Conciliador y profundamente murciano

Conciliador y profundamente murciano

Víctor Rodríguez


Recuerdo perfectamente el día que conocí a José Ballesta. Él era rector de la Universidad de Murcia y yo un joven periodista que acudía a su despacho de la Convalecencia a entrevistarlo. No habíamos mediado palabra cuando me miró fíjamente a los ojos y, con semblante serio, me preguntó: «¿De qué equipo de fútbol eres? ¿No serás del Barça, verdad?». Y entonces me explicó, con ese carácter campechano del que hacía gala, que todo aquel que entraba en su oficina y negaba ser del Madrid estaba obligado a echar una moneda en una hucha con forma de cerdito que reproducía el himno madridista cuando caía el dinero. Así de sencillo era Ballesta, un político que ya ha pasado a la historia como el alcalde más entrañable, querido y respetado de los que ha tenido Murcia. Con sus virtudes y sus defectos, el regidor fallecido este domingo supo ganarse a la gran mayoría de los ciudadanos con su bonhomía, su talante conciliador, su brillante oratoria y, lo más importante, su profunda murcianía. «No somos más tontos que nadie», solía quejarse al reivindicar el talento y la valía de las gentes de esta tierra, a quienes animaba a despojarse de sus complejos y a salir al mundo con la cabeza bien alta.

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