó con su jefe de gabinete, José Manuel Cuenca. La magistrada encargó una comisión rogatoria a la empresa estadounidense. No hay demasiada esperanza en la recuperación de los mensajes. Cuenca formateó el móvil que usó el día de la dana antes de devolverlo a la Generalitat. Lo hizo, además, a sabiendas de la importancia de los mensajes en esta investigación.
Así pues, Mazón vio una oportunidad. Pedir su personación como investigado. La jueza lo ha rechazado: «Eres testigo», vino a decir no sin algunos mensajes, de nuevo, irónicos. Tampoco esta solución es absolutamente contraria a sus intereses y más si la Audiencia la confirma. Si el Pleno de la Sala ratifica esta condición, una eventual imputación de Mazón se convertiría en algo poco probable. ¿Es posible cambiar la condición de un testigo a imputado? Sí. Pero si la declaración se ha producido –no existe fecha– existiría un riesgo elevado de nulidades. Este cambio es posible pero está pensado cuando aparecen hechos nuevos relevantes o se aprecia que la declaración de un testigo le incrimina directamente. Pero este escenario se presenta radicalmente diferente. Podría pensarse que la jueza no jugó limpio al exigir al aforado que declare con obligación de decir verdad cuando, por otro lado, mantenía diligencias para incriminarle. Todo esto sin olvidar un detalle no menor: la comparecencia de Mazón no tiene fecha y podría demorarse meses.
La ofensiva de Mazón solo anticipa, cualquiera que sea el desenlace, un resultado positivo. Conviene recordar que si se admitiera finalmente su personación, la declaración quedaría, de nuevo, a su voluntad. Conviene recordar otra circunstancia de cara a la opinión pública. Mazón no ha mostrado todavía una voluntad de colaborar con la investigación. En su poder deben de figurar los WhatsApp que cruzó con Cuenca. Su aportación voluntaria podría cerrar –dependiendo de su contenido– todas las sospechas acerca de su intervención en la da

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Enlace de origen : Mazón planta ahora cara a la jueza tras el aval del TSJ