La ensayista Mercedes Monmany (Barcelona, 1957) cuenta en ‘Algo quedará de mí’ (Galaxia Gutenberg, 2026) la historia de diez heroínas de la Resistencia en el … campo de Ravensbrück (Alemania). Fue el mayor campo de concentración de mujeres del III Reich, un lugar siniestro que frenó las ilusiones vitales de la etnóloga Germaine Tillion, la dramaturga Charlotte Delbo, la joven aristócrata Anne de Bauffremont-Courtenay, la brigadista Lise London, la estudiante y sobrina del líder de la Francia Libre Geneviève de Gaulle; la activista Margarete Buber-Neumann; la periodista checa, y fiel amiga de Kafka, Milena Jesenská; la monja rusa, miembro de la Resistencia francesa, Marie Skobtsova, santa de la Iglesia ortodoxa; la espía británica Violette Szabo y la poeta polaca Grażyna Chrostowska, ejecutada vilmente con tan solo veintiún años. Solo cinco de ellas sobrevivieron. Monmany, próxima invitada del Aula de Cultura de LA VERDAD y la Fundación Cajamurcia, recordará este miércoles 10 de junio sus trayectorias en una sesión que comenzará a las 19 horas en el auditorio de Caixabank en Gran Vía de Murcia, 23, con entrada libre.
Monmany, crítica literaria muy interesada en la historia, viene a Murcia encantada de reencontrarse con tantos amigos como los catedráticos de la Universidad de Murcia José María Pozuelo Yvancos y Pedro Luis Ladrón de Guevara. Este libro es una idea «muy personal» de la autora, en un intento por representar la diversidad y la pluralidad de la Resistencia en todos los países europeos, principalmente la francesa, pero también habla de la polaca y alemana, «aunque hubo resistencia al Tercer Reich en todos los países», insiste. «Los nazis, que eran una maquinaria criminal e infernal, se encontraron estas resistencias, fue algo insólito, porque no se esperaban a este gente que saboteaba las líneas férreas, que pasaban a la gente a través de las fronteras, que ayudaban a los militares que venían desde Londres y que los tiraban en paracaídas, hacían de gente de enlace, de espías… había una gran diversidad».
Sobrevivir al horror
«Me interesaba cómo estuvieron en la Resistencia antes y luego proclamando verdades que muchas veces no se querían oír incluso después de la guerra»
Mercedes Monmany
Autora de ‘Algo quedará de mí’
Las historias de las mujeres de la Resistencia están siendo ahora rescatando en todos los países, y Monmany se centra en diez de ellas, por sectores. «Quería representar la pluralidad, tan importante en nuestros días en una sociedad tan polarizada y egoísta, pues estas mujeres luchaban contra un enemigo común, contra Hitler, y había de todo: comunistas, católicas, liberales, socialdemócratas… Había mujeres de todo tipo de pensamiento, con un enemigo común clarísimo».
Portada de ‘Algo quedará de mí’.
(Galaxia Gutenberg)
Todas estas mujeres que formaban la Resistencia, como decía André Malraux al acabar la guerra, eran un ejército de sombras. «El papel de las mujeres no siempre había sido valorado», anota Monmany, quien recuerda que cuando termina la II Guerra Mundial el general De Gaulle inicia unas condecoraciones a resistentes, a «compañeros de la liberación», y otorga 1.308 a hombres y sólo 6 a mujeres.
«Esta cifra hoy nos hace sonreír, porque las mujeres estaban en todas las redes de la Resistencia, con un papel o con otro. Había que hablar, y yo lo hago en este libro, de valores: del valor de la resistencia, del valor de la generosidad de gente que entregaba la vida por un ideal». Muchas de ellas no estaban organizadas, no formaban parte de un Ejército convencional, repara la autora, que dedica un capítulo, por ejemplo, a una espía que fusilaron con 23 años, la británica Violette Szabo. «En estas mujeres había un impulso que les hacía integrarse en la Resistencia», remarca. «Al día siguiente de la capitulación de Petain, cuando dice que los alemanes pueden ocupar Francia, De Gaulle emite un mensaje por la radio de Londres y dice que Francia no se arrodilla y que la lucha continúa, y a partir de entonces van aumentando los grupos».
La generosidad de olvidarse de la propia vida es un valor que destaca Monmany en este libro, puesto que a los miembros de la Resistencia que eran capturados por los nazis les esperaban las prisiones, las torturas, la deportación, la muerte… «Eran un impulso que podría parecer enloquecido, puesto que no era ir a una manifestación, sino unos momentos muy graves en las democracias de Europa, y ellas representaban la conciencia de una humanidad entera que había perdido el rumbo. Como todos sabemos se habían construido campos infames, se perseguía a las personas por ser judíos, por su raza, se les exterminaba, se les mataba como animales, y se les degradaba, porque ese era el objetivo de las deportaciones, a un estado inferior al de los seres humanos, en un intento de animalizarlos».
