Fulgencio Martínez (Murcia, 1960), el poeta murciano afincado en Huesca desde hace décadas, desde donde edita y dirige la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático, … descubre en ‘Sendas de invierno’ (Ars Poetica, 2025), con los ecos y heridas de los pueblos del Moncayo, el encantamiento en el que vive bajo los designios de Dionisia García, «la poeta de la memoria», que aquí no solo escribe el prólogo.
Dionisia leyó el manuscrito, enviado desde Arágón a Murcia por correo postal, «y con todas las dudas del mundo». Martínez pensaba que la nonagenaria poeta le daría «alguna opinión» porque es un volumen breve, aunque de una intensidad pocas veces conocida.
«Al mes me devolvió el texto», cuenta el autor al teléfono, «con todos los poemas con anotaciones y tachaduras, comentados verso a verso». Hasta el título se lo cambió. «Me quedé muerto, pero muerto de gozo, porque Dionisia es alguien que se preocupa por ti».
Este devoto lector de Miguel de Cervantes y del aguileño José Luis Martínez Valero se pregunta si habrá otro sueño cuando del de vivir despertemos
Fue tal «la duda y la desesperación» que sintió el poeta [autor de otros libros como ‘León busca gacela’, ‘El cuerpo del día’, ‘Línea de cumbres’ y ‘La segunda persona’], que dejó pasar un año entero hasta volver a meterse en ellos y reescribir algunos de ellos, tomando algunas indicaciones de su maestra. Ese año, en realidad, Dionisia y Fulgencio realizaron «un taller literario a distancia», que además incorporó como novedad al libro. Este juego de metalenguaje recorre toda la obra, pues el autor comenta en anotaciones a pie de página las correcciones que le iba haciendo Dionisia, y el antes y después de la reescritura. Por ejemplo, donde Fulgencio Martínez escribió en un primer momento «coge hasta el poso / de la luz…», Dionisia anota: «Sigue el declinar / de la luz…».
Portada de ‘Sendas de invierno’.
Ars Poetica
Un diálogo entre dos poetas, o más bien, como señala Fulgencio, «entre una maestra y un alumno», entre «un genio poético, con una fuerza mental envidiable, y un alumno». La capacidad de claridad, de precisión, de ritmo… de la maestra es lo que impresiona al discípulo. «Esa claridad y esa precisión a veces no compaginaban con mi ímpetu barroco, con mi carácter más sureño. Dionisia es más guilleniana, como discípula de Jorge Guillén, pero ella incluso lo supera en emotividad».
Ese juego entre lo que era de Fulgencio y lo que era de Dionisia produce en el lector una sana curiosidad. En cualquier caso funciona, y por primera vez revela el exigente método de la ganadora del Premio de la Crítica en Poesía por ‘Clamor en la memoria’ (2022), para la que pide «no sólo el premio Cervantes sino el Nobel de Literatura».
Fulgencio Martínez.
‘Sendas de invierno’, que en principio se había titulado ‘Sendas de invierno hacia la primavera’, es prácticamente un juego crítico del propio autor, «algo que me enorgullece, porque podía haber no salido bien, y salió bien». Según Martínez, «este libro es todo ella, es todo Dionisia García, pues ahí están el cierzo, la luz, la primavera, el invierno… estaciones morales de la edad y la madurez, pero evidentemente tienen un lado físico y de paisaje, y ahí están el florecer de los campos tras un duro invierno. Dionisia tiene un papel predominante, la recojo al final como símbolo». Hay también una parte social, política, en la segunda parte, donde habla de la pérdida de la referencia de la naturaleza, de los campos, y la tercera parte es un poema-epílogo, ‘Terrain vague’, la tierra baldía de Eliot, «lo que yo creo que es hoy Europa».
Fulgencio Martínez, profesor de Filosofía en distintos institutos de la Región de Murcia, Aragón y Baleares, cree que «una única espiga es indicio de primavera fecunda». En ‘Sendas de invierno’ recurre a la metafísica para describir sentimientos muy hondos, como «el cansancio de las cosas separadas por la distancia, y juntas en el mismo sentimiento de fugacidad, esperanza y belleza», y se pregunta si habrá otro sueño cuando del de vivir despertemos. Devoto lector de Cervantes, de Quevedo y Calderón de la Barca, de José Hierro… y, especialmente, de José Luis Martínez Valero, poeta de la generación de los 70, un gran memorialista recientemente fallecido, colaborador de ‘Ágora’ y amigo de Fulgencio Martínez, con quien tenía una bonita afinidad intelectual y del que valora su obra lírica y en particular libros inolvidables como ‘Puerto de sombra’.
Admiración
«Gente como Francisco Javier Díez de Revenga ha sido faro y referencia para otros profesores jóvenes. A gente como él que se ha volcado con la cultura hay que admirarla»
Fulgencio Martínez
Dice Fulgencio Martínez que echa mucho de menos sus años bohemios en Murcia. Estos días esté ordenando la biblioteca de sus dos casas de Alcantarilla, mientras sana un dolor de muelas que no le deja escribir, «aunque espero que este viernes –en Las Claras de la Fundación Cajamurcia, a las 19 horas–, tras la presentación de ‘Sendas de invierno’ en Murcia pueda tomarme al menos un cubata de Macmillan», bromea. Le acompañará Francisco Javier Díez de Revenga, catedrático emérito de la Universidad de Murcia, con el que comparte admiración por Gerardo Diego y al que conoció por 1977, cuando La Pasionaria volvió a Madrid tras el fin de la dictadura. «Gente como Díez de Revenga ha sido faro y referencia para otros profesores jóvenes. A gente como él que se ha volcado con la cultura hay que admirarla».

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Enlace de origen : Las sendas de esperanza y belleza que unieron a Fulgencio Martínez y Dionisia García