Suceder a Ban Ki-moon

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Por: Margarita Cedeño de Fernández

La elección de quién ocupará el escaño que hoy ostenta Ban Ki-moon, como Secretario General de las Naciones Unidas, es del interés de toda la comunidad internacional, que forma parte del organismo que reúne, en torno al diálogo, a los países que han creído en la mesa del debate como solución a los conflictos.

Ban Ki-moon ha sido el octavo Secretario General de las Naciones Unidas, y ha seguido la regla no escrita de que ningún Secretario puede estar en ejercicio por un término mayor a dos períodos de 5 años.

La elección actual toma mayor relevancia, en un momento en que se inicia la implementación de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, adoptados el año pasado por la Asamblea General, los cuales plantean un camino para la lucha contra la desigualdad social que afecta a nuestros pueblos. Esto requiere de una Secretaría General con gran dinamismo, que pueda llevar a los países en vías de desarrollo, los recursos técnicos-financieros necesarios para hacerlos realidad.

Más aún, el momento geopolítico también presenta un gran reto para el próximo Secretario o la próxima Secretaria, ante los efectos de la crisis financiera internacional, que apenas comienzan a ceder, según algunos, y a profundizarse, conforme otros; así como la crisis de los refugiados, aunado a los problemas causados por el terrorismo internacional.

Es una posición difícil, que exige la coordinación de acciones por parte de 193 países, con más de 40 mil empleados a nivel mundial y un total de 30 programas y organismos especializados.

De acuerdo a lo que establecen los reglamentos de la Organización de las Naciones Unidas, el procedimiento para nombrar el Secretario o la Secretaria General de las Naciones Unidas, lo realiza la Asamblea General, siguiendo las recomendaciones del Consejo de Seguridad.

El hecho de que los reglamentos de las Naciones Unidas exijan que el candidato o la candidata a elegir, resulte de un proceso previo agotado por el Consejo de las Naciones Unidas, obliga a que la elección se convierta en un escenario para la geopolítica del más alto nivel, puesto que 5 países ostentan derecho al veto en dicho Consejo y pueden objetar candidatos, aún sean idóneos para la posición.

El acuerdo de que en cada elección, la proveniencia regional del elegido o la elegida varíe, lleva a que las especulaciones indiquen que el próximo en ocupar la Secretaría General provenga de Europa del Este. Sin embargo, lo sucedido en Ucrania hace apenas unos años, ha llevado a Rusia a adoptar una posición conservadora en cuanto a la elección de un candidato o una candidata proveniente de esa región.

Ejemplos como este llevan a cuestionar la forma de elección, en razón de que flagela la representatividad y democracia necesarias para un órgano de tanta importancia, lo que afecta la legitimidad y la credibilidad de la Organización de las Naciones Unidas.

El procedimiento que existe actualmente se ha tornado ‘arcaico’, puesto que la propuesta que llega a la Asamblea General, que es el órgano más democrático, no necesariamente es la que mayores simpatías genera o la que resulta del examen exhaustivo de las capacidades de los proponentes, sino más bien de un balance geopolítico, cuya diversidad de postulaciones deja mucho que desear.

El proceso actual reviste especial importancia y llama la atención, no sólo por las complejidades actuales ya mencionadas, sino por el nivel y las capacidades de las mujeres que se han presentado; lo que podría resultar en que tengamos la primera mujer Secretaria General del organismo.

Sin embargo, las votaciones recientes del Consejo de Seguridad arrojan que los preferidos siguen siendo hombres. En este caso, el pasado Primer Ministro de Portugal, António Guterres; Miroslav Lajčák, Canciller de Slovakia; y Vuk Jeremić, pasado Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Hay que resaltar el interesante esfuerzo de un conjunto de 170 organizaciones de la sociedad civil a nivel mundial, que han publicado el portal “1 for 7 billion”, donde han hecho públicas las informaciones disponibles sobre los candidatos, así como las votaciones que se han ido realizando en el seno del Consejo de Seguridad.

La reforma a la elección del puesto de la Secretaría General es parte del conjunto de reformas que se requieren en la Organización de las Naciones Unidas, de manera tal, que pueda responder con mayor eficiencia a los retos que el mundo globalizado plantea. Porque como ha escrito Michéle Auga, directora de la Fundación Friedrich Ebert en Nueva York, “hacer más transparente la elección del próximo Secretario General de las Naciones Unidas es una oportunidad para experimentar la democracia global.”

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