Los inmigrantes afrontan en Lorca la barrera del idioma en el proceso de regularización

Los inmigrantes afrontan en Lorca la barrera del idioma en el proceso de regularización

Hamza, marroquí de 32 años, solo chapurrea el castellano. Lleva un año en España y le gustaría seguir aprendiendo el idioma, pero trabaja de sol a sol y, cuando acaba su jornal, tiene por delante un tedioso viaje de vuelta a Lorca desde la finca de Granada donde recoge brócoli. Se ha tenido que dejar las clases de español en la Escuela de Adultos porque no llega a tiempo, pero lee las noticias en su teléfono móvil y habla «con todo el mundo». Confiesa haber «aprendido más en la calle que en la escuela». Su ligero dominio coloquial del español ha sido una auténtica rareza en las colas de inmigrantes para el proceso de regularización del Gobierno. En Lorca las han compuesto, sobre todo, ciudadanos marroquíes y argelinos, y la gran mayoría no entendía absolutamente nada de las indicaciones que les daba en español el personal de Servicios Sociales. La barrera del idioma se ha hecho más presente que nunca en este proceso.

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