El periodista Vicente G. Olaya, redactor especializado en Arqueología e Historia del diario ‘El País’, sigue pensando que la Región de Murcia es «un lugar … muy atrayente». El autor de ‘La costurera que encontró un tesoro cuando fue a hacer pis’ (Espasa) y ‘Pequeña historia de los grandes descubrimientos arqueológicos’ (Espasa) acaba de publicar ‘ El emir que se apellidaba Martínez y 20 historias de castillos de España’. Es la historia de España a través de sus guerras, de sus vicisitudes, de sus derrotas y de sus victorias con esta selección de 20 castillos que jalonan nuestra geografía, «una fotografía apasionante del pasado revelada en piedra», aprecia.
Curiosamente, de todas las historias recogidas en este volumen, la que da el título es la historia del castillo de Monteagudo y, en particular, de Ibn Mardanis (Peñíscola, Castellón, 1124-Murcia, 1172), «el emir que se apellidaba Martínez», incide el periodista. «Murcia es una región sorprendente, siempre lo digo. Un poco en la esquina, sí, vista desde el punto centralista de Madrid, pero un lugar maravilloso para unas vacaciones. A mí culturalmente me parece impresionante, Murcia lo tiene todo. Es el punto donde se juntan el Reino de Aragón con el Reino de Castilla, y, claro, encontramos de todo», destaca Olaya en conversación telefónica.
«De los montes gallegos a la bahía de Palma, de las fortalezas de frontera a los alcázares cortesanos, este libro propone un viaje por una España contada desde sus castillos: veinte historias de ambición, guerra, linaje, leyenda y poder», descubren los editores de Espasa. De Castilla y León encontramos los castillos de Ponferrada (León), Gormaz (Soria), Peñafiel (Valladolid), La Mota (Valladolid), y el Alcázar de Segovia (Segovia); de Andalucía ha seleccionado Burgalimar (Jaén), Almodóvar (Córdoba) y Teba (Málaga); de Castilla-La Mancha tenemos La Estrella (Ciudad Real), Belmonte (Cuenca) y el Alcázar de Toledo (Toledo); de la Comunidad Valenciana ha seleccionado Peñíscola (Castellón) y Villena (Alicante); de Galicia el de Castro Valente (A Coruña y Pontevedra); de la Región de Murcia el sitio de Monteagudo (Murcia); de Aragón seleccionó Loarre (Huesca); de Cataluña tenemos el castillo de Cardona (Barcelona); de las Islas Baleares el de Bellver (Mallorca) en la sección de castillos-palacio; el de Olite, en Navarra; y el de Jarandilla de la Vera (Cáceres) en Extremadura.
El entorno de Cabezo de Torres y Monteagudo ofrece múltiples edificaciones correspondientes a fortificaciones musulmanas y otros lugares de interés cultural en la huerta. Un conjunto paisajístico muy especial y característico. El Castillo de Monteagudo está coronado por la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
(Nacho García)
La historia de Ibn Mardanis, según Olaya, sigue siendo aún «muy desconocida» más allá de las fronteras de la provincia de Murcia. «Monteagudo quizá sea el castillo más novelesco de todo el libro, porque está ligado a una figura extraordinaria: Ibn Mardanis, el famoso emir al que los cristianos recordaron como el «Rey Lobo», el emir que se apellidaba Martínez. Más que una simple fortaleza, Monteagudo fue la pieza central de un gran complejo palaciego levantado para exhibir poder, lujo y ambición: jardines, alberca monumental, miradores, fortificaciones y hasta un zoológico con animales exóticos. Aquí el castillo deja de ser solo una máquina de guerra y se convierte también en escenario de representación política, refinamiento cortesano y exceso. Es una elección ideal porque conecta el gran relato histórico con un personaje desmesurado y muy literario», explica Olaya.
«Es que se llamaba Martínez, son familias cristianas que se adaptan a lo que hay, si hay un proceso de islamización, tú te adaptas y te terminas islamizando para sobrevivir, y no hay ningún problema. La madre del califa Abderramán III era [una princesa] navarra, y él era un tipo pelirrojo, altísimo, de ojos azules, bebía alcohol…».
El periodista de ‘El País’ cree que Julio Navarro merece una medalla por intentar recuperar la historia del complejo de Monteagudo
La gente suele tener la idea de que los castilllos son cristianos, «pero no es verdad», incide Olaya: «Los castillos españoles surgen primero con los romanos, luego se adaptan a los visigodos, después pasan a ser musulmanes, y luego son tomados por los cristianos. Y los castillos musulmanes son espectaculares. Muy espectaculares, y los hay muy bonitos, como Burgalimar (entre Jaén y Ciudad Real; recibió en 1969 el honor de poder lucir la bandera de Europa, una distinción solo compartida solo con el Palazzo Vecchio de Florencia). Es verdad que no utilizan tanto la piedra como los crisitanos, y a veces lo que hacían era cubrirlos con una especie de cal y hacían las rayitas de las piedras para parecer que eran de piedra, pero no era verdad. Eran de piedrecitas y de arena, rellenando los muros».
