
Damián Romero siempre ha subrayado como un inmenso honor poder ser el primer comisario de la Policía Nacional 100% cartagenero. Un orgullo que llevó … por bandera hasta este pasado Miércoles Santo. Ese día, mientras acompañaba a los californios en su magna procesión, colgaba definitivamente el uniforme. Amaneció como agente y se acostó como policía retirado tras un historial de décadas de servicio. 23 años solo en Cartagena se dicen pronto. Con todavía un montón de cajas en el despacho, atiende a LA VERDAD mientras recoge sus últimas pertenencias. Ya vestido de traje y sin placa.
–¿Cómo se siente en estas últimas semanas de despedidas?
–Pues me voy con una sensación agridulce. Por un lado, son muchos años en este trabajo, que es un matapersonas, y por otro, con la sensación de que ese estrés lo llevas innato y te gusta. Cuando eres feliz en tu trabajo, no es una carga. Pero lo estoy llevando bien
–¿Cómo es que ha tardado tanto la ciudad en tener a un cartagenero al mando de la Policía?
–Pienso que ha sido una casualidad y, salvo que los anales de la historia me desmientan, es una cosa llevo a mucha honra. Antes es cierto que pasaron años en los que Madrid mandaba mucho, enviaban al comisario de aquí y normalmente estaban poco tiempo.
–En sus 23 años en Cartagena, ¿cómo ha cambiado la forma de trabajar y los delitos?
–La forma de trabajar no ha cambiado mucho. Sí es cierto que hubo un antes y un después con las pateras. Al principio no era muy problemático porque venía una esporádicamente y luego ya empezaron a venir en oleadas. Recuerdo que llegamos a tener de golpe seiscientas y pico personas. Aquello fue tremendo. Afortunadamente ahora vienen más espaciadas y han cambiado. Ya no son esos botes que van por su cuenta con una brújula, sino que son taxis. Son más grandes, traen más gente y tienen motores más potentes, por lo que no dependen tanto del viento. Por lo demás, ahora trabajamos más en la prevención del delito. Yo vengo de seguridad ciudadana y pienso que esto es fundamental.
SENSACIÓN DE SEGURIDAD
«Uno de mis caballos de batalla ha sido poner patrullas en los lugares menos bonitos del centro»
–¿Está la plantilla de Policía Nacional bien dimensionada?
–Ahora estamos mejor que nunca en personal. Aun así, le engañaría si dijera que no querríamos tener más agentes. Como en cualquier empresa, cuantos más trabajadores, la calidad del servicio es mejor. Sí que es cierto que cuando llegan las pateras se tensiona todo porque son varias las unidades que tienen que extremar los recursos. Si tuviéramos ahora una oleada, entonces sí habría que pensar en meter más personal
–Quien se queja de falta de efectivos es la Guardia Civil. Aunque cada uno tenéis vuestra demarcación, ¿les afecta en algo?
–Para nada. Ellos tienen su demarcación, aunque sí puede darse el caso que, en una emergencia, se crucen esas líneas, que no dejan de ser imaginarias. Si alguien pide ayuda y estamos cerca, acudimos.
–¿Piensa que se podría ampliar la demarcación de la Policía Nacional en Cartagena?
–Sí, de hecho, ya hay algunas asociaciones que nos lo han pedido. Nuestra demarcación se trazó hace ya muchos años, es antigua y entonces había más distancia entre el centro y algunos barrios. Es lógico pensar en integrar sectores que ya están unidos a la ciudad como puede ser el polígono Santa Ana o La Vaguada. Incluso en Cabezo Beaza están interesados. Al final la Guardia Civil tiene mucha extensión de terreno a su cargo y esto para ellos es un handicap porque las distancias que deben recorrer para cualquier aviso son largas. Y gracias a Dios que tienen la ayuda de la Policía Local.
–¿Cómo es su relación y la del cuerpo con la Policía Local? ¿se puede mejorar la coordinación?
–La coordinación con ellos siempre ha sido extraordinaria. Tantos con todos los jefes que han habido en los últimos años como con el actual comisario (Pedro Moreno). También con el concejal (José Ramón Llorca)
–Antes mencionaba el tema de las pateras, ¿cómo se atiende a esta situación sin mermar los servicios ordinarios?
–Con esto sucede igual que si tuviéramos una oleada de robos en una zona y tenemos que apretar ahí. Lógicamente todo lo que sean movimientos que se salgan fuera de lo ordinario detrae efectivos. Pero son momentos puntuales que se cubren. Además, estamos haciendo un gran trabajo porque estamos metiendo en prisión a un montón de pateristas. El año pasado metimos entre rejas a más de 100. Ellos son los que verdaderamente delinquen.
