La primera clase del año consistía en profundizar en los orígenes del nuevo auxiliar de conversación que ayudaba a los alumnos a apuntalar los conocimientos … de un idioma extranjero. Sin embargo, el resto del curso se trabajaba con los materiales relacionados con el currículo de Inglés, una tarea que no corresponde a estos profesionales. Mario Edison (nombre ficticio) llegó a la Región de Murcia teniendo claro que era un joven con ganas de trabajar, pero que ese apoyo educativo que prestaba en las aulas no era un trabajo fijo, ni tampoco podía considerarse empleado de la Administración regional.
«Era un extranjero que quería ganar dinero en euros y me bastaba para vivir con un presupuesto ajustado», explica este joven, que prefiere guardar anonimato. Edison estuvo como auxiliar de conversación en varios centros educativos de la comarca del Noroeste desde 2017 a 2020. Allí, su posición profesional la tenía clara, por eso dice que le resultaba «frustrante» ver a otros compañeros aceptar «unas prácticas temporales que no se anunciaban como un trabajo, y las convertían en el centro de su vida». Creían, explica, que «estaban echando raíces para una estancia a largo plazo, pero se equivocaban».
No culpa de estos malentendidos al Ministerio de Educación o al Gobierno regional, «ya que dejaron muy claro que no era una plaza». De ahí que considere que la experiencia fue «relativamente buena» y las condiciones laborales estuvieron «bien», aunque con matices. Pese a ello, sí sostiene que la «administración fue un desastre; desde la distribución de plazas hasta los pagos y cualquier otra cosa imaginable, se gestionaba fatal». Al final de su experiencia, relata a LA VERDAD, estaba convencido de que su «presencia solo beneficiaba a unos cinco alumnos por clase que interactuaban conmigo» y que, durante sus años en los centros, «siempre tuve la impresión de que cumplía un rol de ‘auxiliar docente’ en vez del de un embajador cultural».
Edison ha seguido atento estos días el conflicto entre el Ministerio y las comunidades autónomas a cuenta de la continuidad del Programa de Auxiliares de Conversación en Lenguas Extranjeras el próximo curso. El Ejecutivo murciano acaba de suspender de forma temporal la presencia de estos profesionales en las aulas por la «inseguridad jurídica» y la «descoordinación» que ha visto a nivel estatal de cara la convocatoria que se acaba de publicar. El auxiliar, en este contexto, cree necesario una serie de mejoras de cara a consolidar la presencia de estos extranjeros formados en el tejido productivo nacional.
Requisitos bajos
«Los que tenemos títulos de grado y máster son aceptados por el programa, pero al terminar este y buscar trabajo en España, nos dicen que los títulos no son válidos, según los estándares de la convalidación del Ministerio de Educación», detalla este joven, que admite que, «para ser justos con los estudiantes españoles que solicitan ser auxiliares en otros países, los requisitos para que los extranjeros enseñen en España son ridículamente bajos». Solo se requiere un título universitario, sin experiencia docente previa ni formación en inglés como segunda lengua: «Nada, solo el título».
El técnico de apoyo lingüístico reconoce que, por suerte, nunca tuvo profesores que esperasen que hiciera su trabajo. Solo en dos ocasiones tuvo este problema, pero fueron advertidos por el coordinador bilingüe de los centros. «Sin embargo, parece que soy una excepción en cuanto a esa experiencia», añade.
Edison también detectó fallos en el sistema bilingüe de los centros, que evidencian los problemas del programa que se vienen arrastrando durante años. El principal inconveniente radicó en la falta de competencia lingüística del profesorado. Según relata, los docentes de asignaturas como Matemáticas o Educación Física carecían del nivel adecuado para impartir las clases en inglés.
Esta preocupante brecha lingüística afectaba incluso a los propios profesores de idioma, cuyo dominio era tan dispar que Edison se vio obligado a corregir sus errores gramaticales en varias ocasiones. «Si hablabas con un auxiliar alemán, la situación era aún peor», señala, «a menudo comentaban que no habían oído a ningún profesor pronunciar una frase completa sin cometer errores graves».

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Enlace de origen : La vida de un extranjero en las clases de conversación en idiomas de la Región: «Cumplía un rol de 'auxiliar docente' en vez de embajador cultural»