Para abrochar en triunfo su faena este jueves a un quinto toro nada sencillo en el festejo del día en la Feria de Abril, Roca … Rey se echó con la espada literalmente encima de él. Salió de la reunión prendido por el muslo derecho. Prendido y zarandeado en unos momentos de angustia para toda la Maestranza, se tuvo desde el primer momento de la cogida la impresión de que la cornada sería grave. El parte médico oficial que se conoció ya de noche así lo confirmaba: «herida por asta de toro, en cara interna, tercio superior del muslo derecho que presenta una trayectoria total de 35 centímetros, con una descendente de 20 centímetros y una ascendente de 15, que produce extensa rotura de músculos vasto interno y sartorius».
En las cabezas del público hispalense aún rondaba la cogida de diez centímetros que sufrió en el mismo coso hace solo cuatro días el maestro de la tierra, Morante de la Puebla. El equipo médico del doctor Octavio Mulet, que también operó de urgencia al astro sevillano a comienzos de semana, tuvo que actuar con igual rapidez y diligencia, pues la profunda herida del toro había afectado «muy gravemente» en «prácticamente toda su extensión el paquete vasculo-nervioso femoral superficial», aunque «sin producir lesión vascular». Tras realizarle una «hemostasia de ramas vasculares femorales y musculares», se le practicó también un «drenaje aspirativo en ambas trayectorias». Después fue trasladado al hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz de Sevillla, el mismo en el que sigue ingresado todavía Morante.
Antes de todo esto, en el traslado a la enfermería de la Maestranza y muy cerca del lugar del percance, el torero peruano había ido perdiendo mucha sangre. Probablemente porque la estocada cayó perpendicular mientras el toro, aculado en tablas, tardaba en doblar y lo hizo defendiéndose. En el recibo, por mandiles, la suerte en que mejor se compone, Roca dibujó dos medias al desmayo de buen aire. Buen aire tuvo el toro, pronto en el caballo, poco castigado y apenas sangrado en la segunda vara.
Roca Rey en el suelo tras la cogida.
EFE / Raúl Caro
Venido arriba en banderillas, apretó en los dos primeros pares y esperó en el tercero. Roca debió de sentirse obligado a apostar por él. Era el segundo de los dos toros con que se había anunciado en la feria -dos más el pasado domingo de Resurrección- y, visto el balance de los últimos ocho días -Morante, Borja Jiménez, David de Miranda…-, no se podía ir en blanco la tarde, que venía torcida porque la corrida de Victoriano del Río, su predilecta de siempre, de pobre nota, no estaba dando la menor alegría.
Al toro que partió plaza, primero de los dos de Manzanares, le hizo un quite por saltilleras, tres con revolera y larga, que fue toda una declaración de intenciones que tuvo rotunda confirmación no con el primero de lote, que se vino abajo a mitad de un largo trasteo desorientado, pero sí con este quinto que iba a venderse caro y a herirlo. Los cinqueños de las dos ganaderías de Victoriano del Río suelen ser toros de mucha entrega. No este, un punto reservón, encogido por sistema.
Comienzo encendido y provocador
Roca abrió faena de rodillas por alto primero, en redondo después. Carnaza o no, fue un comienzo encendido y provocador que sacudió la modorra ambiental después de cuatro toros sin mayor historia. Y en seguida vino un trasteo de no poca tensión, de mano baja y poderosa, obligando al toro y trayéndoselo toreado. En distancia corta, donde se sentiría más seguro, firme de verdad, y sin insistir por la mano izquierda porque en el primer intento sufrió un desarme y en el segundo no quiso el toro.
Con el desarme se paró la música -es castigo tradicional en Sevilla y estaba sonando ese maravilloso pasodoble que es ‘Gitanillo de Triana’- y Roca tuvo que recomenzar para abundar por la diestra. En los pases de pecho, echó el toro la cara arriba, todo un aviso. En la segunda mitad de esa segunda parte de faena Roca jugó con los circulares cambiados de rápido efecto, cosidos con el redondo en la suerte natural. Y un intento de trenza que no prosperó. Y al fin la estocada, la cornada y un triunfo manchado de sangre.
El toro que vino después, otro de los tres cinqueños, fue el más agresivo de todos, intratable por la mano izquierda, peligroso por la diestra. Un esfuerzo casi titánico del joven Javier Zulueta, tratado con particular cariño. A porta gayola había esperado al toro, que se le vino encima sin hacer por él, y le pegó lances muy airosos. Faena de tensión porque el toro desparramaba la mirada y al tercer viaje se enteraba y obligaba a Zulueta a rectificar. En el peligro venía la emoción propia del caso. Una estocada de mérito.
Ausente y desconfiado, no menos inseguro, Manzanares pasó de puntillas, pero la gente se acabó enfadando con él. El hermoso jabonero cinqueño que hizo tercero se paró, pidió que le llegaran mucho -lo hizo Curro Javier con una lidia excelente- y se acabó frenando y sin pasar. Estocada y susto, porque el estoque de cruceta en un primer intento salió apalancado y rebotado al tendido. Y no pasó nada.

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Enlace de origen : Roca Rey, herido «muy grave» en la Feria de Sevilla