Rostros abatidos sobre el círculo central del Enrique Roca. Pitos y pañolada. Cánticos irreproducibles hacia una plantilla conformada para pelear por el ascenso directo, pero … que perpetró una nueva debacle en una crisis que le ha hundido hasta el infierno. Aficionados exigiendo explicaciones a un palco descabezado, y cabezas gachas sobre el verde, en el centro de la diana del respetable. Rayos y truenos en la Avenida Nueva Condomina, y una tromba de agua para despedir la enésima temporada a la basura en un pozo que siempre sorprende con un nuevo fondo.
Amaneció soleado el viernes para recibir a un Sanluqueño desahuciado con el que el Real Murcia quería curar dos meses de apatía, pero las nubes fueron cubriéndolo todo a medida que el horario del pitido inicial se acercaba. Las energías sabían que el cuadro grana jugaba, y pintaron un cielo acorde para el enésimo desastre en una crisis que ha terminado por barrer del mapa cualquier esperanza de ascenso. El cuadro gaditano se presentó en el Enrique Roca vestido de negro luto, y todo quedó en familia para el funeral del proyecto grana.
Real Murcia
Gazzaniga; Cristo Romero, Alberto González (Pedro Leon, 82′), Jon García, Jorge Mier; Sekou (Isi Gómez, 46′), Óscar Gil, Juan Carlos Real (Juanto Ortuño, 59′); Joel Jorquera (Álvaro Bustos, 59′), Víctor Narro y Pedro Benito (David Flakus, 46′).
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Atlético Sanluqueño
Rubén Domínguez; Julio Cabrera, Pavón, Obioma, Raúl Sola; Dani Satoca, José Andújar, Sergio Niza (Samu Almagro, 64′), Lobe (Kikin, 64′); Rodrigo Val (Diallo, 90+5′) y Agustín Juárez (Marcos Denia, 52′).
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Goles:
0-1, Agustín Juárez (min. 8). -
Árbitro:
Olatz Rivera, del comité del País Vasco. Amonestó con amarilla a Sekou, Juan Carlos Real y Jorge Mier en los locales, y a Andújar y Raúl Sola en los visitantes. -
Incidencias:
Estadio Enrique Roca de Murcia, ante 8.559 espectadores.
La peor entrada del curso, con 8.559 valientes, presenció el peor partido de la temporada. Un nuevo episodio de un equipo apático, sin juego, solidez o gol. Otro capítulo donde esta vez los visitantes se adelantaron a los ocho minutos, y el Murcia, como manda la tradición desde el cambio de almanaque, no encontró respuesta alguna entre el ataque de nervios y la más absoluta nada futbolística. Un nuevo partido sin vencer, y ya van ocho seguidos para un equipo que cae al infierno tras dibujar el octavo círculo de Dante, el dedicado al fraude.
Un inicio desastroso
Tres minutos y dos balones divididos le duró al Real Murcia la rabia. El Sanluqueño salió al Enrique Roca con la rebeldía de quien no tiene nada que perder, y en lo que dura un café ya había pisado el área grana en tres ocasiones. Avisó Agustín Juárez tras un error de Alberto González, y el runrún se instaló en la grada como una banda sonora de fondo, contenida, que estalló a los ocho minutos de duelo. Atacó Rodrigo Val la espalda de Cristo Romero, esa autopista por la que transitan los planes de ataque de todos los rivales, y Agustín Juárez se adelantó a Alberto y Jorge Mier en el primer palo para desatar la sinfonía de viento en un Enrique Roca a media asta, pero empeñado en hacerse oír durante toda la tarde.
Sacó a pasear la zurda Víctor Narro como anuncio de que el cuadro grana había entrado al partido. Comenzaron a mandar los de Curro Torres, con Óscar Gil dirigiendo el tráfico, encontrando a Juan Carlos Real con espacio en línea de tres cuartos. Amenazaba el mediapunta con el último pase, y lo sirvió tras un error de los gaditanos para poner a correr a Joel Jorquera por el carril izquierdo. El extremo catalán no atinó a la primera, pero sirvió un balón medido para que Pedro Benito pusiera la igualada de cabeza, pero hace un par de meses que la suerte abandonó al Murcia. El canto de una moneda impidió el empate, porque la colegiada acudió al monitor y observó que el balón había salido.
Un golpe anímico
Se escapó la igualada y el cuadro grana se volvió a marchar del partido. Un remate desviado de Obioma, un paradón abajo de Gazzaniga tras un zurdazo de Sergio Niza y otro disparo de Juárez. Precipitaciones innecesarias e imprecisiones inexplicables. La presión de la grada incrustada en la psique de los once jugadores. Pitos constantes para un Murcia sin constantes vitales, a merced de un Sanluqueño desahuciado, pero que embotellaba a los de Curro Torres con una colección de saques de esquina.
Tuvo tiempo de arreglarlo antes del descanso con un disparo franco de Víctor Narro que el portero visitante tapó con una gran estirada. El Murcia terminó el primer tiempo de esquina a esquina. Jorge Mier la reventó contra el poste en la mejor del duelo, pero el cuadro grana no encontró ese premio que Óscar Gil brindó el pasado domingo en Castellón.
Segundo tiempo
A los 15 minutos de segundo tiempo, Curro Torres ya había gastado dos ventanas y cuatro sustituciones. Los arietes Juanto Ortuño y David Flakus como cuchillos sin filo para los servicios de Cristo y Narro. El cronómetro gastando minutos a velocidad de vértigo mientras el Sanluqueño hacía gala de ese otro fútbol en el Enrique Roca. Un guion de partido narrado en demasiadas ocasiones, y que siempre termina igual. El dominio territorial pertenecía a los de Curro Torres, pero la velocidad de los gaditanos amenazaba con poner la sentencia cada vez que robaba.
Anotó Juárez en fuera de juego, y los 8.559 espectadores de la peor entrada del año respiraron aliviados cuando Rodrigo Val, Marcos Denia y Kikín murieron de generosidad ante un Gazzaniga vendido por una pareja de centrales con más dudas que certezas. Metió cemento al duelo Pedro Mateos, y el Murcia a cabezazos contra el muro de los gaditanos. A punto de derribarlo estuvo Juanto Ortuño con su tercera opción de remate, pero la tapó Rubén González. Manos a la cara en la grada, en simbiosis con unos jugadores desquiciados con el arbitraje.
Pases sin tensión, esfuerzos a medias y el lenguaje universal de la impotencia como coreografía colectiva de un equipo que parece abocado a pelear por la salvación. Envíos a la nada entre cambios desesperados. Pedro León al campo por Alberto González. Quería colgar balones Curro Torres, pero el gol ni siquiera estuvo realmente cerca de un equipo que le ha dado la espalda al fútbol, y el fútbol se lo devuelve con cada contingencia restando en su contra. El pitido final desató una pitada con más decibelios que efectivos, porque la mayoría ya se habían marchado a casa, aburridos de un nuevo capítulo de un Murcia empeñado en arrastrar el escudo, condenados a una nueva temporada en el pozo.

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Enlace de origen : El Real Murcia perpetra una nueva debacle