Ha vuelto a pintar rostros Coco Dávez. Cuando se ha cumplido el décimo aniversario de su serie más icónica, ‘Faceless’ (‘Sin rostro’) en la que … pinta a diferentes personalidades sin ojos, sin nariz y sin boca, Coco Dávez -Valeria Palmeiro- (Madrid, 1989) pinta esta vez un rostro como protagonista del cartel de la 56 edición del Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier. Una obra que se da a conocer en exclusiva en estas páginas de LA VERDAD, unos días antes de que se presente la programación completa del festival. El 20 de mayo, a las 11.00 horas, en el patio del Museo de Bellas Artes de Murcia (Mubam), se podrán conocer todos los detalles de una edición «muy especial», asegura David Martínez, director del festival y concejal de Cultura del Ayuntamiento de San Javier.
Coco Dávez, pintora y fotógrafa, creadora de un colorido universo, ha expuesto su obra en ciudades como Londres, Hong Kong, París, Queensland, Miami, Lisboa, Santiago de Chile, Madrid y Barcelona, pero no ha visitado nunca la Región de Murcia. Su deseo es poder disfrutar este verano del Festival de San Javier del que está encantada de firmar su carta de presentación en una edición en la que sabemos que estarán Luz Casal, Lydia Bosch y Rocío Molina, entre otras grandes artistas.
–¿De dónde nace la inspiración para crear el cartel de la 56 edición de San Javier Fest?
-La inspiración viene por un lado de ese concepto de las musas, de las artes, de la danza y del teatro, que es lo que vamos a ver este verano en el Festival de San Javier. Me apetecía mucho evocar esas esculturas clásicas y, por otro lado, volver a pintar caras, que llevaba muchos años sin hacerlo. También me gusta la manzana dorada como elemento central del cartel. Me gustaba la posibilidad de volver a dar esos brillos y esas sombras; es algo nuevo en la trayectoria que llevo desarrollando estos años de colores más planos, pero me parecía que encajaba muy bien.
–Efectivamente, pinta un rostro, algo poco habitual en su arte. ¿Por qué decide pintarlo en esta ocasión?
-Por un lado, porque cuando estoy creando siempre quiero hacer cosas nuevas y probar diferentes estilos. No siempre se puede, porque a veces hay unas directrices y no te puedes salir del camino, pero en este caso he tenido la suerte de tener un cliente como el Ayuntamiento de San Javier que me ha permitido explorar caminos que me apetecía mucho llevar a cabo. Es una suerte cuando confían en ti y te permiten plasmar lo que tienes en la cabeza y lo que crees que va a quedar bien para la idea que se está contando.
–¿Qué representa la manzana dorada?
-La manzana es el símbolo del jardín de las Hespérides, donde el arte y el mito se encuentran; que es un poco lo que ocurre en este festival. Me parecía importante traer ese elemento y que fuera protagonista, además, esta figura de inspiración neoclásica está mirándola, muy cerca de ella. Y luego, ese fondo azul me evocaba mucho al Mar Menor y al Mediterráneo, los mares que abrazan San Javier.
–Personalmente, ¿de qué manera está ligada a las artes escénicas?
-Me he criado con un padre que estudió teatro y dio clases. En mi casa ha habido mucha cultura de artes escénicas. También tengo relación con la música y la danza, porque mi padre, además, baila y la música es una pasión que comparte con mi madre. De alguna forma me lleva un poco a casa.
–Y su vena artística eligió el camino de la pintura. ¿No le picó el gusanillo del teatro de niña?
-Sí, estuve haciendo cinco años teatro. Me encanta el mundo de la interpretación, pero la pintura siempre ha tenido más peso y, de alguna manera, siempre sentí que ese era el territorio de mi padre. Me gustaba que ese espacio fuera el suyo y yo encontré otras formas de comunicación a través de la imagen: la fotografía, el diseño, la pintura.
