Podría ser Javier Gil (Madrid, 1985) uno de los millones de jóvenes de este país desesperados por encontrar una vivienda digna que no le comiera el sueldo (y la vida). Pero este investigador del Consejo Superior de Investigaciones ha cogido el toro por los cuernos para desgranar algunas posibles soluciones en su libro ‘Generación inquilina: Un nuevo paradigma de vivienda para acabar con la desigualdad’ (Capitan Swing, 2026), que presenta este miércoles en Murcia (Libros Traperos, 19 horas). Un ensayo que genera esperanza ante uno de los mayores retos de nuestro tiempo. Un problema que no es coyuntural, sino estructural y político», resume.
–¿Qué soluciones propone?
–La intervención pública. No solo para generar un parque de vivienda en alquiler potente y así garantizar el derecho a la vivienda y reducir la especulación sino también para que el Estado dé un paso al frente para generar un fondo de inversión público.
–¿Intervenir también el precio del alquiler?
–Eso es. Ahora mismo el mercado está intervenido para favorecer la especulación y la subida de precios, para privilegiar a los fondos de inversión. Lo que tenemos que hacer es lo contrario, intervenirlo para democratizar el mercado, que bajen los precios, que se redistribuya la propiedad inmobiliaria, etc. Antes o después habrá más tensiones y estallidos sociales en torno a esto. El Gobierno de izquierdas no es capaz de solucionarlo y vemos que los votantes de izquierdas piden un tipo de políticas que luego el Gobierno no aprueba. Y el problema no hace más que empeorar. Eso es gasolina para el auge de la extrema derecha.
‘Generación inquilina’

–En el libro pone el foco sobre los fondos de inversión. ¿Qué papel juegan estos fondos de inversión y su relación con los gobiernos, también de izquierdas?
–Ellos son quienes tienen la presión y la gran capacidad de marcar la política de vivienda. Blackstone es el primer propietario de vivienda de España. Su fundador y presidente es el principal donante de Donald Trump y uno de sus principales asesores. De la misma manera que el Gobierno se puede enfrentar a intereses internacionales muy poderosos, también lo puede hacer aquí. Pero no lo hace. Por eso necesitamos que la presión social crezca.
–Los fondos europeos eran una buena oportunidad para ponerle remedio al asunto, ¿no?
–Por supuesto, porque hay mucho dinero y créditos muy favorables y con intereses muy bajos, además de créditos blandos para generar un fondo de inversión público que intervenga a las operaciones especulativas entre los fondos de inversión y el sector de privado para ir generando este parque público de vivienda, pero sobre todo para mandar un mensaje a los especuladores: «aquí no hay sitio para vosotros». Si el Estado da un paso al frente y utiliza ese dinero, inmediatamente se manda un mensaje a los mercados.
«El sujeto de explotación, puede transformarse en sujeto político a través de la movilización para cambiar la situación»
–¿Y por qué no se hace?
–Es una cuestión de voluntad política. Esta situación, que genera mucho malestar, empobrecimiento y precariedad, también está generando muchísima riqueza a determinados sectores. Y los políticos son quienes están marcando ahora mismo la regulación.
–En el libro asegura que construir muchas viviendas no arreglará el problema. ¿Por qué?
–Construir lo que hace es inflar burbujas si tú dejas que sea el rentismo quien construye, quien marca las reglas. Ahora mismo, en el sudeste de Madrid, se están construyendo miles de viviendas. Pisos de dos habitaciones que se venden por medio millón de euros. En sitios donde no hay nada, ni carreteras, ni centros de salud, ni comercio, ni colegios. Esa es la oferta de vivienda que va a bajar el precio. Cuando tú dejas que el beneficio sea lo que determine quién construye y cómo se construye y dónde se construye, lo que acabas generando es burbujas de precios.
–Las generaciones actuales, ¿son víctimas de las prácticas de generaciones anteriores?
–Es un proceso histórico. También tiene que ver con el debilitamiento del movimiento obrero que ejercía de contrapoder al capital, lo que deja al capital más capacidad de organizar las sociedades. Lo que yo digo es que esta ‘generación inquilina’ tiene las llaves del cambio. Ahora mismo es sujeto de explotación, pero se puede transformar en sujeto político a través de la movilización para poder cambiar la situación.
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Enlace de origen : Javier Gil: «El problema de la vivienda es gasolina para el auge de la extrema derecha»