
El envejecimiento de la población y los nuevos modelos de familia y ritmos de vida han provocado que cada vez más nuestros mayores pasen … sus últimos días en una residencia, donde pueden recibir los cuidados adecuados para sus enfermedades o particulares circunstancias. Sin embargo, esto supone poner su bienestar en manos de las empresas y los profesionales a cargo de estos centros.
Y es que son muchos los escándalos que hay ligados a las residencias para la tercera edad: desde comida en mal estado o deficiente a maltrato por parte de enfermeros o auxiliares. Es el caso de esta trabajadora en una residencia, que ha sido despedida por el maltrato a dos ancianos con demencia entre otras faltas, según recoge una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña a la que ha tenido acceso LA VERDAD.
Ignorar los protocolos
Esta mujer, que tenía la categoría profesional de gerocultora, trabajaba cubriendo el turno noche en el ala de la residencia que acoge a los usuarios «con mayor capacidad cognitiva». Sin embargo, algunos de los residentes a cargo de la gerocultora estaban diagnosticados con distintos niveles de deterioro cognitivo.
Fue uno de estos usuarios, al que la sentencia se refiere como Óscar, quien señaló a esta trabajadora y una compañera. «Dos mujeres me hicieron esto, me tiraron al suelo, me pisaron y se pelearon conmigo», le contó a su esposa, tras verle las heridas en los brazos. «Dos mujeres han utilizado la violencia contra mí. Yo no he hecho nada y me han agarrado y utilizado la fuerza».
Otra de las residentes también señaló a la gerocultora y su compañera como las causantes de los cortes que presentaba en el brazo, al preguntarle la fisioterapeuta que la trataba: «¡Esta noche dos salvajes me han hecho daño! ¿Sabéis lo que es un salvaje, no? Pues lo son estas chicas. Mirad lo que han hecho en el brazo esta noche. Tengo 90 años, si pudiese denunciarlas lo haría… pero soy demasiado mayor. Yo no hacía nada, pobre de mí, me han cogido y me han hecho esto».
Además del maltrato físico, la mujer gritaba y trataba con desprecio a los residentes, contraviniendo el propio código de conducta de la residencia de obligado cumplimiento. Sin embargo, en los partes que ella misma rellenaba ocultó todos los sucesos. Por todo esto, fue despedida de la residencia.
«Una cabeza de turco»
La mujer recurrió el despido, argumentando que ella no había cometido ningún daño a los residentes y que la verdadera autora del maltrato era su compañera. Sin embargo, el tribunal considera probado que la despedida «protagonizó los gritos, la mala praxis en la movilización de dos ancianos que, a la postre, desembocó en moratones y heridas, y el intento de esconder su mal proceder faltando a la verdad en los partes que estaba obligada a cumplimentar, sin que nunca haya reconocido ni colaborado en el esclarecimiento de los hechos». Aunque la compañera ocultó las conductas de la mujer despedida, colaboró con la investigación y por eso solo la sancionaron por una falta muy grave.
El TSJ de Cataluña ratificó el despido de la gerocultora por todos estos hechos, destacando «la reprochabilidad» de las acciones de la mujer, ya que las víctimas eran «personas de muy avanzada edad, de frágil salud, necesitados de cuidados presididos por la idea de comprensión, respeto y empatía».

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Enlace de origen : Despiden a la trabajadora de una residencia por maltratar a dos ancianos con demencia