Dado que tantas veces se ha contado la historia desde el lado cristiano, pareciera, según Olaya, que del otro lado de la frontera no había nadie, «o unos tipos muy extraños, y ahora lo que está haciendo el estudio de la historia en las últimas décadas es recuperar la historia del otro lado, es decir, una parte de la península donde había una cultura, unos reinos, unas taifas, unos reyes, que hay que recuperar porque son parte de nuestra cultura, que está fundamentada en el cristianismo, pero de la parte islámica hemos tomado muchas cosas, desde las palabras hasta las comidas».
Una viandante en el entorno del Castillo de Monteagudo.
(Nacho García)
Olaya nos descubre castillos de origen suevo, templario, islámico, cristiano, castillos-palacio y alcázares.
Cuenta el curtido periodista que en la Región de Murcia los castillos que conoce son «muy espectaculares», y cita de carrerilla varios, como el de Aledo, Lorca, Moratalla… «A mí me gusta muchísimo el de Caravaca de la Cruz, que es en sí una ciudad. Muchos de los castillos aquí están conectados con Mardanis. En Moratalla el tipo le arranca los ojos a Yusuf ibn Hilal porque no quiere cederle la fortaleza. Es otro castillo evidentemente islámica. En la zona donde se juntan Castilla, Aragón y el reino de Granada hay una sucesión de fortalezas que pueden ser islámicas o pueden ser cristianas, que van tomando sucesivamente unos y otros, produciéndose una especie de frontera. De hecho, en la bandera de la Región de Murcia hay cuatro castillos que simbolizan ese cáracter fronterizo: es Aragón, es Castilla, es Granada y es el Mediterráneo».
Imagen.
Murcia como una región de mezcolanzas de culturas que propicia espacios paisajísticos y de actividad social y económica de gran valor como la propia huerta, incide Olaya. «La huerta es un producto de Mardanis. Cuando el rey Lobo hace su ciudad, por así decirlo, entre Cabezo de Torres y Monteagudo, con sus tres fortalezas, con sus jardines, con el zoo que él monta en un complejo palaciego que en pocas partes del mundo islámico existe, y que da origen a cosas tan maravillosas como la huerta murciana. Crea los canales, los azudes, y trae árboles, semillas, especies de todas partes del imperio islámico, y los planta en Murcia para hacer lo que siempre quiso hacer: una especie de Medina Azahara en Murcia. A pesar de lo degradado por la especulación, por la falta de fondos para recuperar todo el sitio histórico, y por otras circunstancias, yo siempre recomiendo visitar Monteagudo».
Turismo arqueológico
«Cada vez que yo lo he visitado me ha parecido un sitio mágico, pese al abandono de la huerta»
Vicente G. Olaya
Cree Olaya que si alguien se merece más una medalla en España por su empeño en recuperar la historia de Monteagudo, ese es el arqueólogo murciano Julio Navarro, investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Escuela de Estudios Árabes de Granada. «Se merece una medalla porque intentar recuperar un complejo palaciego como este, y hacerlo prácticamente solo, tiene mucho mérito. Los arqueólogos, en general, consagran su vida a un yacimiento, y en el caso de Julio es que lleva toda la vida intentando recuperar el legado de Ibn Mardanis, y yo cada vez que lo he visitado me ha parecido un sitio mágico, pese a la especulación y el abandono lamentable de la huerta, que da cierta tristeza».
Un edén fortificado
En una investigación publicada en el número 66 de la revista ‘Madrider Mitteilungen’ los arqueólogos Julio Navarro Palazón, Felix Arnold (arquitecto y arqueólogo del Deutsches Archäologisches Institut) y el también murciano Pedro Jiménez-Castillo (especialista en Arqueología Medieval, ha dirigido unos 40 proyectos arqueológicos en España y en el extranjero) concluyeron que los trabajos realizados en la almunia de Monteagudo desde 2018 hasta la fecha indican que el palacio del Castillejo «formaba parte de una extensa finca regia que, irrigada mediante una importante red de acequias y albercas, se extendía por el llano de huerta que hay entre Monteagudo, Cabezo de Torres y la rambla de Churra. En su interior se conservan restos de tres palacios fortificados presidiendo jardines y huertos organizados siguiendo un mismo modelo de implantación».
