La casa, dicen, sigue cerrada. La cinta policial aún cruza la puerta y las persianas permanecen medio bajadas, como si la vivienda se hubiera quedado … detenida en aquella noche del 7 de marzo en la que todo ocurrió. Ha pasado más de un año desde que Rosa, de 73 años, apareció muerta en el salón de su casa de La Algaida, en Archena, con heridas de arma blanca y signos de haber intentado defenderse. Un año después, su familia sigue sin saber cómo murió exactamente ni quién la mató. Ni siquiera conocen el resultado de la autopsia. «Lo único que sabemos es que fue con arma blanca», cuenta una de sus hijas, que accede a hablar ahora con LA VERDAD porque el silencio de la investigación se ha convertido en otra forma de dolor. «No sabemos dónde tenía las heridas exactamente, no sabemos nada del informe forense. Nada».
El día en el que la encontraron, el 8 de marzo sobre las 14.30 horas, empezó como un día normal. Su hermana llevaba toda la mañana llamando a Rosa por teléfono. No contestaba. Dejó a su hijo en el colegio, volvió a llamar. Nada. Hizo la compra, volvió a llamar. Nada. A las dos de la tarde decidió bajar a su casa para ver qué pasaba y llevarle comida. Metió la llave en la cerradura y notó algo extraño. La puerta estaba cerrada con doble vuelta por dentro. Cuando entró, la vio en el suelo del comedor. Había mucha sangre. «Estaba tirada, como retorcida, con el chaleco en una mano presionándose el abdomen, como si hubiese intentado taponarse la herida», recuerda. «Mi hermana empezó a llamar a los vecinos, al 112, pero ya estaba muerta».
La escena del crimen y la manera en la que apareció el cuerpo dejaron muchas preguntas desde el primer momento. No había señales de que se hubiera forzado la puerta de entrada a la casa; tampoco faltaban objetos de valor, y el dinero que Rosa llevaba en un sobre dentro del chaleco, unos 200 euros que había sacado ese mismo día, seguía allí. Para algunas de sus hijas hay una idea que se repite desde entonces: Rosa conocía a la persona que entró en la vivienda esa noche para matarla.
La puerta de la casa en La Algaida no estaba forzada.
C. Caballero
«Mi madre no abría la puerta por la noche a cualquiera. Era una mujer que preguntaba siempre quién era antes de abrir. Si lo hizo es porque conocía a la persona», explica su hija. Los investigadores también trabajaron desde el principio con esa hipótesis. La puerta no estaba forzada, la víctima presentaba heridas de defensa y golpes en la cabeza, lo que indicaba que había intentado protegerse. Rosa intentó salvarse.
Según cuenta la hija menor, en el sofá había marcas como si hubiera intentado levantarse o apoyarse para pedir ayuda. Pero la persona que acabó con su vida se aseguró de que no lo lograra. La puerta estaba cerrada con llave desde fuera, «con doble vuelta de la cerradura». Alguien salió de la vivienda y cerró dejándola dentro, malherida, sin posibilidad de pedir auxilio.
Hay otro detalle que la familia nunca ha logrado comprender. Cuando encontraron el cuerpo, Rosa tenía una almohada colocada bajo la cabeza. «Eso no lo entendemos. Si alguien mata a una persona, ¿por qué le pone una almohada debajo de la cabeza? No sabemos si fue arrepentimiento, si fue otra cosa, no sabemos nada».
La investigación continúa bajo un estricto secreto de sumario desde entonces. La casa sigue precintada y la familia no ha podido entrar a recoger objetos personales. Todo permanece como se quedó aquella noche. «Nos han tomado el ADN a todos, a los yernos, a mis hermanas, a mí, a mi marido. Nos dijeron que en las uñas había ADN, pero no sabemos nada más», explica Isabel. «Nos dicen que todo está en el Instituto Nacional de Toxicología de Madrid, que hay que esperar, pero ha pasado más de un año y seguimos igual».
La línea del dinero
Desde el principio, una de las principales líneas de investigación se centró en el posible móvil económico. Rosa había vendido unos terrenos y había recibido parte del dinero de una expropiación, aunque todavía no había cobrado la totalidad. Era un asunto conocido en su entorno y, según distintas fuentes, la investigación se movía en el círculo cercano de la víctima. La familia nunca ha tenido confirmación oficial de esa línea de investigación, pero saben que es una posibilidad.
«Mi madre tenía su pensión de viudedad y ese dinero de los terrenos, pero todavía no había cobrado todo. Estaba todo sin repartir, sin adjudicar, estaba todo en el aire», explica su hija. «Por eso pensamos que alguien podía saber que iba a cobrar dinero».
El paso del tiempo sin respuestas también ha dejado heridas dentro de la propia familia. Las sospechas, el miedo a que el responsable sea alguien cercano, han cambiado relaciones. «Algo que puede empeorar todo es cuando se sepa quién fue», dice. «Ahora mismo no sabemos nada, pero el día que sepamos quién mató a mi madre, puede que sea alguien conocido. Eso sería otro golpe».
¿Quién podía querer hacerle daño a ‘Rosita’?
Rosa era una mujer conocida en la pedanía. La llamaban Rosita, era viuda, madre de cinco hijos, había trabajado en fábricas y en mercados durante años. Era, según quienes la conocían, una mujer tranquila, muy de su casa, alejada de los conflictos y muy pendiente de su familia y de sus nietos. «Era muy buena mujer, muy trabajadora. A nosotros nunca nos ha faltado de nada. Todo lo que tenemos es gracias a mis padres», recuerda su hija. «Por eso lo único que queremos es justicia. Que se sepa quién fue y que pague por lo que ha hecho». No le gustaban los chismes ni los conflictos. Llevaba una vida tranquila, bastante previsible, con horarios parecidos cada día y un círculo social pequeño, formado sobre todo por la familia y algunos vecinos de toda la vida.
Sus hijas la recuerdan como una madre muy pendiente de todos, que ayudó económicamente a sus hijos cuando lo necesitaron, para estudios, para muebles, para empezar una vida. Trabajo, familia, casa. Y precisamente por eso, porque era una mujer normal, de rutina tranquila y sin problemas conocidos, su muerte violenta dentro de su propia casa dejó a la familia y al pueblo con una pregunta que todavía sigue sin respuesta. ¿Quién podía querer hacerle daño a Rosita?

Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Los interrogantes del asesinato de Rosita en Archena: «Ha pasado un año y seguimos sin saber cómo murió mi madre»