La blancura de la Basílica de Esquipulas, de Guatemala, contrasta con el Cristo Negro que guarda y hoy recibe a miles de devotos que han ido a su encuentro después de un largo peregrinaje.

La llamada Capital Centroamericana de la Fe viste sus mejores galas para acoger a una larga fila de feligreses, unos para ofrecer sus ofrendas, otros para hacer promesas y hasta cumplir penitencias.

Por eso es muy común ver a personas caminar varios metros arrodillados antes de entrar a la imponente Basílica, que ofrece una vista espectacular en medio de la vegetación de la zona.

Una vez dentro, encienden una vela por cada miembro de la familia, hacen sus votos y las dejan al pie del Cristo Negro que siempre oye a sus fieles.

Durante más de cuatro siglos la fe por el Señor de Esquipulas se mantiene intacta como resultado de la fusión de la devoción católica con las raíces prehispánicas.

Su alcance es continental. Vienen cada año miles de creyentes de México, Centro y Sudamérica, aunque es este lunes, día consagrado a su imagen, cuando se observan impresionantes actos de mortificación dedicados a la que consideran una milagrosa imagen.

Sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos, envueltos en leyendas y también en investigaciones científicas.

Se podría decir en términos generales que ‘los Cristos de Esquipulas’ son cristos negros, pero no todos los cristos negros son de Esquipulas, asegura Carlos Navarrete, arqueólogo, antropólogo e historiador.

Su difusión en América, precisa, se atribuye a que se ubica exactamente en un punto de confluencia de caminos. Esquipulas está en el trifinio o punto geográfico donde convergen estos tres países: Honduras, El Salvador y Guatemala, y también está relacionado con las rutas comerciales, precisa.

Es quizás uno de los cristos negros más antiguos. Llega en 1595 y lo encargan para que se vaya a Esquipulas porque ahí se concentra la población chortí y los españoles aprovechan para facilitar el tributo, la fuerza de trabajo y la evangelización, cuenta Navarrete.

Su adoración, comenta, parte del sincretismo religioso; los conquistadores irrumpen a sangre y fuego y los frailes buscaron la forma más fácil para que los indígenas aceptaran la nueva religión.

Se afirma que la adoración del Cristo de Esquipulas viene de deidades de color oscuro y se relaciona con dos: Ek Chuah, que encarna a los mercaderes, o Ek Balam Chuah, el puma negro de la media noche o el puma negro de la oscuridad.

Quizás por eso, la diversidad de personas: adivinadores, grupos musicales, ladrones, prostitutas, gente de bien y hasta limosneros, que invierten en su pasaje para recibir un poco más de limosna.

La Basílica no siempre fue su casa. El Cristo Negro estuvo primero en la Parroquia de Santiago, la iglesia más antigua del hoy municipio de Esquipulas, después pasó a una ermita con techo de paja y paredes de madera antes de llegar al templo de lo que hoy es santuario.

Su veneración es referente para el turismo religioso en Guatemala y la conmemoración más trascendental, después de la Semana Santa.

Hoy Esquipulas está de fiesta en honor a su Señor: la representación de un hombre muerto, cubierto de sangre, pero no igual en todas partes del cuerpo, sino salpicado y con rasgaduras en la piel.

Unos regresarán a casa con la alegría de promesas cumplidas; otros volverán a iniciar un largo viaje para el próximo año dejar sus velas de agradecimiento.

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