La generosidad de olvidarse de la propia vida es un valor que destaca Monmany en este libro, puesto que a los miembros de la Resistencia que eran capturados por los nazis les esperaban las prisiones, las torturas, la deportación, la muerte…
Monmany escoge diez mujeres de un campo que erigieron los nazis para 130.000 prisioneras. Fue construido en 1939, y específicamente para mujeres. Es una selección simbólica, explica la escritora. De esas diez mujeres, las cinco supervivientes contaron lo que habían vivido en Ravensbrück en libros y dando conferencias, asociándose, yendo a los juicios, publicando, comprometidas con la memoria. «Había sido todo una experiencia de terror inimaginable porque no se conocían estos campos destinados a humillar, a degradar, a tratarlas en experimentos… todo esto sedimentó en cada una de ellas de una manera».
Proclamar verdades
Para la escritora fue capital, y está en el inicio de todo, un libro que leyó por casualidad en Francia, en la habitación de una fundación en la Provenza, titulado ‘Ravensbrück’, una descripción de una antropóloga, Germaine Tillion, que describe absolutamente cada detalle. «Recuerdo algunas frases que se me quedaron grabadas, cuando volví a España investigué sobre algunos de estos casos humanos particulares. Me interesaba cómo estuvieron en la Resistencia antes y luego proclamando verdades que muchas veces no se querían oír incluso después de la guerra».
Mercedes Monmany.
(Virginia Carrasco / Colpisa)
La periodista checa Milena Jesenská, conocida sobre todo por ser la novia y traductora de Kafka, «fue una mujer muy valerosa», subraya Monmany, pues ayudó a refugiados, participó en la Resistencia de forma muy activa, y al final fue deportada: «Ya estaba débil de salud, y acabó muriendo en Ravensbrück». Una joven princesa, de la que más le costó encontrar detalles, Anne de Bauffremont-Courtenay, murió con 25 años en el campo: «Podía haber tenido una vida entre algodones, de lujo, haberse casado con alguien, y no dudó en integrarse y luchar. Historias como estas son las que más me entusiasmaron». Dos jóvenes poetas, hermanas de 21 y 22 años, fusiladas en el campo Ravensbrück, ¿qué sentido tenía esto?, se pregunta Monmany, convencida de que hay una serie de valores que hoy no se pueden perder. «Estas mujeres se olvidaron de su propia suerte para luchar contra Hitler, y se convirtieron en conciencia de la humanidad», recapitula la escritora.
Monmany recuerda al pensador francés Georges Bernanos, que estuvo en la Guerra Civil Española y fue muy criticado al volver a Francia, como sucedió con Chaves Nogales cuando decía que se asesinaba en las dos partes, cuando dijo que «el amor y el honor es un impulso, o se tiene o no se tiene». «Y había gente que tenía esto, la dignidad y el honor, el instinto de luchar contra las injusticias, pues había otros que miraban para otro lado y otros que se conformaban. De hecho, la mayoría que se conformó pensó que luchar contra un ejército y contra una maquinaria bélica, policiaca, con las SS que eran unos torturadores, era imposible… y dieron por segura la invasión nazi y no se integraron en ninguna red de lucha en la Resistencia. Sartre dijo que no podíamos engañarnos, que la Resistencia fue cosa de unos cuantos valientes porque había mucho terror. De modo que hablar de todo esto es hablar también de todo un mundo de libertades, de justicias, de derechos humanos en Europa, de los que ahora gozamos».
Hay que recordar, anota Monmany, que las batallas bélicas en la Segunda Guerra Mundial fueron ganándose por los aliados poco a poco, «y con la intervención de la Rusia de Stalin por supuesto, pero toda la labor diaria de desgaste, de sabotaje, de impedir que avanzaran, que más allá de volar puentes, de espionaje, de vigilar las radios… todas esas labores que individualmente parecían más insignificantes, en conjunto también se unían a las acciones bélicas de forma muy importante, y participaron lógicamente muchas mujeres, que estaban en todos los grupos», incide.
