Dicen que la especialidad de la gran factoría de baloncestistas que es la metrópoli de Chicago no es precisamente la de especialista en el tiro. Todo aquel que haya jugado alguna vez al baloncesto callejero envuelto en una agradable brisa para el paseo, pero hostil para un balón que busca su destino al aro, podrá imaginarse por qué si hablamos de la ‘Ciudad del Viento’. El legendario Isiah Thomas, mítico base de los Detroit Pistons antagonistas de los pujantes Chicago Bulls de Michael Jordan que querían alterar el orden de la Conferencia Este, seguramente sea el mejor ejemplo, pues Thomas pasó a la historia como uno de los jugadores más incómodos para sus rivales, un hombre que multiplicaba sus prestaciones ante las dificultades y que sacaba su mejor nivel cuando saltaban chispas del parqué, especialmente contra aquellos Bulls de la ciudad en que se crió.
Es la misma en que creció Patrick Beverley, una de las grandes amenazas del PAOK ante el que mañana a las 20.30 se juega el UCAM el acceso a la final de la FIBA Europe Cup, curtido en las mismas calles del West Side de Chicago en que Thomas sobrevivió a una infancia y adolescencia extremadamente dura, entre violencia, drogas y pobreza.
Entre ser presa o depredador, Beverley, como Thomas, siempre tuvo clara la opción, para un carácter trasladado de su peculiar manera al parqué. Uno en el que, como la leyenda que dice que de Chicago salen de todo menos tiradores, es difícil cuantificar. Por lo menos, así lo fue hasta 2017, cuando fue el primer ganador del Premio Hustle (algo así como ‘lucha sin cuartel’) de la NBA, que creó este reconocimiento para esos torneros fresadores de la anaranjada, haciendo medibles acciones como las veces que uno se tira al suelo para salvar un balón, forzar faltas en ataque, causar ‘deflections’ (cortar pases del rival sin llegar a robar el balón) o hacer buenas recuperaciones defensivas para contestar tiros abiertos, entre otras.
Todo empezó en Ucrania
Pero, mucho antes de la cima a su carrera, Beverley tomó un camino poco explorado hasta entonces. Dos nombres dan contexto: Brandon Jennings y Ricky Rubio. Cuando el segundo se convertía en unos de los primeros fenómenos virales, especialmente desde su actuación ante Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 2008, con solo 17 años, el primero era algo parecido a su equivalente al otro lado. Y, viendo que su comparación europea se llenaba los bolsillos cuando en la NCAA él no podía cobrar, decidió esquivar la universidad y ser profesional en la Lottomatica. Tal fue el fenómeno, que juntos fueron portada de la revista SLAM.
Desde la temporada pasada, Beverley ultima su carrera en Europa, donde la empezó en 2008 con el Dnipro
Culo veo, culo quiero, debió pensar Beverley. Pasado su segundo año en la Universidad de Arkansas, y entre rumores de problemas académicos, a Europa que se dio siguiendo la vía abierta por Jennings, a quien en 2025 desafió a un uno contra uno por 100.000 dólares. Este respondió que no jugaba contra jugadores de menos de 10 puntos por partido. El caso es que llegó al Dnipro ucraniano y eso le valió para ser escogido en el Draft de 2009, pero a su puerta tocó el Olympiacos, con el que fue subcampeón de la Euroliga de 2010… ante el Barça de Ricky Rubio.
Sombra de Teodosic en El Pireo, bajó un escalón, al Spartak de San Petersburgo, fue ‘MVP’ de la EuroCup y, al poco de empezar la temporada siguiente, llegó a la NBA. Por la puerta de atrás, pero dispuesto a hacer ruido.
Salidas de tono
Dos franquicias marcan, sobre todo, su trayectoria en la NBA. Los Houston Rockets, donde jugó entre 2013 y 2017, y Los Ángeles Clippers, su siguiente equipo hasta 2021. Ambos grupos fueron alternativas en un Oeste dominado por los Golden State Warriors, contra quienes pierde en tres ocasiones en el ‘playoff’. Polo opuesto de Stephen Curry, vino a decirle que ya había tenido suficiente y que iba siendo hora de dejar paso a otros, un ‘trash-talking’ (lenguaje basura) que tanto le gusta, que la cultura de Internet adulteró a una más hiriente, y cuando a Curry aún le quedarían dos campeonatos más por ganar.
Desde que dejó los Clippers, Beverley fue de un equipo a otro haciendo más conocidas sus extravagancias que su baloncesto, como cuando celebró al borde del llanto un pase a ‘playoff’ con los Timberwolves o, jugando para los Lakers, protestó una falta pidiéndole su cámara a un fotógrafo y yendo con esta al árbitro. Sin sitio en la NBA, el año pasado fue cortado por el Hapoel meses antes de conquistar la EuroCup y aterrizar en la Euroliga, pues temerario resulta desafiar a Itoudis. En Israel también dio que hablar cuando dijo sentirse «seguro» en el país hebreo, como el león que no tiene miedo del antílope.
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Enlace de origen : El último gran bocazas de la NBA llega a Murcia