ESPINITAS
«Los sucesos de Cala Cortina fue el episodio más lamentable que viví en esta comisaría»
–Tiene entonces difícil solución
–Con el tema de las pateras, desgraciadamente, nos toca lidiar con ello. Pero no solo llegan a Cartagena, sino también a Alicante, a Almería, a Motril y a las Baleares, donde llegan muchas más que aquí. A ellos les pasa igual. Son momentos puntuales. También pasa cuando hay huelgas como las que ha habido últimamente de las empresas auxiliares de Navantia. Lógicamente hay que estar más pendiente de eso.
–¿Y qué opina de la actual ubicación del CATE en la Algameca?
–Pienso que llevarlo allí no fue la mejor decisión. El CATE tiene que estar un sitio donde los migrantes puedan ser desembarcados y metidos dentro rápido, es decir, que tiene que estar en el cantil de un muelle del puerto. El que sea. Su posición actual obliga a custodiarlos cuando desembarcan, cuando los trasladas y cuando los ingresas y eso también resta muchos efectivos. La Autoridad Portuaria debería repensarlo.
Bandas itinerantes
–¿Cuál diría que es el mayor reto que tiene la ciudad en materia de seguridad?
–A nivel regional nuestro mayor reto es todas las personas extranjeras que están llegando. Ya no solo los que vienen de África. También los de Europa del Este. Y no podemos obviar que algunos de ellos vienen aquí a delinquir. Estamos hablando, por ejemplo, de esos grupos itinerantes de robos que, cuando tocan una ciudad, la hacen polvo. Por suerte, aquí tenemos uno de los mejores grupos de investigación sobre este tipo de bandas. Desde aquí se da muchísima información a toda la Policía Nacional.
–Recientemente alertó del incremento de los ciberdelitos, ¿cómo los combaten?
–Es muy difícil combatir con ellos. Solo nos queda trabajar mucho la prevención, en concienciar al ciudadano de los riesgos que corren con el móvil y en las redes. Esta gente es muy lista. Cada día más. Y estas cosas, que no se nos olvide, nos puede pasar a cualquiera. Hace poco le dimos a los empresarios dos conferencias magníficas sobre este asunto y sobre las técnicas para detectar cualquier ataque e intentar desarticularlo antes de que consiga sus objetivos, que evidentemente suele ser dinero.
–¿Y qué me dice del tráfico de drogas? ¿les da mucho trabajo?
–Tenemos una unidad fantástica dedicada a ello. Estamos en contacto súper directo con las asociaciones de vecinos, que son las que nos pueden poner sobre aviso de los puntos de venta. Pero no se crea que es tan fácil. Primero hay que probar que lo es delante de un juez y eso lleva un tiempo. Ahora nos preocupa que están proliferando muchísimo las plantaciones ‘indoor’. Creo que esto tiene una pena bajísima y, claro, les trae a cuenta porque a veces ni siquiera entran en prisión.
–En términos generales, ¿Cartagena es una ciudad segura?
–Se lo garantizo. Así lo dicen las estadísticas. Y en esto, además de dar seguridad, es importante generar sensación de seguridad. Yo recuerdo cuando empecé aquí. Había prostitución y mucho trapicheo en el centro mismo y, para dar esa sensación de seguridad, uno de mis caballos de batalla ha sido precisamente poner patrullas en esos sitios menos bonitos del casco histórico, donde es necesario actuar tanto policial como urbanísticamente.
–El Ayuntamiento les va a dar finalmente la Medalla de Oro. Lo ha peleado mucho.
–Sí, sabía que lo iban a hacer, pero es cierto que se me quedaba como una espinita marcharme sin lograrlo. Lo importante es que se lo den a todos los policías de Cartagena actuales y pretéritos. No a mí personalmente.
–¿Tiene alguna otra espinita?
–Pues me entristece mucho como se desarrolló todo durante los sucesos de Cala Cortina. Fue el peor momento y sin duda el más lamentable. Luego sobre todo uno se va pensando en los casos que se quedaron sin resolver, por ejemplo, la muerte accidental de un sacerdote en la calle Mayor mientras forcejeaba con unos ladrones que entraron a su casa. Yo creo que algún día se resolverá, pero recuerdo que se trabajó en ese caso más que nunca. Recuerdo también la desaparición de una mujer en Las Seiscientas. Son cosas que se te quedan ahí.
–¿Qué impronta cree que deja en esta comisaría?
–Aquí nadie es imprescindible. Estoy seguro que vendrá uno que lo hará mejor que yo. No es falsa modestia. Viene gente nueva, preparada y con ganas. Lo que sí puedo decir es que yo, que vengo del estamento militar, siempre he dado mucho valor a la disciplina, al orden y a la fidelidad. Nunca he incumplido una orden de un superior aunque no estuviera de acuerdo con ello. Y, por supuesto, hay que defender siempre también a tus compañeros y subordinados. Eso es lo que he intentado transmitir y lo que he practicado.

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Enlace de origen : Damián Romero: «Trasladar el CATE a la Algameca no ha sido una buena decisión»