El Castillejo formaba parte de un área palatina de grandes dimensiones, con un extenso jardín de crucero en la huerta del llano, palacios anexos al camino del Raal y distintos recintos. «Si los palacios y jardines del llano pudieron estar destinados a actos protocolarios multitudinarios, dada su extensión, el Castillejo, que presidía el conjunto, debió de servir como residencia del emir y estar reservado a recibir a grupos más reducidos de personajes principales», aseguraron los arqueólogos.
El Castillejo, el alcázar de Ibn Sad, antiguo recinto palacial andalusí. Fue residencia de verano del famoso rey Lobo.
(Nacho García)
Olaya se pregunta por qué no podemos darle dignidad a todo, y olvidar ciertas rencillas entre administraciones, «y recuperar esa imagen del antiguo Cristo de Monteagudo, y hacer un homenaje a la gente que puso dinero y lo hizo seguramente con su mejor intención». Al escritor y periodista de ‘El País’ la instalación de un Sagrado Corazón de Jesús sobre un castillo islámico le parece «una locura, más locura no puede ser, pero es una historia que habla del cariño por tu tierra, de honrar a los políticos que apoyaron que España no entrara en la Primera Guerra Mundial, es una historia que habla de cristianismo, de creencias… lo único que no me gusta de esa historia es que nadie haga algo por recordarla porque todo el mundo lo hizo lo mejor que pudo para que el castillo de Martínez tuviera una colmatación maravillosa, aunque fuese realmente una barbaridad», sostiene.
«Todo el mundo lo hizo lo mejor que pudo para que el castillo de Martínez tuviera una colmatación maravillosa, aunque fuese realmente una barbaridad», sostiene Olaya
En España hay castillos muy reconocidos en todo el mundo gracias al cine, pues grandes producciones de Hollywood tuvieron como localizaciones algunos de ellos. Cuenta Olaya en este libro que Peñíscola no solo fue refugio papal: también fue plató de cine y televisión; en ‘El Cid’ se convirtió en Valencia y en ‘Juego de tronos’ en Meereen. Charlton Heston aseguró haberse topado con el fantasma de Eugenia de Montijo en Belmonte durante el rodaje de ‘El Cid’.
Otra cosa curiosa que nos descubre es que en 1923 se quiso meter un campo de fútbol dentro del castillo de Ponferrada; la idea solo se frenó cuando la fortaleza fue declarada Monumento Nacional. O que en el alcázar de Segovia se guardaba el Tesoro de la Corona que financió el primer viaje de Colón. Por si fuera poco, Disney reconoció en 2023 la inspiración del alcázar de Segovia para el castillo de Blancanieves.
Un dolor: «No conocemos la historia de nuestros castillos»
«No conocemos la historia de nuestros castillos», se lamenta, «y no se sabe que el verdadero ‘Braveheart’ no fue William Wallace, sino Robert the Bruce, y remata la historia con un giro espectacular: su corazón acabó vinculado al castillo de Teba, en Málaga. Son historias muy bonitas, y yo he intentado huir de los datos como el número de piedras que tiene y contar la historia de la gente que vivió en ellos. Si el personaje desaparece y entra otro, ese castillo nada tiene que ver luego».
Parece que Olaya ha dado con la clave para que los lectores lean lo que le divierte: la historia y la arqueología.
Vicente Olaya, periodista.
«Sería maravilloso recuperar el anterior Cristo de Monteagudo»
La imagen del Sagrado Corazón de Jesús original de Monteagudo, conocido como el Cristo de Monteagudo, fue dinamitado en 1936 y al caer derrumbó una bóveda de del castillo que llevaba más de mil años en pie. El escultor Anastasio Martínez Hernández (1874-1933) y su hijo Nicolás Martínez Ramón (1905-1990) fueron los autores del primer Cristo de Monteagudo, en 1926, volada en la guerra civil. El segundo, el que hoy reconocemos coronando el promontorio de Monteagudo, fue obra del propio Martínez Ramón, instalada ya en el franquismo, en 1951, ayudado en la instalación por su hijo, Anastasio Martínez, todavía vivo. A esta saga de escultores pertenece la doctora en Bellas Artes y escultora María Luisa Martínez León, que lleva muchos años insistiendo en el deterioro de la obra de arte y en la necesidad de intervenirla y restaurarla para evitar su pérdida definitiva. «Vivimos en una sociedad lamentable, porque sería maravilloso recuperar la antigua imagen, que arqueológicamente sería interesante por sus proporciones. Esta es una parte de nuestra historia. Igual que se guardó en una urna el nombre de todos los que financieron esa imagen, y luego sufrieron las consecuencias, y toda España se vuelve loca y se mata estúpidamente. Yo sí buscaría la anterior imagen y la ubicaría en una iglesia o en una plaza, ¿por qué no vamos a poder hacer eso?».

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