El hispanista Antonio Candeloro (Avezzano, L’Aquila, Italia, 1977), presidente de la Sociedad Dante Alighieri en la Región de Murcia, encuentra en ‘Don Quijote de … la Mancha’, de Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, Madrid, 1547-Madrid, 1616), obra cumbre de la literatura universal, todo lo que puede humanizar hoy a los dirigentes más insensibles sobre la faz de la tierra. Si miramos hacia Rusia, Estados Unidos o Corea del Norte, ¿acaso no vemos en los aviones presidenciales la misma histeria, vaciedad y hostilidad hacia lo diferente? En una reciente conferencia, pronunciada en la Semana Cultural del IES Mariano Baquero de Murcia dedicada a la tecnología y la ciencia, bajo la dirección de Isabel Martínez Llorente, Candeloro recordó a los alumnos que «ciencia e imaginación, o ciencia y literatura, a veces se rozan» y planteó un recorrido por los clásicos para encontrar ciertas implicaciones que tiene el hecho de ser humanos.
Candeloro recordó a Nuccio Ordine y su ensayo ‘La inutilidad de lo inútil’ (2012), con el subtítulo de ‘Manifiesto’, «en el que Ordine subraya la importancia de la literatura y de los estudios humanísticos en una sociedad en la que predominan el materialismo, el pragmatismo y el utilitarismo». Igualmente mencionó a su compatriota Italo Calvino y su ensayo ‘Por qué leer los clásicos’ (1991), donde encontramos catorce respuestas, pero Candeloro se queda con tres, especialmente cuando dice Calvino que hay cosas que entran dentro de «los pliegues de la memoria», y pasan a formar parte del imaginario colectivo.
Esto lo vemos en el Quijote. De hecho, esos dos célebres personajes, don Quijote y Sancho Panza, han tenido la fuerza de salir del texto [la edición que maneja Candeloro es de bolsillo, la misma que suele releer, de 1998] hasta el punto de ser hoy, como en otros momentos de la historia, «iconos de la sociedad del siglo XXI».
Sancho y Ricote se encuentran y hablarán bajo un árbol, mientras sus compañeros duermen la siesta. Ahí están las chaquetas que les representan, el árbol (en realidad neuronas, la locura de nuevo), y el cromo que presenta a los dos amigos.
(Antonio González Ribelles)
Porque, según Candeloro, los hemos visto en dibujos animados, en el cine, en el arte… «es decir, son parte de nuestro inconsciente colectivo». Según Calvino, un clásico es un libro que nunca ha terminado de decir lo que tenía que decir. «En este sentido», cita el doctor en Literaturas Extranjeras Modernas por la Universidad de Pisa y profesor titular de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), «el Quijote es exactamente igual que la Biblia, que Homero, que Shakespeare… y en cada época se releen según sus ilusiones, ansiedades, miedos…».
Autor de las ilustraciones
-
Antonio Gómez Ribelles

El pintor, fotógrafo y escritor Antonio Gómez Ribelles (Valencia, 1962), afincado en Cartagena y autor de poemarios emocionantes como ‘El castigo del exiliado’ (La Nube de Piedra), ‘El libro de las ciudades’ (2000), ‘Quiromante, un libro de imágenes’ (2017) y ‘Las lagartijas guardan los teatros’ (2021), ilustra este número de ‘Ababol’. En especial, dos capítulos del Quijote en el que aparecen la bella Marcela y el morisco Ricote. En su mirada se funden el arte y la poesía para interpretar la memoria de las cosas, los lugares y las personas.
La ‘Primera parte’ del Quijote apareció en 1605, y ya entonces, recuerda Candeloro, fue considerada «una obra cómica, que hace reír, y lo cierto es que en 2026 sigue haciéndonos reír, pero tuvieron que llegar a la época romántica de los intérpretes alemanes para ver otras cosas, pues ellos son los primeros que subrayan el elemento trágico, o si queremos tragicómico, ya que el Quijote habla, delimitándolo mucho, del enfrentamiento eterno entre la visión realista encarnada por Sancho Panza y la visión idealista que guía a don Quijote. No sabemos cómo lo leerán en el siglo XXII o en el siglo XXIII, pero lo cierto es que se seguirá leyendo».
El crítico literario y colaborador de Ababol anota aquello que Italo Calvino decía que provoca un clásico:una polvareda de discursos críticos sobre sí misma y que continuamente se sacude. Para Candeloro, y para Calvino, en esencia, el Quijote no admite interpretaciones unívocas. Candeloro, consumado fetichista de citas literarias, pone la lupa sobre Antonio Machado, quien después de leer las ‘Meditaciones del Quijote’ de Ortega y Gasset, reconoce que don Quijote sufre entre los españoles y que es el fantasma que a todos nos acompaña.
