Policías y militares corruptos, entre el deber y la insensatez

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Por: Ariel García

La cantidad de miembros de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, que cometen actos delictivos o se asocian con malhechores, evidencia la necesidad de una profunda transformación a lo interno de esos organismos.

En las últimas semanas, policías y militares han participado en actos delictivos, robos, asesinatos y una serie de hechos que ponen en cuestión a las uniformadas.

Históricamente la Policía Nacional ha estado en la mirilla de diversos sectores de la sociedad, que exigen una verdadera transformación en esa institución, encargada de velar por el orden y la tranquilidad de los ciudadanos.

¿Pero el cuerpo del orden ha sido juzgado según sus hechos?.

Por ejemplo, vuelve a ponerse sobre el tapete el término “profilaxis” o más bien, saneamiento de la Policía, y esto por casos como el vil asesinato de la joven, y trabajadora estudiante, Franchesca Lugo, durante un atraco, en el que participaron tres rasos de la policía y uno del ejercito.

Días después, cayó otra mujer, menor de edad, víctima de un agente policial, que compartía con ella en un billar de Villas Agrícolas.

Y como si se tratara de una reacción en cadena, otro raso policial mató de un balazo en el pecho a un haitiano, en Hato Mayor, en medio de una discusión.

Otro caso, condenable por demás, es el asalto a dos taxistas y un civil, en el Ensanche Miraflores, por parte de otro raso de la institución.

Estos hechos ocurridos en días pasados son solo migajas, comparado con las atrocidades en las que a diario se involucran policías y militares. Como los casos son recurrentes la ciudadanía está predeterminada a desconfiar, temer y a preguntarse ¿Cuántas vidas más tendrán que perderse hasta llegar al nivel de tranquilidad esperado y merecido?

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