
Un club como el Real Murcia es tanto una oportunidad envidiable como una responsabilidad gigantesca. Y más en Primera Federación. El equipo siempre va a … tener el ascenso como objetivo y más cuando la próxima será la decimotercera campaña seguida fuera del fútbol profesional. A la exigencia se une una necesidad siempre complicada de gestionar tanto por el club como por la masa social. Pero eso no espanta a los entrenadores más jóvenes. Más allá de perfiles más curtidos, en el Enrique Roca también han tenido sitio preparadores pujantes, que sin superar los 40 años han afrontado el reto. Sergi Guilló, de 35 años, es el último ejemplo. Pero hay más.
Precisamente, el ilicitano vivió de cerca varios de esos precedentes. En concreto, fue jugador de José Manuel Aira y ayudante de Mario Simón. En el caso del primero, llegó al Real Murcia en 2014 con solo 38 años. Venía de dirigir al Racing de Ferrol tras haberse retirado en el Lugo. Llegaba a un equipo aún de Segunda y se mantuvo en el timón tras el descenso administrativo. Entre el trauma y la precariedad, el club encontró a un entrenador que se multiplicó para montar plantillas y hacerlas funcionar. El primer año, en el destierro del Grupo I, terminó segundo. Solo le adelantó un Real Oviedo diseñado para dominar y ascender.
Ya en el segundo curso, esta vez en el hábitat natural del Grupo IV, dirigió otra plantilla que durante varios meses parecía destinada a ser campeón de grupo. En ese equipo estaba Sergi Guilló, fichado procedente del filial del Elche. La experiencia iba a marcar la biografía del actual entrenador grana. El equipo volvió a disputar el ‘playoff’, pero otra vez quedó eliminado en la primera eliminatoria y Aira fue destituido a una jornada del final de Liga por el empeoramiento de los resultados. Pero tras un descenso tan doloroso, y con el fallecimiento de Jesús Samper a mitad de la segunda temporada, mantuvo a flote a un transatlántico en Segunda B.
El gran reto de Simón
Varios años después, el club vivió otro descenso. Y volvió a confiar en un técnico joven y con ganas de crecer como Mario Simón. Tras caer a Cuarta en la nueva Segunda Federación, el entrenador manchego llegaba sin haber superado los 40 años. Había sido un técnico precoz y ya había dirigido a clubes como La Roda, el Lorca Deportiva o el Socuéllamos. En ese momento entrenaba al filial del Albacete. El madrileño afrontaba el gran reto de su carrera y lo hizo acompañado por un Sergi Guilló que esta vez era su segundo en sus primeros pasos en los banquillos de fútbol. Juntos lograron lo que siempre es tan difícil: subir tras un descenso. Simón consiguió el primer ascenso del club en 11 años.
A la temporada siguiente, el rendimiento no decayó. En una Primera RFEF más exigente, mantuvo al equipo arriba y casi disputa su segundo ‘playoff’ consecutivo. Completó dos temporadas en el banquillo murcianista. Nadie lo había hecho desde Iñaki Alonso, entre 2010 y 2012. Otro entrenador, por cierto, al que tampoco le tembló el pulso en Nueva Condomina a pesar de llegar con unos 42 años. Era otro técnico al alza, que con el Real Unión de Irún ya había subido a Segunda dos años antes saltando a la fama por ser capaz de eliminar al Real Madrid en la Copa del Rey.
Esa línea invisible entre Aira y Simón es la que ahora seguirá Guilló, todavía más joven que ellos. «La valía de un entrenador no se debe mirar por la edad. Creo que hay muchos ejemplos en la élite. Fíjate en Iñigo Pérez, que se retiró hace poco y la carrera que ha tenido en su experiencia como primer entrenador en el Rayo Vallecano. Como el suyo hay muchos más casos. El fútbol ha cambiado mucho en los últimos años. Lo que valía hace tres o cuatro años ya no vale tanto. El juego va modernizándose y la edad es algo insignificante. Me considero un técnico joven pero capacitado para afrontar este reto», aseguró esta semana en su presentación.
De Velázquez a Adrián
Pero hay más precedentes. Más joven incluso que Guilló era Julio Velázquez cuando fichó en la 2013-14. Con todavía 31 años, el salmantino llegaba al club tras haber dirigido al Poli Ejido y al Villarreal, tanto al filial como al primer equipo. Fue la última temporada del club en el fútbol profesional y antes del mazazo del verano de 2014 la afición soñó por todo lo alto con un equipo que contra todo pronóstico se metió en el ‘playoff’ de ascenso a Primera División. Fue el técnico más joven de la categoría y a base de estrategia y de encontrar el sistema táctico idóneo convirtió al Murcia en el cuarto mejor equipo.
Años más tarde, la fórmula se repitió con Adrián Hernández. Camino de los 38 años, dio el salto desde el Churra hasta el equipo con más historia de la Región. Era un año de modestia económica, pero el técnico no tuvo complejos y siguió su hoja de ruta habitual. El equipo fue de menos a más y sacó rendimiento a muchos jugadores. Ganó la Copa Federación, eliminó a un Segunda como el Racing en la Copa del Rey y la finalización prematura de la competición por la pandemia dejó a medias la posible remontada para llegar al ‘playoff’. Incluso más atrás en el tiempo está la figura de Pepe Mel, que se hizo cargo del equipo en su retorno a Segunda División con 37 años. El banquillo del Real Murcia exige, pero no asusta a los entrenadores más jóvenes.

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Enlace de origen : La juventud funciona en el banquillo del Real Murcia