La vida en los márgenes no es fácil. La falta de techo empuja a las personas hacia ellos, tanto desde el punto de vista social … como desde el geográfico. Y en el borde urbano de la ciudad de Murcia se encuentra el barrio de San Andrés, especialmente en lo que toca a su sector más al oeste, aquel que se encuentra con la Ronda Oeste como barrera de separación. En ese entorno pernoctan desde hace años un puñado de indigentes que encuentran en esta área la tranquilidad que buscan. El que duerme en la calle también se siente vulnerable y pasa miedo. Pero esta forma de vida marginal se ve enfrentada en muchas ocasiones con las condiciones que los vecinos del barrio desean para su vecindario.
Este choque se plasma especialmente en las condiciones de falta de limpieza o, directamente, insalubridad que se acaban produciendo en áreas eminentemente residenciales. Cierto es que San Andrés, barrio en el que se ubica la estación de autobuses, tiene una amplia trayectoria de lamentos vecinales por situaciones de inseguridad, ‘trapicheos’ o falta de civismo. Pero ahora, son los residentes de las inmediaciones del centro de salud mental ubicado en este barrio los que denuncian una situación que, no por socialmente triste, deja de ser molesta para ellos.
Así, es habitual que la pequeña replaceta que da acceso a las instalaciones, localizada precisamente frente a la comisaría de la Policía Nacional del Distrito, amanezca cada lunes llena de basura, orines y heces, según confirma Joaquín, guardia de seguridad que desempeña su labor en este centro. «No es un problema nuevo, pero sí ha cambiado el cómo se manifiesta; antes se resguardaban en las escaleras de acceso, pero hace cinco meses la dirección optó por poner una puerta metálica y cerrar esta zona al paso, porque dejaban aquello en muy malas condiciones; la consecuencia es que se han trasladado al espacio frontal, que tiene más tránsito de peatones», explica Joaquín, recordando, además, que también se suprimió hace un par de años la seguridad 24 horas.
De esta manera, la primera obligación de este guardia cuando llega cada día a las instalaciones, sobre las 7.30 horas, es la de desalojar de este punto a las personas que pernoctan en él. Los días de entre semana apenas le toca apremiar para que se marchen a un par de personas, lo que suelen hacer de manera pacífica. Pero los fines de semana, cuando cesa la actividad en el centro, la plaza es tomada por estos indigentes: «Cada lunes te encuentras con ocho nueve, nacionales y extranjeros, ocupando la rampa, entre cartones, colchones y maletas, y no nos queda otra que despejarla porque la necesitamos para que nuestros usuarios accedan». Ahí surgen, en ocasiones, conflictos con algunos de ellos.
«Siempre hay algún conflictivo que te hace la puñeta y no te queda otra que llamar a la Policía», expone, subrayando que en ocasiones la zona está impracticable por la cantidad de basura, incluyendo restos acumulados de diversos tipos, ya sean de comida, aseo, enseres o fecales. «Hay espacios como los parterres y las barandillas que las limpiadoras del centro no tocan, porque tienen pipís y excrementos, y no nos queda otra que esperar a los servicios municipales de limpieza», señala. Pero esto puede ser hasta cierto punto esperable cuando estas personas no cuentan con la posibilidad de acceso a un baño público.
Peleas entre ellos
«Además, tenemos que soportar las peleas entre ellos; recientemente hubo un enfrentamiento a botellazo limpio y las manchas de sangre estuvieron ahí una semana», relata por su parte Lucía, vecina de la calle Torres, calle salón ubicada a la espalda de este centro. «Como es un punto recogido, lo utilizan habitualmente como baño», clama, remarcando, además, que en ocasiones también orinan o defecan desde el refugio que varios se han procurado bajo el puente de la calle Mare Nostrum, sobre la calle Huerto Pomares y a varios metros de altura. «Entendemos que muchos tienen una situación vital muy complicada, pero nosotros no tenemos por qué soportar este incivismo», concluye Lucía.
Colchones en el espacio bajo el puente de la calle Mare Nostrum con Huerto Pomares donde se pernocta.
(Cedida)
Por su parte, los dos presidentes de las juntas municipales que se reparten el entorno aseguran que están muy encima de la situación. Así, José Burruezo, del Distrito Norte, asegura que «se hacen limpiezas habituales»; al tiempo que explica que, aunque no se ha permitido la formación de un asentamiento como tal, «seis de estas personas pernoctan de forma estable», alguno incluso con una tienda de campaña que monta y desmonta. «Hay gente que se suele comportar», subraya, pero también reconoce que es difícil lidiar con individuos en situación de calle que en ocasiones tienen problemas de adicciones o patologías mentales sin tratar y que no van a desaparecer si no tienen donde ir.
Así, más allá del debate sobre si se cuenta con los recursos sociales necesarios para atender a este tipo de personas -que es el único enfoque que permitiría probablemente resolver el problema-, destaca Burruezo que muchos de ellos no están dispuestos a acceder a los mismos por su rechazo a someterse a ciertas reglas. Vida en los márgenes no es fácil para nadie.

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Enlace de origen : Vecinos del barrio murciano de San Andrés claman por el incivismo en las inmediaciones del centro de salud mental