El arte enlazó dos mundos separados por un océano. Entre los siglos XVII y XVIII, desde las tierras de ultramar llegaron piezas artesanales, metales preciosos, … objetos litúrgicos, joyas y pinturas. Constituyen un patrimonio «poco conocido», repartido por iglesias, conventos y museos, sobre el que ahora pone el foco el profesor de la Universidad de Murcia (UMU) Ignacio José García Zapata a través de una recopilación. Este estudio sobre el denominado arte virreinal forma parte de los trabajos preparatorios del congreso de jóvenes investigadores del barroco iberoamericano que en el primer trimestre de 2028 tendrá lugar en Murcia. El encuentro de carácter anual alterna sus citas a uno y otro lado del Atlántico. En 2027, la sede principal será Ouro Preto (Brasil), que pasará el testigo a la capital del Segura.
García Zapata, del grupo de investigación Cultura material, arte e imagen de la UMU, que dirige Manuel Pérez Sánchez, reconoce que la presencia de piezas hispanoamericanas en la Región resulta limitada en comparación con otros territorios, lo que, por otra parte, no merma relevancia a un legado con una rica historia detrás. Varios motivos lo explican. Señala a LA VERDAD el historiador del arte que, a diferencia de otras regiones como Andalucía o el norte de España, «el sureste siempre mantuvo unos lazos más prolíferos con el mundo italiano, como demuestra la llegada de maestros y obras de ese país, gracias en buena medida al tránsito marino establecido a través del puerto de Cartagena». También, la presencia murciana en América en las primeras décadas del siglo XVI fue más bien escasa, un fenómeno que, de alguna manera, vino de la mano de que, «como reino periférico con poca influencia en la corte, apenas contara a la hora de los nombramientos para ocupar determinados cargos de responsabilidad en la administración de las Indias».
‘Aparición de la Virgen de Guadalupe’, obra del pintor Senén Vila.
(Joaquín Otero)
Al fin y al cabo, eran las personas que ostentaban esos puestos civiles o religiosos las que como muestra de su estatus mandaban este tipo de piezas a sus lugares de origen. Y no solo a sus residencias familiares. También ha quedado documentado el envío de pinturas y alhajas «a parroquias y conventos con los que guardaban una estrecha relación, dotando así sus capillas y aumentando los ajuares de los templos, ya fuera por devoción, afecto o simplemente como demostración de la posición alcanzada» en el Nuevo Mundo.
El profesor de la UMU cita el ejemplo de Francisco Verdín de Molina, canónigo de la Catedral de Murcia, nombrado, primero, obispo de Guadalajara de Jalisco (1666) y, después, de Michoacán (1673). El prelado mantenía una «estrecha vinculación con su tierra» a través de sus hermanas, abadesas de las justinianas de Madre de Dios, adonde hizo llegar «un hostiario de carey con guarnición de plata y dos atriles con cabos de plata». También en el inventario de bienes de su sobrino Francisco Ferro y Verdín, prebendado de la Catedral, aparece «una cruz de oro con sesenta diamantes».
El profesor García Zapata, durante una conferencia en la Universidad Externado de Colombia, la semana pasada.
(LV)
Pero el arte virreinal conservado en la Región, explica García Zapata, se nutrió también de viajes a la inversa. Fue el caso del obispo Victoriano López Gonzalo, procedente de la parroquia de San Pedro de Cholula (en la actual México) y que recaló en la Diócesis de Cartagena en 1789. Al tesoro de la Catedral de Murcia cedió todas las alhajas de su oratorio particular, «entre las que cabe pensar que habría alguna pieza de su estancia en Nueva España». Entre sus donaciones a la Virgen de la Fuensanta, destaca una joya sobre todas las demás: la cruz pectoral de diamantes y esmeraldas de Venezuela, robada en 1977 y recuperada por la Guardia Civil en 2015.
La investigación del profesor de la UMU recopila una veintena de objetos artísticos de iglesias, monasterios y museos de Murcia, Cartagena y Lorca, principalmente. Además, figuran otros bienes conservados en templos vinculados al antiguo Reino de Murcia, como una excepcional custodia, una lámpara de plata y unas pinturas de Cristóbal de Villalpando, estas últimas hoy en la Catedral de Jaén, todo ello vinculado al envió de Juan de Ortega y Montañés, arzobispo de México y virrey de Nueva España nacido en Siles, una antigua población del reino. También en el templo de Santa María del Salvador de Chinchilla (Albacete) se conservan una importante pintura. García Zapata recuerda que, asimismo, existe un destacado patrimonio de arte hispanoamericano en manos de colecciones privadas.
Virgen de la Luz (siglo XVIII), que se conserva en Totana.
El historiador del arte, que también pertenece al grupo de investigación Andalucía-América, patrimonio cultural y relaciones artísticas de la Universidad de Granada, plantea la posibilidad de organizar una exposición en Murcia, coincidiendo con la celebración del congreso sobre el barroco iberoamericano, que reúna una selección de objetos procedentes de las culturas prehispánicas y de los virreinatos. La muestra sería una demostración de los vínculos históricos de la Región con aquel continente. «Serviría como elemento de reconocimiento e identidad entre ambas culturas, contribuyendo así a la integración y a la convivencia entre todas las personas que tenemos la lengua castellana como elemento vehicular».
Pruebas de esos lazos están presentes también en la creación artística. Recuerda el profesor de la UMU cómo a la Región llegaron, a través de donaciones, pinturas de las devociones americanas más populares, como la Virgen de Guadalupe (iglesia de San Juan Bautista de Murcia), la Virgen del Apocalipsis (basílica de la Caridad, Cartagena) o el Cristo de Esquipulas (colegiata de San Patricio). Autores asentados en Murcia también se inspiraron en estas advocaciones para algunas de sus obras, como el tríptico ‘Aparición de la Virgen de Guadalupe’ de Senén Vila, en el Museo de América (Madrid).

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Enlace de origen : El arte que enlazó Murcia y América