
Hamza, marroquí de 32 años, solo chapurrea el castellano. Lleva un año en España y le gustaría seguir aprendiendo el idioma, pero trabaja de sol … a sol y, cuando acaba su jornal, tiene por delante un tedioso viaje de vuelta a Lorca desde la finca de Granada donde recoge brócoli. Se ha tenido que dejar las clases de español en la Escuela de Adultos porque no llega a tiempo, pero lee las noticias en su teléfono móvil y habla «con todo el mundo». Confiesa haber «aprendido más en la calle que en la escuela». Su ligero dominio coloquial del español ha sido una auténtica rareza en las colas de inmigrantes para el proceso de regularización del Gobierno. En Lorca las han compuesto, sobre todo, ciudadanos marroquíes y argelinos, y la gran mayoría no entendía absolutamente nada de las indicaciones que les daba en español el personal de Servicios Sociales. La barrera del idioma se ha hecho más presente que nunca en este proceso.
En el municipio el 22% de la población es de un centenar de nacionalidades, la mayoría del continente africano, y el Centro de Educación de Adultos Alto Guadalentín cuenta con diez grupos de español para extranjeros gratuitos y de distintos niveles de dificultad, dos de ellos solo para mujeres. Acuden 260 personas y la lista de espera es de 295, según explica a LA VERDAD su director, Francisco García. El curso es de septiembre a junio, pero no todos permanecen el periodo completo y por un grupo de 25 alumnos pueden pasar entre 50 y 60 personas porque les dan de baja cuando faltan muchos días seguidos. Ocurre a menudo porque «es habitual que cambien de lugar de trabajo» o salgan tan tarde que no les dé tiempo a llegar.
Cuando se inscriben en este centro, para lo que se pide como único documento el pasaporte, pueden obtener el reconocimiento oficial de que están en España. «Su objetivo, además de aprender, es estar registrados» y en este proceso de regularización extraordinaria cada día se expiden una media de 20 certificaciones, señala el director. El centro también trabaja con 16 alumnos de entre 16 y 17 años, recién llegados a España, que aprenden castellano en sus aulas y competencias instrumentales en horario de mañana. Después de dos años de aprendizaje, el 80% continúa sus estudios en Formación Profesional o en Secundaria.
«La mayoría trabaja en el campo y solo se relaciona con gente árabe», dice el vicepresidente del centro islámico Tawhid
Con esas edades, si van directamente a un instituto estarían perdidos, dice García, que se muestra muy satisfecho de los buenos resultados de esta iniciativa que se ha extendido a otros centros de Educación de Adultos de la Región.
Un centenar de alumnos extranjeros de cinco centros de Secundaria que no hablan español participan también en un curso de inmersión lingüística gracias al convenio firmado por la Federación de Asociaciones de Padres y Madres y el Ayuntamiento. Lo habitual es que se incorporen a los centros durante el curso con un desconocimiento total del idioma y con este recurso se pretende favorecer su integración.
La comunicación con las familias es uno de los mayores problemas en el ámbito educativo. Algunos colegios con presencia mayoritaria de alumnos de familias extranjeras, sobre todo marroquíes, han demandado sin éxito al Ayuntamiento y a la Consejería de Educación la figura del mediador.
La directora del colegio San Cristóbal, María Luisa Sánchez, asegura que ninguna familia tiene capacidad para entender en español las consecuencias de un expediente disciplinario, de determinados diagnósticos por dificultades en el aprendizaje de sus hijos y los pasos que deben seguir para su tratamiento. Estos centros recurren a las profesoras que imparten la asignatura de Religión Islámica a la hora de traducir expedientes especialmente sensibles. «Así sobrevivimos», dice.
«Debería ser obligatorio»
El vicepresidente del centro islámico Tawhid, Souadi Mustapha, señala que el 75% de la población árabe que reside en el municipio tiene algunas nociones de castellano, no así los más mayores ni las mujeres, que apenas tienen conocimientos básicos aunque lleven varios años residiendo en España. «La mayoría trabaja en el campo, solo se relaciona con gente árabe y dicen que no tienen tiempo de aprender, que salen tarde de trabajar, pero es muy importante, debería ser obligatorio», considera. El centro islámico dispone de la academia Annour, en la que dos profesores imparten clases de español a las que solo asiste una decena de alumnos, la mayoría hombres.
De los cursos para mujeres se encarga la Federación de Asociaciones de Mujeres, con dos grupos de 10 y 13 alumnas, uno de lectoescritura para las que no saben leer ni escribir en su idioma y otro de comunicación más avanzada. También en algunos colegios se imparten clases de español para las madres mientras sus hijos están en clase.

Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Los inmigrantes afrontan en Lorca la barrera del idioma en el proceso de regularización