
Tres días de cielo en movimiento y un desfile aéreo como colofón final. Una alerta amarilla por tormentas hizo dudar a la Patrulla Acrobática de … Paracaidistas (Papea) a primera hora de la mañana. Saltar o no saltar. Finalmente, los hombres-pájaro descendieron del cielo entre las nubes, como ícaros con su velamen planeador. Los nervios del concejal de Proyectos Estratégicos, Héctor Verdú, por la amenaza de una ‘meteo’ adversa a la ambiciosa parrilla de vuelos programada, se tornaron en rayos de sol a medida que avanzó la mañana.
El anuncio de posibles lluvias no asustó a las miles de familias que se acercaron a la orilla de Santiago de la Ribera para vivir la emoción aérea. En las terrazas repletas y los bares atestados se pudo ver la inyección económica que el Festival ha sido para la costa del Mar Menor. El gentío impedía ver la arena. Acomodados en hamacas, toallas y algunas sombrillas, todos querían ver a los héroes del cielo.
Los ‘paracas’ fueron los encargados de levantar el telón del espectáculo final en el Festival Aéreo de San Javier, que desplegó un programa sin pausas, una sucesión de aeronaves que, desde las 11 hasta pasadas las 14:45 horas, mantuvo a miles de personas con la vista fija en las alturas. Fue una edición marcada por la variedad: paracaidistas, planeadores con pirotecnia (el sábado por la noche-, helicópteros policiales, aviones acrobáticos, formaciones internacionales y el rugido final del Eurofighter.
A las 11 horas, la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire inauguró la jornada con una de sus señas de identidad, una precisión milimétrica en los aterrizajes y figuras en caída libre que siempre arrancan aplausos. Sus velámenes colorearon el cielo de Santiago de la Ribera y marcaron el tono del día: ritmo, técnica y espectáculo.
Les siguieron los británicos Aerosparx, que demostraron que sus Grob 109B no necesitan la noche para impresionar. Son conocidos por sus vuelos con pirotecnia, pero su pasada diurna dejó ver la elegancia de un planeador motorizado capaz de dibujar curvas limpias y silenciosas sobre el Mar Menor.
El Aeroclub Mar Menor y la Formación Sevilla aportaron la parte más cercana y didáctica del festival. Sus aviones ligeros mostraron maniobras suaves, vuelos en formación y pasadas bajas que recordaron que la aviación deportiva sigue siendo el origen de muchas vocaciones.
A media mañana, el público recibió a uno de los grupos más esperados, el WeFly Team, la patrulla italiana formada por tres pilotos, dos de ellos con discapacidad física. Sus Van’s Aircraft RV7 ejecutaron formaciones cerradas y maniobras coordinadas que demostraron por qué son una referencia internacional en aviación adaptada. Cuentan con mandos adaptados para un manejo seguro de los aviones ligeros, que alcanzan 350 kilómetros por hora.
Las diabluras del autogiro de ELA Aviación volvieron a sorprender con ascensos casi verticales, frenadas en el aire y giros que solo este tipo de aeronave puede ejecutar con tanta estabilidad. Una exhibición muy celebrada por su carácter técnico y el sello murciano del piloto Francisco Giménez, capaz de convertir la máquina en un abejorro gigante.
Le siguió el Canadair del 43 Grupo, que recordó la importancia de la aviación de emergencias. Recogió agua del Mar Menor -puede cargar hasta 6.000 litros- con sus pasadas bajas, para después rociar cualquier superficie en una espectacular maniobra. Ver ascender esa mole metálica desde la superficie marina es uno de los misterios para los profanos. El gigante amarillo es el héroe de los montes, convertido en el maná de la supervivencia en medio de un incendio.
Precisión operativa
Pasado el mediodía, el helicóptero de Salvamento y Protección Civil de la Región de Murcia mostró maniobras de rescate y vuelo estacionario, una demostración de la coordinación que exige operar en emergencias reales.