Otros poetas desaparecidos
«Hasta empezar a leer los testimonios de muchos de estos miembros de la Resistencia al nazismo yo no sabía que la muerte de García Lorca había impactado tantísimo en toda Europa»
Mercedes Monmany
Autora de ‘Algo quedará de mí’
Monmany cita a Grażyna y Apolonia Chrostowska, las dos hermanas polacas, una poeta y otra periodista, con veintipico años y asesinadas. En el último capítulo del libro aparecen mencionados igualmente muchos otros escritores que corrieron la misma suerte. Incluso hay un recuerdo para Federico García Lorca: «Hasta empezar a leer los testimonios de muchos de estos miembros de la Resistencia al nazismo yo no sabía que la muerte de García Lorca había impactado tantísimo en toda Europa. Todos los poetas de esos momentos, el que más o el que menos, le dedica un poema a la muerte de García Lorca».
En ‘Algo quedará de mí’ aparecen, de hecho, publicados los últimos poemas de Grażyna. «El miedo acecha el corazón. Nostalgia, nostalgia…», escribe Grażyna en Ravensbrück el 18 de abril de 1942, unas horas antes de ser ejecutada. Un año antes, en la cárcel de Lublin, tras ser detenida en 1941, confesaba en el poema ‘Yo vagaría’ sueños felices: «Seremos felices, sentados a la mesa de madera, y hablaremos unos con otros, al final de un día de invierno…». ¡La guerra nunca fue buena!
«Hay que preservar Europa como espacio de libertades»
Monmany insiste en que Europa es un espacio de libertades que hay que conservar, y, de hecho, en su obra ha persistido sobre esta misma idea. «Sí, he escrito sobre los exilios, sobre las literaturas de los campos de concentración para simbolizar que Europa es capaz de lo mejor y de lo peor, de construir campos, de ser un espacio de muerte y de guerras, pero también de lo mejor, y yo procuro quedarme con esto, y yo tengo un pensamiento optimista y positivo», admite.
Margarete Buber-Neumann da las gracias, de hecho, por haber encontrado en Ravensbrück a una buena amiga, Milena Jesenská. «Y planean un libro sobre los campos.Pero fallece Milena Jesenská, y por eso he titulado el capítulo de Margarete ‘La testigo’, porque ella es testigo de los dos campos, tanto los nazis como los soviéticos. Cuando después de acabar la guerra, ella se hace una defensora de la causa de la verdad, que la verdad era que los dos campos, soviéticos y nazis, eran lo mismo, el objetivo era la destrucción de los seres humanos, tratarlos como esclavos, humillarlos, despojarlos de toda humanidad, animalizarlos hasta límites terribles e insospechados… pues decir eso no se podía decir en muchos ambientes, porque se reconocía la crueldad y la barbarie de los nazis, pero no la de los soviéticos. Al final, Margarete escribe este libro, ‘Prisionera de Stalin y Hitler’, publicado en Galaxia Gutenberg, y nunca dejó de tener ese papel, muy valeroso y con coraje, de testigo y de transmisora de la verdad. Hay una frase que me gusta de Germaine Tillion: «Nunca conseguirán que yo diga que es verdad algo que no es verdad». Y es así. Ellas se hacen militantes de la verdad», sentencia Monmany, rumbo a Murcia.
Una trayectoria excelente
Mercedes Monmany, especializada en literatura contemporánea, y europea en particular, ha merecido condecoraciones (es Chevalier des Arts et des Lettres de la República francesa, Cavaliere dell’Ordine della Stella d’Italia y Medalla de Oro al Mérito de Serbia) por sus publicaciones. Ha sido comisaria de exposiciones antológicas sobre grandes escritores universales (el Nobel de Literatura Isaac Bashevis Singer, el francés Julio Verne o G.T. di Lampedusa), ha traducido a autores como Leonardo Sciascia, Attilio Bertolucci, Francis Ponge, Valerio Magrelli y Philippe Jaccottet. Ha prologado y editado volúmenes de Álvaro Mutis, Margaret Atwood, Irène Némirovsky, Miklós Bánffy, Wisława Szymborska, Izraíl Métter, Gesualdo Bufalino, Borís Pilniak y Hugo Claus. Es crítica de ‘ABC Cultural’ y colabora en numerosas publicaciones españolas y extranjeras.
En 2015 Galaxia Gutenberg publicó su libro ‘Por las fronteras de Europa’; con ‘Ya sabes que volveré’ obtuvo el Premio Internacional de Ensayo José Manuel Caballero Bonald, y en 2021 apareció ‘Sin tiempo para el adiós. Exiliados y emigrados en la literatura del siglo XX’. Es una de las ensayistas españolas más reconocidas en lengua española.
Si quieren conocerla, este miércoles firmará ejemplares en el Aula de Cultura de LA VERDAD y la Fundación Cajamurcia. Puertas abiertas para todos los lectores.

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