
Miércoles 13 de mayo. Aguas de El Gorguel, en Cartagena. Una ‘goma’, de unos 13 metros de eslora, echa mano de sus tres potentes motores … fuera borda para tratar de dejar atrás a la patrullera del servicio marítimo de la Guardia Civil que le pisa los talones. Una tensa persecución, de madrugada, que acaba cuando la barcaza se empotra con la jaula de una piscifactoría cercana. Sus tres tripulantes tratan de escapar a nado y dos de ellos acaban detenidos. Esta escena, que ha dado pie a la ‘Operación Flasker’, ya no es ninguna rareza en el litoral regional. Un nuevo golpe al ‘petaqueo’ que deja entrever el impacto en la Región de un negocio, el del narcotráfico, que mueve cada año miles de millones de euros en todo el país. La batalla que llevaba décadas librándose con especial ferocidad en el sur del país se ha trasladado también al Levante y las narcolanchas ya apuntan a las costas de la Región como una de sus zonas elegidas para tratar de introducir el ‘costo’ -y ahora también la cocaína- de una manera más discreta.
«Ya destacamos en la memoria de 2025 un notable incremento de la presencia de organizaciones criminales que hasta ahora operaban en el sur de España en zonas de costa de la Región, en especial Águilas, Mazarrón, San Javier o Cartagena», subraya la fiscal antidroga de la Región, Verónica Celdrán a preguntas de LA VERDAD. «No solo ha aumentado la incautación de narcolanchas, sino, en especial, los avistamientos».
El señalamiento de la Región en el último informe anual de Seguridad Nacional, emitido por el Centro de operaciones y vigilancia de acción marítima de la Armada (Covam), como una de las zonas críticas elegidas por las mafias del narcotráfico para colocar sus alijos solo ha venido a constatar una realidad que se palpa desde hace años en las costas de la Región. La asociación profesional Justicia Guardia Civil (Jucil) advirtió esta semana de «la alarmante y descontrolada expansión de las mafias» y la «invasión» de narcolanchas en la Comunidad. Su secretario provincial, David Aguilar, hace hincapié en que el impacto del fenómeno en esta zona es «alarmante» y va en aumento. «Hemos detectado un incremento exponencial en la Región, hasta el punto de que la llegada de ‘narco-taxis’ o embarcaciones de apoyo se produce de manera casi diaria, aprovechando la impunidad de las horas nocturnas», remarca.
La cocaína gana peso
El secretario provincial de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en Murcia, Juan García Montalbán, explica que la presión policial ejercida en el entorno del Estrecho durante décadas ha provocado que muchas organizaciones criminales hayan trasladado parte de su actividad a la costa levantina. El hachís, la droga que entraba tradicionalmente en la Región a través de la costa, ha dejado paso, asimismo, a otra sustancia muy cotizada. «Actualmente, la situación ha evolucionado», explica la fiscal. «La droga que se transporta es, sobre todo, cocaína, que viaja desde Sudamérica o Centroamérica».
En los últimos años, además, la estrategia ha cambiado. La aprobación en 2018 de la Ley de Represión del Contrabando por parte del Gobierno central vino a variar las reglas del juego. Las embarcaciones de alta velocidad utilizadas por las mafias pasaron a considerarse género prohibido, lo que permitía su incautación -basándose únicamente en sus características técnicas y no en su utilización-. Las organizaciones criminales, una vez que las narcolanchas y grandes embarcaciones pueden ser más fácilmente incautadas, variaron su modo de operar. Ahora hacen uso de buques nodriza que llevan los alijos de droga hasta puntos cercanos a las costas de Murcia, Málaga o Almería.
Una vez allí, las bandas cuentan con barcas más pequeñas que recogen la droga. «Las narcolanchas se alijan en alta mar, a cientos o incluso miles de millas de distancia de las costas», explica la fiscal. Esos barcos más discretos, como pesqueros, veleros o pequeñas lanchas, acercan los alijos a las zonas costeras más sensibles del litoral regional, donde descargan. «Una vez que llegan a la costa, la operación apena duran unos minutos, se desembarca la droga y se carga la narcolancha con el combustible necesario para realizar el viaje de vuelta al buque nodriza», remarca Celdrán.
El auge del ‘petaqueo’
Con esta nueva forma de operar, surge una nueva figura cuya papel es absolutamente logístico y vital para las organizaciones: los ‘petaqueros’. Estos grupos abastecen a las narcolanchas alejadas de la costa para evitar ser aprehendidas. «Actúan como ‘gasolineras flotantes’, permitiendo que las narcolanchas reposten en alta mar», explica el responsable provincial de Jucil. «De este modo, las embarcaciones principales no tienen que aproximarse a la costa ni entrar a puerto para abastecerse, lo que les permite eludir con mayor facilidad los radares del sistema integrado de vigilancia exterior (SIVE)» o la interceptación por parte de la Guardia Civil o Vigilancia Aduanera.
Jucil explica que el litoral sudoccidental de la Región, concretamente los municipios de Mazarrón y Águilas, son los más elegidos por el ‘narco’. Señala como especialmente críticos el entorno de Cabo Cope y la pedanía de Calabardina. «Esta zona es idónea para las mafias debido a su morfología accidentada, plagada de calas discretas y zonas de difícil acceso terrestre, lo que facilita el ocultamiento momentáneo de las embarcaciones», recalca Aguilar.
La asociación Justicia Guardia Civil (Jucil) advierte de que, frente a este fenómeno, la Región arrastra un grave déficit, de cerca de 700 agentes, que «hace que la vigilancia efectiva de las costas sea una utopía» y pone en riesgo a los equipos. «La plantilla de la Guardia Civil en la Región se encuentra aproximadamente al 80% de su capacidad teórica», explica su responsable provincial, David Aguilar. «La población de la Región y la complejidad de las nuevas amenazas -como la presión migratoria y el narcotráfico- han crecido a un ritmo muy superior al de las plazas convocadas, por lo que ese 20% restante -que equivale a esos 700 agentes- resulta urgente e imprescindible». En este punto, la asociación advierte de que las organizaciones que utilizan las costas de la Región para sus alijos han dado un salto cualitativo en su uso de la violencia. «Ya no dudan en ir armados con fusiles de asalto y armas de guerra automáticas, principalmente de AK-47 (kalashnikov)», lamenta. «El uso de este armamento ligero pero letal introduce un peligro extremo».

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Enlace de origen : Narcolanchas con destino a Cabo Cope: «Es una zona idónea para las mafias»