Un error
–Ahora está celebrando el décimo aniversario de su icónica serie ‘Faceless’. Su primer retrato fue a Patti Smith. Esta semana nos hemos enterado de que recibirá próximamente el premio Princesa de Asturias de las Artes. ¿Qué le parece?
-Estoy feliz. Ya siento que tengo una relación con Patti, son muchos años, no solo porque dio el origen a esta colección, sino que hace dos semanas daba una conferencia sobre ella en Pamplona. La he leído mucho. Es un reconocimiento absolutamente merecido. Ojalá pueda descubrir la gente lo multifacética que es Patti Smith, porque muchos la siguen por la música, pero ella se considera escritora por encima de todo, poeta; también pinta y hace fotos. Es un referente en el que me miro mucho. Sin verlo venir. Entre conferencias y charlas, sé mucho sobre ella y me estoy haciendo una experta en su obra.
–¿Qué le lleva a pintar a estos ‘sin rostro’?
-Surge por un error. Cuando estaba haciendo el cuadro de Patti Smith, el retrato iba con cara, pero salió mal y, en un arrebato, le borré la cara pensando que esta obra iba a ir a la papelera. Sin embargo, al borrarle todo, en ese ejercicio de restar, pasó algo que nunca me había pasado en los últimos años: volví a divertirme. Encendió la motivación y la diversión que hay detrás de todo juego. A raíz de eso pensé: si parto de este reto de retratar a gente donde la psicología del color te va a dar pistas, vas a tener que tirar de tu retina y memoria colectiva e intentar adivinar quién es el personaje. Me dio algo muy bonito: necesito al espectador para que acabe mi obra; se establece un diálogo, que es lo que propicia el arte.
Coco Dávez firma el cartel de la 56 edición del Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier, que se celebrará del 31 de julio al 23 de agosto.
–Según quién contemple la exposición de ‘Faceless’, con la que ahora ha inaugurado su nuevo estudio, habrá quien distinga ciertos retratos de forma instantánea y que tenga que pensar más con otros. ¿Qué prefiere, la asociación automática o que el público tenga que pararse un momento a pensar?
-A mí me gusta que coexistan las dos opciones. Hay algo muy emocional en toda esta colección; al final son grandes iconos. Es muy raro que entres a ver esta exposición y no reconozcas a nadie, incluso vas a reconocer a gente que a lo mejor no es tan importante para ti, pero sabes quiénes son. Y luego, por otro lado, me interesa que veas ciertos retratos y no sepas quién es, pero que algo te llame la atención y quieras saber por qué forma parte de esta colección, quién es esta persona con estas formas y estos colores. Es bonito descubrir referentes.
–¿Estudia al personaje para realizar la composición de color?
-Hay algunos personajes que tengo muy claros, otros no tanto, pero siempre es un ejercicio bastante intuitivo. Esta colección me ha permitido ver la importancia que tiene la psicología del color, algo que no hemos estudiado formalmente, pero que sabemos, que llevamos innato. Hay algo de la supervivencia del ser humano que nos dice «este color es peligroso». Me interesa mucho cómo funciona el cerebro ante diferentes estímulos.
–¿Nos falta color en la vida? ¿Por qué en la adultez nos volvemos más grises en la forma de vestir, de crear, de decorar?
-Depende mucho del momento histórico, que nos da mucha información de cómo nos acercamos al color. Ahora estamos en un momento en el que hay bastante miedo a rodearse de color; lo vemos en los coches, cómo han ido cambiando las últimas décadas, solo vemos tres colores ahí fuera. Lo vemos en las casas, en las habitaciones de los niños, que son beige. Todo se ha ido apagando mucho. Depende del país, porque he estado en lugares donde no temen al color; al revés, lo que les da energía y consideran bello lo intensifican.
–¿Es el beige conservadurismo frente a la rebeldía del color?