Después, el festival entró en su tramo más adrenalínico. El primero fue Camilo Benito, con su Extra 330SC, un avión que parece girar sobre un alfiler. Sus maniobras de alta energía marcaron el inicio de una secuencia de vértigo.
A continuación hizo su aparición la silueta del NH90 color carbón, el helicóptero más moderno del Ejército del Aire y del Espacio. El ‘Lobo’ sirve en salvamentos, evacuaciones médicas y recuperación de personal. Dispone de cámara panorámica con visión infrarroja y comunicación desde zonas remotas. «Hoy, mañana y siempre, allá donde nos necesiten», dijo su piloto en conexión desde las alturas.
Le siguió el portugués Jorge Loureiro para llevar al límite su Sukhoi SU26M, un aparato diseñado para soportar cargas G extremas. Su estilo agresivo y técnico mantuvo al público en tensión. Ha recuperado un avión histórico de 1984, con el que está ganado medallas de oro en competiciones internacionales.
Cerca de las dos de la tarde, llegó uno de los nombres más esperados: Juan Velarde, expiloto de la Red Bull Air Race, que volvió a demostrar por qué su Edge 540 es uno de los aviones acrobáticos más radicales del mundo, un misil de fibra de carbono capaz de girar sobre sí mismo en milésimas de segundo.
Entre ambas exhibiciones, el festival mostró la versatilidad de los helicópteros policiales, el del Cuerpo Nacional de Policía y el de la Guardia Civil. Ambos realizaron maniobras de vigilancia y vuelo estacionario que forman parte de su operativa habitual. Los espectadores pudieron ver cómo se comporta en misiones de baja altura y giros cerrados, donde destaca por su estabilidad.
El futuro es Pilatus
Todos esperaban al Pilatus PC21. El vacío que dejó la Patrulla Águila era difícil de llenar con un avión tan diferente como el turbohélice de entrenamiento. Queda, imborrable, la potencia de los reactores en sus aplaudidas roturas y loopings, pero los Pilatus demostraron que son capaces de acelerar el corazón.
El Solo, rol arriesgado que desempeña el capitán Cánovas, mostró el genio de la aeronave suiza con sus ‘trepadas’, los toneles y los vuelos a cuchillo antes de unirse al resto del equipo. A las de 600 kilómetros por hora, el Pilatus imitó a un reactor de combate con sorprendente agilidad y capacidad de aceleración.
Los Mirlo ofrecióeron una demostración de vuelo limpio y potente. Herederos del espíritu de la Patrulla Águila, saludaron en distintas formaciones, como la Poker, Delta o de Bandera, a la que sumaron la Águila en homenaje a sus antecesores. Los Mirlo son el capitán Bruno Herrero (Líder), el capitán Llor, el capitán Escribano, el capitán Orenes, el capitán Sanz Rillo, y el capitán Cánovas, guiados desde tierra por el comandante Ricardo Gonzalo Marín, natural de San Javier. Los 6 profesores de vuelo de la Academia General del Aire están aún dando forma y espíritu a la Mirlo, por lo que sus apariciones son cada vez más sorprendentes.
Les siguieron los británicos Team Raven, que desplegaron una coreografía aérea de seis RV8 combinando elegancia y precisión.
Como despedida de Aire26, el cielo tembló. El C16 Eurofighter puso el broche final con pasadas rápidas, trepadas verticales y virajes que mostraron la potencia del caza europeo. El capitán Jaime Guevara se divirtió trazando bucles en el cielo con su potente murciélago. Un final que dejó claro por qué este aparato es uno de los más avanzados del continente. El público no se movió de la línea de costa, a pesar del calor que ya cubría el Mar Menor, hasta que no se esfumó el veloz triángulo negro con su velocidad supersónica.

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Enlace de origen : El cielo ruge en Aire 26: el desfile aéreo congrega en el Mar Menor a miles de turistas