Hayat El Gougi Ahddad nació en Marrakech hace 46 años, casi 47. Es musulmana, nunca ha tomado una sola gota de alcohol en su vida y no le gusta el vino. Es decir, nunca lo ha probado ni lo va a probar. No le insistan. Cosas de su religión -el Corán considera el alcohol ‘la madre de todos los males’- y, sobre todo, de las decisiones personales que uno toma en su vida. Pero, después de casarse con un español y llegar a Murcia el año de la pandemia, reparó en el «vehículo social» que supone brindar con una copa de vino en nuestro país. De que, cuando ella pedía un zumo de naranja o un botellín de agua en una reunión de amigos, y le animaban a «mojarse los labios» con champán por enésima vez después de infinitas negativas por su parte, se sentía «desplazada».
Y dando estos pasos fue llegando a vislumbrar el negocio que andaba buscando para montarse algo por su cuenta. «Había estudiado un par de másters y al final me di cuenta de que quería tener algo propio», recuerda. La piedra de toque definitiva la encontró en un viaje a Burdeos, en Francia, donde Hayat pudo sumergirse en los secretos de la elaboración del vino de la mano de su marido, Jesús, empresario murciano al que, a diferencia de Hayat, «siempre le ha gustrado el vino». Y no solo el mundo asociado al vino, como a Hayat, sino bebérselo con gusto. Aunque ahora, matiza la emprendedora con una sonrisa, «bebe mucha cerveza sin alcohol». Y el vino sin alcohol de su esposa, claro, que según la crítica casera -y nada objetiva-, «está muy bueno».
«¿Alguna vez te has sentido excluido en una cena de amigos o en un evento social porque no te apetece beber vino? Ya sea por razones personales, religiosas o simplemente porque tienes que conducir. Pues somos muchos los que compartimos esta experiencia y buscamos opciones para disfrutar sin renunciar a nuestros valores o nuestro bienestar», justifica Hayat su incursión en el sector con este producto, un «vino premium sin alcohol» que esta emprendedora y madre de dos hijos puso en marcha hace solo unos meses y que «encarna un nuevo espíritu de convivencia e inclusión donde todos pueden brindar y celebrar sus diferencias».
Por el momento, asegura, el proyecto está «en plena expansión» entre empresas de distribución y restaurantes, así que tampoco puede hacer una valoración de los resultados de la aventura.
Judan -nombre que proviene de la unión de los nombres de sus dos hijos- no es el primer vino sin alcohol que se comercializa en la Región ni en el resto del territorio nacional, ni mucho menos. Bodegas tan importantes de nuestro particular universo vitivinícola como Viñas Familia GIL sacaron hace ya más de tres años hasta cinco variedades diferentes -espumosos, tintos y blancos- de Disfrutando, el primer vino sin alcohol que esta empresa centenaria ponía en el mercado en toda su historia. Otras bodegas murcianas también han dado ese paso hacia la ‘inclusión’ de los consunidores menos amigos del alcohol, como es el caso de Luzón. Y en otras denominaciones de origen españolas, como Ribera del Duero, también hay experiencias similares desde hace lustros -Emina fue una de la pioneras- y, más recientemente, Matarromera. Aunque no son las únicas.
Lejos de querer competir en el mercado de los vinos tradicionales, Judan es «un complemento, una alternativa»
Judan, sin embargo, nació de la «propia experiencia» de su creadora. «Aunque nunca he sido una experta en gastronomía, ni mi familia se ha dedicado a ello, siempre me ha apasionado el mundo del vino y todo lo que gira a su alrededor. Pero, como persona que no bebe, buscaba poder brindar y disfrutar sin comprometer mis elecciones. Mi propósito con Judan es crear momentos que unan sabor, elección e inclusión. Cada botella refleja un compromiso con el bienestar y la libertad de elegir, para que todos podamos brindar con o sin alcohol», explica.
Sin bodega ni oficina
A diferencia de bodegas con solera, en cuyas instalaciones se desarrolla todo el proceso de selección de uvas, cosecha, vinificación y desalcoholización de la bebida, la empresa de Hayat es la mínima expresión -e incluso la definición más errónea- de lo que es una bodega al uso. Aquí no hay bodega, ni Hayat nos espera entre viñedos, y ni siquiera hay una oficina para la empresa. Su casa, en La Alcayna, es el centro de operaciones. En el catálogo hay tinto -cabernet sauvingon- y también dos espumosos: uno de ellos fruto de un ‘coupage’ de variedades alemanas y la española airén; y el otro es 100% riesling. Todos a un precio ‘online’ de 14 euros. De la selección de uvas y cosechas se encarga el enólogo de la empresa, «en función de lo que más se ajusta a lo que queremos ofrecer», explica. Y luego es otra empresa de Alemania la encargada de llevar a cabo el proceso industrial que da como resultado este vino, «que no mosto», defiende Hayat. La ubicación y el nombre de esa empresa alemana que hace «magia» con el vino son datos que prefiere no revelar.
Sí que defiende que «desde la uva hasta la copa, es un proceso elaborado con mucha dedicación». Y que, lejos de querer competir en el mercado de los vinos tradicionales, «Judan es un complemento. una alternativa para quienes no beben alcohol o prefieren moderación. Otra opción, también, cuando ya no quieres beber más».
Solo queda probarlo y valorar. Pero recordando, eso sí, que no es zumo ni mosto. Es un «vino sin alcohol».
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Enlace de origen : Un vino sin alcohol para «celebrar las diferencias»