La esencia perdida de lo que una vez fue “lucha popular”

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Las luchas populares han ido ganando terreno. Las movilizaciones a nivel general en busca de soluciones es lo que ha estimulado a los grupos a crear nuevos métodos.

En el país ya es algo cotidiano, representantes de la Sociedad Civil y otros grupos optan por este método para formular la más mínima de las exigencias.

“Es a lo único que los presidentes le han temido”  según el exsenador Enrique López.

En las últimas décadas los principales motivos de protestas han sido salario, educación, salud y reivindicaciones sociales.

¿Pero que se logra con este tipo de manifestaciones?

Según analistas, uno de los mayores logros de esta década, que solo cursa su mitad, fue la asignación del cuatro por ciento del producto interno bruto para la educación. Esto fue posible debido a la eficiente lucha de grupos pro educación que se enfrascaron en una de las mayores cruzadas realizadas en la nación.

Dentro de las luchas históricas de esta década también está la de grupos que se oponen a la explotación minera de Loma Miranda. Activistas de distintas clases han fijado una postura firme en busca de que se convierta en Parque Nacional esa densa zona ecológica que se enmarca dentro del conjunto de montañas que conforman la Sierra de Yamasá.

Aunque las luchas no han logrado su alcance, de convertir puntos clave del ambicioso proyecto minero de una empresa multinacional, en parque nacional, al menos han evitado su exposición a la minería a cielo abierto.

La Sociedad Civil estimula la lucha popular, pero sus representantes aseguran que NO comparten la violencia y las revueltas donde impera el caos.

Las revoluciones por lo regular requieren de represión de instituciones guardianes de la seguridad nacional, esa es una las causas que genera tragedia en las manifestaciones. Las protestas se rigen por normas y estrategias para evitar desastres y pérdidas humanas durante su desarrollo.

Una huelga por lo regular se hace para llamar la atención sobre un episodio que genera preocupación a un sector determinado de la sociedad. Su organización requiere de tácticas para transmitir el mensaje claro y preciso de lo que se busca con las manifestaciones.

Los gobiernos son los más afectados por el fenómeno de las protestas en su máxima expresión. Decenas de movilizaciones llegan desde diferentes destinos hasta el Palacio Presidencial período tras período. Los legisladores no escapan a esa realidad, miles marchan hasta el congreso de la República para exigir leyes que quizás reposan en los hemiciclos.

Las luchas por reivindicaciones han dejado precedentes en la historia dominicana.

“Balaguer nada más le tenía miedo a las protestas, Balaguer desde que la gente salía a la calle le mandaba la policía que mataran dos o tres para que la gente se olvidara y tenga que salir huyendo” precisa el penalista Enrique López.

La poblada de abril de 1984, quizás la más memorable de todas las manifestaciones realizadas en el país, fue una muestra plena de revolución y protesta. El pueblo estalló por las medidas adoptados por el gobierno de la época, encabezado por Salvador Jorge Blanco. El alza de los productos de primera necesidad generó colosales  movilizaciones en el país a tal punto que casi estalla una guerra civil.

A inicio de la primera década del siglo XXI el país volvió a ser escenario de estallidos sociales por la indignación a que el pueblo fue empujado producto de la escala alcista de una serie de productos de primera necesidad. pese a que el escenario se tornó beligerante, no alcanzó la semejanza a la revuelta de 1984.

Aunque históricamente esa es la descripción, las luchas que hoy día se originan, tienen otro matiz. Los grupos populares de esta época, por lo regular, responden a intereses, es decir, reciben beneficios por cada conato de manifestaciones que inician.

Esto constituye la clara evidencia de que los valores sociales y morales que antes se defendían con honor, han sido, mermados a base de papeletas.

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