-Totalmente. Estamos en un momento en el que parece más seguro pasar desapercibido. Yo suelo vestir de forma colorida y, cuando viene gente a mi estudio, muchas personas me dicen: «A mí me encanta el naranja, o el amarillo, pero no me atrevo». Pienso: «¡Qué fuerte que no te atrevas!». Parece que si usas color proyectas algo que hace que pierdas valor o que no te tomen en serio, que te tilden de infantil. Tampoco entiendo que lo infantil deba tener una connotación negativa. Nos iría mejor si nos atreviéramos más a jugar y a quitarnos prejuicios para elegir un atuendo o el color de una pared. Es triste que solo podamos elegir entre blanco, negro o beige; me parece muy aburrido.
–Es de Madrid y vivió una temporada en Londres. ¿Qué le sugirió la capital de Inglaterra?
-Viví en Londres de 2010 a 2011 y esa ciudad me dio precisamente lo contrario a Madrid. Me encontré a una sociedad que no le teme al color; incluso en los barrios más elegantes, como Notting Hill, las casas están pintadas con colores vivos. Además, hay una cosa que me gusta mucho de los ingleses: no solo pintan sus casas o se visten de color, sino que combinan sus ‘looks’ con sus baldosas, con el color de su puerta. Esto me eleva el ánimo. Creo que en Europa, cuanto menos luz hay, más color. Los países nórdicos tienen muchas casas rojas, amarillas, negras; fíjate que el negro aquí nos da miedo. Y en Latinoamérica es otra cosa, es cuestión de carácter, no le temen al color. No sé qué pasa en el sur de Europa, que a pesar de tener un carácter alegre, nos cuesta.
Oficio
–Ha impartido talleres y residencias creativas. ¿Qué le diría a quién quiere pintar y no encuentra su camino? ¿Cree que el talento se puede suplir por horas de trabajo?
-Gran parte del talento son las horas de práctica. Yo no conozco a tanta gente virtuosa, conozco gente de oficio, que echa horas, que va manejando una técnica, puliendo su trabajo. Eso tenemos capacidad de hacerlo prácticamente todos, es cuestión de horas y horas. Todos pintamos de niños, la diferencia con la pintura es que algunos seguimos pintando y otros no. Cuando la gente dice «yo es que pinto como una niña de 7 años», es porque seguramente dejó de pintar a los 7 años.
–Ilustró el libro ‘¿Y si fuera feria cada día?’, de Ana Iris Simón. ¿Cómo vivió ese proyecto?
-Fue muy bonito. Me había leído ‘Feria’ y me había encantado. Soy fan de la novela gráfica y los cuentos infantiles, así que para mí fue genial. Fue un reto inventar un estilo que no se alejara de mi universo, pero lo disfruté muchísimo. Fue generoso por parte de Ana Iris poner en mis manos esos escenarios y personajes que ella había ideado. Es complicado dar forma a lo que otra persona tiene en la cabeza, pero ella tuvo claro que quería que fuera yo.
–Además tiene su propio pódcast, ‘Participantes para un delirio’. ¿Por qué decide crearlo?
-Surge porque desde niña me encanta la radio, pero no es fácil entrar; el pódcast es más democrático. Tenía la idea de hacerlo en solitario, pero llegó la pandemia y lo que más echaba de menos era hablar con gente. Se me ocurrió que podía ser buena idea reunirnos durante una hora u hora y media y aprender de gente que admiro profundamente. Aunque lleva parado un tiempo, el pódcast sigue vigente. Queremos llevarlo a vídeo. La semana pasada hemos grabado un episodio piloto en París.
–¿Qué aprendió en esas conversaciones?
-El hilo conductor son las crisis creativas y cómo mis referentes viven esos momentos de bloqueo. Me llevo la sensación de que los seres humanos somos muy parecidos: casi todos tenemos los mismos miedos, sueños, inseguridades y vulnerabilidades. Eso te hace sentir acompañada. Es el proyecto que más alegrías me ha dado porque es el que más tiene de mí, en el que más me expongo. Recibo una respuesta muy bonita de los oyentes.

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Enlace de origen : Coco Dávez: «Ahora hay bastante miedo a rodearse de color; lo vemos en los coches y en las casas»