La frase
«No elegimos a nuestros padres, ni dónde nacer, ni el color de la piel, ni siquiera la lengua. Yo estoy adoptando la lengua de mi segunda patria, el azar quiso que yo naciera en Avezzano»
Antonio Candeloro
Hispanista italiano y profesor de la UCAM
Según Machado, Cervantes fue, ante todo, «un gran pescador de lenguaje, de lenguaje vivo, hablado y escrito; a grandes redadas aprisionó Cervantes enorme cantidad de lengua hecha, es decir, que contenía ya una expresión acabada de la mentalidad de un pueblo. El material con que Cervantes trabaja, el elemento simple de su obra, no es el vocablo, sino el refrán, el proverbio, la frase hecha, el donaire, el anécdota, el modismo, el lugar corriente, la lengua popular, en suma, incluyendo en ella la cultura media de Universidades y Seminarios».
A Candeloro le producen una gran ternura las palabras de Machado sobre el Quijote cuando dice que dan ganas de parar a esos dos hombres por Castilla, interrumpir sus diálogos y que nos digan algo de lo que piensan mientras conversan y cabalgan. «Y si ellos no saben su propio secreto, que nos revelen al menos las remotas estrellas que orientan su camino», recitó Candeloro a los alumnos del IES Mariano Baquero de Murcia.
Vemos el mismo personaje de la portada que mira al grupo de niños que se ríen y burlan.
(Antonio Gómez Ribelles)
«Es cierto eso que dice Machado, nos dan ganas de pararlos y de entrar en contacto con ellos, y preguntarles cuál es la estrella que guía su camino. También queremos saber de qué hablan don Quijote y Sancho Panza cuando no hablan dentro del libro de Cervantes. Pero parece imposible contestar a esa pregunta», sospecha Candeloro, empeñado en descubrir al alumnado por qué el Quijote es un clásico.
Y lo hace a través de dos figuras fundamentales: la pastora Marcela, que aparece en el capítulo XIII de la ‘Primera Parte’ y el morisco Ricote, que aparece en el capítulo 54 de la ‘Segunda Parte’ (1615). Dos personajes clave y muy actuales, según Candeloro, pues Marcela habla de la condición femenina, de lo que significa ser mujer, mientras que el morisco Ricote se refiere a lo que representa ser migrante, alguien que viene de fuera y vive en otro país.
La batalla de Don Quijote con el Caballero de la media luna, «en la playa de Barcino, frente al mar», que cantaba Serrat. De nuevo el cromo entre su color y el blanco y negro, entre don Quijote y don Alonso, morir cuerdo y vivir loco.
(Antonio Gómez Ribelles)
Para Ordine, los clásicos eran instrumentos que ayudan a formar una identidad cultural múltiple, «y en este sentido, Cervantes al igual que Ovidio, Homero, Virgilio, Séneca y Shakespeare nos dicen que el ser humano es inaprensible e indomable», recuerda Candeloro, para quien don Quijote no actúa en nombre del dinero, de la bonanza económica o de la conquista del territorio sino que actúa para defender determinados valores ideales. «Valores que ya en la España del Siglo de Oro estaban en decadencia, cayendo en desuso. A Ordine le interesa don Quijote como antihéroe de la derrota: en un mundo de vencedores, donde prima el éxito, don Quijote pierde siempre, siempre hasta el final, pero nos enseña que hay derrotas útiles que nos transmiten valores útiles para ser mejores personas. Y esto es algo valioso hoy para la humanidad».
En ese tiempo de Cervantes ya se escribían novelas pastoriles, que tienen una raíz italiana, y el mismo Cervantes, advierte Candeloro, se estrena con una novela, ‘La galatea’ (1585), en el que dos o más pastores hablan como poetas y debaten sobre temas del amor. También había novelas realistas en España, y cita el hispanista italiano ‘El lazarillo de Tormes’ (1544), novela que funda el género picaresco y que recorre «todas las clases sociales de la época contando los efectos y vicios de múltiples estratos: de la lujuria y la avaricia de los curas a la soberbia del hidalgo».
El teatro también fue un género en el que Cervantes probó suerte, pero se topó con Lope de Vega, «quien en 1609 con ‘Arte nuevo de hacer comedias’ había revolucionado completamente la manera de estructurar la obra teatral, y Cervantes se da de frente contra el éxito de Lope y seguirá escribiendo teatro, pero sin ver representadas nunca sus obras de teatro».
Loco y patético
Contó Candeloro que don Quijote supera todas esas tendencias de vertiente idealizante con la parodia, adoptando el lenguaje de las novelas caballerescas para crear «el efecto cómico predominante». «Encontramos un personaje como don Quijote que habla como una enciclopedia ambulante, con un lenguaje altisonante, que departe con otro que habla como un campesino que no ha estudiado y dice palabrotas.
Este para mí es un primer elemento de la humanidad del Quijote porque Cervantes nos dice que dos personas, de dos ambientes culturales, de dos lenguajes diferentes, no solo pueden convivir, sino que a través de la frecuentación diaria pueden desarrollarse y mejorarse el uno al otro», remarca Candeloro. A partir del capítulo VII de la ‘Primera Parte’ aparece por vez primera el personaje de Sancho Panza, y hasta entonces lo único que conocemos es a un tipo «loco y patético» que se convierte en caballero errante por culpa de la lectura sin filtro de las novelas de caballerías, pero que, incide el profesor de la UCAM, con la intervención de Sancho todo ese mundo novelesco estalla en toda su humanidad en el sentido de aceptar a otros que son diferentes a ti, que hablan otros lenguajes. El contraste de esos dos lenguajes, explica AntonioCandeloro, propicia la comicidad y la amistad entre don Quijote y Sancho Panza.
Portada de Ababol dedicada a la humanidad de don Quijote.
(Obra original de Antonio Gómez Ribelles / Diseño de arte de Miguel Martínez)
«Será, de hecho, en la ‘Segunda Parte’ cuando veamos que Sancho se quijotiza, y don Quijote se sanchifica, como dice Salvador de Madariaga», anota Candeloro, para decirnos que es a través de este juego de realismo e idealismo que Cervantes inventa la novela moderna. Milán Kundera, por cierto, en ‘El arte de la novela’ incluye un capítulo, ‘La olvidada herencia de Cervantes’, muy del gusto de Candeloro, en el que Kundera indica que la novela moderna encarna el espíritu de la complejidad.
En este sentido, la pastora Marcela, una mujer bellísima, una filósofa, hija de una familia rica, vive como san Francisco de Asís, libre por los montes, cree que todo lo hermoso es amable. Grisóstomo se suicida porque la pastora Marcela no se hace eco de sus requerimientos amorosos. Pero ella dice«yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos».
Según Candeloro, es «algo inaudito, y altamente antisistema en la sociedad española del Siglo de Oro». «¿Porque quién puede decir hoy que nació libre? No elegimos a nuestros padres, ni dónde nacer, ni el color de la piel, ni siquiera la lengua. Yo estoy adoptando ahora la lengua de mi segunda patria, aunque el azar quiso que yo naciera en Avezzano, en Abruzzo, en Italia», recordó Candeloro. «Si Grisóstomo se ha suicidado, la culpa no es de Marcela, sino de sus propias manos, de sus propias obsesiones».
El personaje Ricote, como el nombre del Valle de Ricote, es un morisco, esto es, musulmanes del al-Ándalus bautizados tras la pragmática de conversión forzosa de los Reyes Católicos. Sancho se topa con un morisco, Ricote, y se sorprende, le pregunta qué hace aquí. Ricote le dice que los de su nación sufren «terror y espanto» por la resolución de expulsión de Isabel ‘La Católica’ y Fernando de Aragón de los no convertidos, y dice que «donde quiera que estamos lloramos por España».
Porque es su patria natural, porque nacieron en este país, y porque no serán tan bien recibidos en otros lugares. Aún así, ese morisco confiesa: «Es dulce el amor de la patria». ¿Qué es patria?, se pregunta Candeloro pensando en los intelectuales y no intelectuales que tuvieron que abandonar España por la guerra civil. «Yo cuando leo a Cervantes es como escuchar la voz de un amigo», certifica Candeloro, «porque cada vez que lo leo descubro algo nuevo, y esa es la potencia de los clásicos, como decía Calvino».
Palabras de Marcela en el Capítulo XIII de la ‘Primera Parte’:
«Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles destas montañas son mi compañía; las claras aguas destos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno el fin de ninguno dellos, bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino?»
Palabras del morisco Ricote en el Capítulo LIV de la ‘Segunda Parte’
«Finalmente con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos; pero al nuestro la mas terrible que se nos podia dar. Doquiera que estamos, lloramos España, que en fin nacimos en ella, y es nuestra patria natural: en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea, y en Berberia y en todas las partes de África, donde esperabamos ser recogidos, acogidos y regalados, allí es donde mas nos ofenden y maltratan. No hemos conocido el bien, hasta que le hemos perdido, y es el deseo tan grande que casi todos tenemos de volver á España, que los mas de aquellos, que son muchos, que saben la lengua como yo, se vuelven á ella, y dexan allá sus mugeres e hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen, y agora conozco y experimento lo que suele decirse, que es dulce el amor de la patria…»

Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Los sabios consejos de un buen amigo: Don Quijote